Se llama Tun

28 January, 2012 (06:29) | Xanfarin.com | By Xan

Se llama Tun.

Es la mujer de uno de los chamanes con los que empecé a trabajar hace ahora tres años. Tiene un sonrisa preciosa y siempre me ofrecía té verde durante las entrevistas a su marido. Muchas horas y mucho té.

Su casa, de ladrillos, está cercana a la ciudad y fueron una de las primeras familias en tener ordenador. Tun trajo al mundo doce hijos de los que viven siete. El mayor es un hombre de éxito en la capital.
Se casó con su marido cuando tenía 15 años, sobrevivieron juntos a la guerra, al opio y al hambre.

Murió a las ocho de la mañana del primer de celebración del año nuevo Lanten. Tenía 71 años.

A las once, con Tun enfriándose sobre el suelo de baldosas, visité a su marido acompañado del regalo ritual de rigor: una bolsa de arroz sin cocinar con algo de dinero dentro. Los funerales duran tres días y el dinero siempre es bienvenido; hay que alimentar a todos los asistentes y la economía doméstica sufre con las sorpresas.

Tun estaba vestida con sus ropas tradicionales, yacía  en el suelo, en el centro del salón/sala común, cubierta con el edredón con el que dormía. Una forma diminuta sobre la que se contruyó una ‘casa-espíritu’ de bambú para ‘contener’ su alma antes de exiliarla al infierno daoista donde aprenderá a ser ‘espíritu’, pagar por su karma y esperar a que su marido -o hijos- ahorren dinero para celebrar el segundo funeral que la llevará al cielo de sus ancestros dentro de tres años.

Es muy duro ver el cuerpo inerte de alguien a quien aprecias. Saber que es sólo forma y recuerdos en las mentes de aquellos que la rodean. Que jamás volverá sonreirte. Jamás volverá a hablarte. Que todo lo que te queda son tus recuerdos y algunas fotos. Que el vacío que tu sientes es nada comparado con el que sienten sus personas cercanas.

Los hombres no lloran en los funerales. Nunca. Mostrar efusividad provocaría que el espíritu de los seres queridos se quedase en casa, trayendo desgracias. Las mujeres, por el contrarío, gritan su dolor: las mayores guían el proceso logrando que todas terminen en un estado de histeria total. Es un espectáculo catárquico terrible. El dolor sin barreras, profundo, casi animal, de las mujeres y los semblantes de piedra con ojos sin expresión de los hombres.

Mi trabajo es documentar rituales. A veces se me rompe el corazón cuando tengo que sacar mis cámaras y empezar a hacer preguntas.

Mis ‘chamanes’ -sacerdotes daoistas- saben que los estudiantes tímidos no aprenden y esperan que pregunte sin cesar. Siempre responden a todo, con sumo detalle. Estando drogados por el opio. Borrachos por whiskey de arroz. Rotos por la muerte de la persona con la que han convivido durante los últimos 55 años. Mis preguntas siempre obtienen respuesta.

La vida y la muerte y los caminos entre ellas son su trabajo. Ahora es el mio.

Hay un momento en que como hombre puedes dar rienda suelta a tus sentimientos. Una trampa. Un truco. Consiste en dejar que tu moto vuele entre los campos de arroz, sin casco, dejando que el viento te arranque las lágrimas que tú no puedes dejar escapar. Es efectivo.

 

 

 

 

 

Mr. Lee

10 January, 2012 (09:33) | Xanfarin.com | By Xan

Mr. Lee ha venido a buscarme hoy.

Necesitaba dinero. Se ha vestido con ropa Lao elegante que guarda para las reuniones del Partido, reloj incluído. Ha caminado descalzo -para no manchar ni dañar sus únicos zapatos- hasta la carretera por el camino de cabras que lo separa de ella y ha esperado a que alguien lo acercase hasta el cruce principal, o quizá ha tenido suerte y lo han traído directamente, sólo puedo elucubrar. He visto el proceso más veces y suele ser así. Ha llegado a las 9:30 y es una persona que se levanta con el sol. Nos separan poco más de 30km. Las montañas tienen su propio ritmo.

Mr. Lee es un maestro de maestros. Un “sumo chamán” por decirlo de alguna manera. Un anciano. Mi relación hacía él es de respeto, agradecimiento y cierta decepción. Es un gran hombre. Una gran persona. Una que carece de ‘visión de clan’.

Su gran problema ha sido la tradición. Él es el garante de la tradición, de las ‘maneras’ de su tribu. Juez, jefe durante muchos años, miembro del consejo de ancianos, contacto local del partido… Su ‘problema’ es que usa la tradición como garante de su status quo: en el sistema tradicional él sería el jefe del poblado, de su clan, de todos los chamanes (que son sus estudiantes/hijos adoptados). En la realidad está muy sólo porque aceptar su autoridad es aceptarlo a él y su moral como dirigente de tu vida.

Mr. Lee tiene una casa enorme y 3ha de tierra (una para cultivar arroz, el resto para caucho). Es un hombre próspero que podría ser rico de tener una familia que trabajase sus propiedades. Es un hombre con el que es muy difícil vivir porque su código es muy estricto y ya nadie vive así: nadie quiere ser esclavo de nadie. No es un tirano, la vida, sencillamente, es mucho más fácil ahora en Laos. Sobre todo en las montañas. La tradición ya no (um…) es una cadena y si la usas como tal la gente sencillamente se quita la correa del cuello o la rompe. O sufre. Nadie dura como jefe en las montañas pretendiendo obligar a la gente hacer cosas que no quiere.

Su primera mujer murió por su adicción opio: fumó hasta matarse. Su adicción la llevó a vender todas las cosas de valor de la familia. Todas. Mr. Lee la vio caer en el abismo y morir en él. En sus rituales siempre hay opio para los demás pero él no lo consume. Su segunda esposa le abandonó. La guerra tomó el resto. Su hijo adoptivo se ha buscado otra casa en la que vivir. Su hija adoptiva se marchó a la casa de su marido porque éste no podía vivir más tiempo bajo el techo de Lee pese a que Lee se ofreció a aceptarlo como heredero.

Sólo hay espacio para un martillo cuando éste cree que todo lo demás son clavos. Muchos de sus estudiantes le dieron espalda hace tiempo en su camino a convertirse en cabezas de sus casas, maestros rituales con su propia voz y estatus. El mito de Urano devorado por sus hijos.

Lee se comporta como lo hacían los hombres de su tribu hace cien años. El tiempo ha pasado para los hombres como él. Es uno de expertos en ritual más reverenciados de la región: conoce todos los textos sagrados, todas las canciones, su tambor siempre tiene “los ojos abiertos” y dicen que puede elegir el sexo de niños mientras están en el vientre de sus madres, que puede hablar con serpientes y pájaros. Que los dragones obedecen su voz y sus palabras tienen poder. Un chamán en toda regla a los ojos de su gente.

Hoy necesitaba dinero para medicinas. Por éso ha venido a buscarme.

Hace unas semanas tuvo un accidente de moto: colisionó contra otro motorista. Ambos iban en la misma dirección, sentidos contrarios, ambos resultaron heridos, ambas motos dañadas. La responsabilidad fue compartida. El daño particular: en su caso el manillar se incrustó contra su pecho y costillas. Nada roto: tiene serios daños internos cuya seriedad no entiende. Y dolor. Mucho dolor. Necesita tomar dos pastillas al día durante varios meses para evitar daños mayores mientras su cuerpo intenta recuperarse. En Laos no te suelen matar las heridas: te matan las infecciones.

Los médicos son gratis, las medicinas no. Las pastillas, la tableta de pastillas, cuesta 50cts y dura cinco días. Diez céntimos al día marcan la diferencia entre vida y muerte para esta persona. Le quedaba una tableta empezada. El accidente llegó en un mal momento económico, como siempre.

Mucha gente le debe favores. Es la manera de hacer las cosas en las montañas, donde el dinero apenas existe. Durante mi última visita Mr. Lee pagó una deuda contraída hace veinte años (una piel de cabra perfecta para hacer tambores). Su deuda me permitió filmar como se contruyen los tambores de los chamanes. Probablemente el último tambor que se construya en la provincia: solo queda una persona con el conocimiento para ello (y es otro anciano). Mucha gente le debe muchas cosas a él. Cosas, favores. No dinero. El trueque lleva su tiempo. Todo tiene su ritmo en Laos.

Aquí no hay jubilación, no hay seguros, no hay créditos: hay hijos, hay familia, hay redes sociales.

10 euros para salvar una vida.

He dormido bajo el techo de Mr. Lee; me he calentado con su fuego; he comido de su comida; he bebido de su té, de su cerveza y de su whiskey de arroz. Hemos brindado juntos.

Le hubiese dado todo lo que tenía encima. No puedo: hay reglas, hay público. Mi juego es ahora el de los cabezas de clan: yo soy la cabeza del mio y tengo mis deberes y responsabilidades. He preguntado cuantas tabletas necesitaba y he redondeado la cifra. 10 euros, 100.000 kips laosianos. Es justo. Nada más y nada menos.

Me gustaría poder preguntar en el poblado cómo se percibe el accidente: usualmente son una muestra de que algo “no está bien”. Ancestros enfadados, espíritus que no protegen lo suficiente… la correlación en las culturas animistas se sustituye con causalidad. Y ésta tiene un componente cosmologico-social muy cercano. Tú tienes la culpa por activa o por pasiva de tu “suerte” (algo has hecho mal, algo no has hecho bien).

Los chamanes no deberían estar nunca enfermos, ni tener accidentes. En teoría. Es difícil librarse de un ‘premio’ que siempre ‘toca’ en países como éste.

Recuerdo que de niño veía a la gente santigüarse antes de salir de casa. En Laos, los días que me toca conducir,  me dan ganas de hacer lo mismo.

 

 

 

 

 

 

 

Futilidad y futuro en Laos

9 January, 2012 (03:28) | Xanfarin.com | By Xan

Si hay algo que Laos consigue con efectividad quirúrjica es aportarte la perspectiva vital necesaria.

Ku ha muerto. Ku era un tipo que empezó sacándome de quicio porque se metía en todas mis fotos y en todos mis vídeos. No lo hacía a posta, sencillamente estaba en todas partes intentando ayudar a todo el mundo. Decidí tomármelo con filosofía y con el tiempo se convirtió en un buen amigo.

Su nombre era Ku, pero yo le llamaba -en mi cabeza- Harpo por sus cejas pobladas, su gorro, su perenne gabardina atada con una cuerda y su parecido físico. Ku era pobre, lo que significa que su familia era pequeña y carecían de capacidad para trabajar la tierra. Pobre en un grupo étnico pobre en un país pobre te convierte en alguien que está un respiro por encima de la subsistencia. Era el hermano mayor y cabeza de familia -padre muerto- y las responsabilidades que tenía sobre sus hombros eran enormes: desde el día a día a la espada de Damocles de tener que organizar el funeral de su padre un año de éstos (costes -relativamente- enormes).

Ku acudía a todos los rituales ayudando a los chamanes y familia organizadora en todo lo posible: alcohol, tabaco y comida estaban asegurados -para todos los participantes activos- y al final del ritual recibía su pago en carne de cerdo. Su otro pago era en opio. El opio, junto a la comida, es gratis durante las ceremonias.

El opio es la medicina mágica de las montañas: quita el hambre cuando no hay qué comer, quita el dolor cuando no hay medicinas, quita la realidad cuando no puedes soportarla. Lo reciben los niños para que dejen de llorar por el hambre, los adultos para poder trabajar o para poder soportar el dolor resultante, los ancianos para poder morir sin sufrimiento, muchas veces, cuando ellos lo deciden. Es parte de la cultura local. Es la salvación de muchos en momentos puntuales y la maldición de demasiados para toda su vida: una vez adictos  el consumo es diario, tres veces por día como mínimo. Su precio, desde que el cultivo de caucho se ha impuesto en las montañas, es siempre creciente.

Ku sólo podía continuar su adicción participando en rituales, así que era la persona más activa del poblado. Su familia recibía el premio en banquetes y carne de cerdo, a cambio, los hermanos pequeños tenían que trabajar los campos y cuidar de la casa. Su casa era un desastre. Tanta miseria que te daban unas ganas increíbles de llorar por el mero hecho de ver cómo tienen que vivir algunos seres humanos. Ku era bueno. Con B. Tenía una mirada con un fondo increíble y un aura que pedía una oportunidad para demostrar su valía. Era una gran persona apreciada por todos a la que se invitaba a trabajar siempre que era posible. Solo hubiese podido hacerse un futuro: su familia y todas sus responsabilidades eran sencillamente demasiado.

La enfermedad y el opio se lo han llevado. Nadie oficiará jamás un segundo funeral por él.  El funeral que restaura tu cuerpo espiritual, rescata tu alma del infierno y manda ambos unidos a los cielos daoistas. Sólo hubo el funeral que se libra del cuerpo y expulsa el alma del poblado para que sea juzgada y encerrada en el infierno hasta que pague sus deudas (los chamanes la liberan en el segundo funeral, al menos tres añosdespués).

Morir sabiendo que dejas a tu familia condenada al hambre es algo muy difícil de afrontar. Vivir sabiendo que no tienes futuro no es vida.

Ku apenas hablaba Lao (sólo el idioma de su tribu), no tenía ningún tipo de estudios ni formación (incluso en las aldeas más remotas uno puede especializarse en algo: desde la cría de cerdos a la construcción de casas). Era el ayudante de todos. Un niño grande perdido que aparentaba mi edad pero tenía la mitad de años que yo. Gastado por el tiempo. Quemado por el sol. Ojos tristes pero siempre dispuesto a reir.

Lo echo mucho de menos. Añoro que me saque quicio cruzándose delante de mi cámara. Y recuerdo con mucho cariño cómo nos conocimos: quería saber mi nombre, yo era el primer extranjero que conocía. El primero que tocaba. Irónicamente, ni nick, Xan, que significa ‘pequeño’ -y ‘dragón’- en el idioma de mi grupo de estudio le hizo mucho gracia.  Llamarme ‘pequeño’ sacándole yo una cabeza y al menos treinta kilos de peso le arrancaba siempre una sonrisa.

Su cuerpo está ahora enterrado en la jungla. En el cementerio al otro lado de la carretera. Un espacio maldito donde tienes que refozar tu espíritu bebiendo whiskey de arroz antes de entrar. En una tumba que nadie cuida ni cuidará.

Los miembros de su familia se han vuelto mendigos. Los niños han sido medio adoptados por otras familias mientras el opio termina de llevarse a los adultos que quedan.

La vida es dura en las montañas de Laos. ”Vive fuerte muchos años” te desean cada año nuevo.

Aquí no hay espacio para los débiles.

 

 

Sobre huesos rotos y la fragilidad de la vida

6 January, 2012 (09:58) | Xanfarin.com | By Xan

Uno de los “chamanes” de mi poblado se cayó mientras cazaba en el bosque. El resultado es un pulgar roto. Desconozco si la fractura fue múltiple o sencillamente lo que ahora tiene por pulgar es el resultado de haber seguido trabajando a pesar de tener el hueso roto: el opio puede hacer milagros.

Su pulgar está inutilizado. Imposible usar las articulaciones. Colocar los huesos en su sitio y entablillar hubiesen sido una respuesta válida, más teniendo en cuenta que los médicos son gratis. El problema es llegar hasta ellos desde el poblado.

Las gafas que he traído han sido bienvenidas: casi todos adultos tienen problemas de visión por pasarse el día encerrados en casa preparando sus rituales o por pasarse el día en casa trabajando en telares a bordados. El 90% tiene al menos +1,25 mientras que el resto necesita al menos un -1,00. Necesitan gafas.

Hay un problema importante: las gafas identifican a los maestros en ritual -que pierden la vista escribiendo ideogramas chinos iluminados sólo con velas- y algunos adultos las desean por estatus, con el consecuente riesgo para sus ojos. Otro problema añadido es el riesgo a que por miedo a quedarse sin gafas la gente use dioptrias que no les convienen, empeorando su visión.

Son adultos: se les han explicado los riesgos. Es su responsabilidad. Traeré más gafas la próxima vez: es la única manera de minimizar daños colaterales.

Hay un tercero que fue una especie de ‘test’ por mi parte: saqué las gafas ante los hombres, negras y doradas, las doradas eran para las mujeres. Las mujeres no estaban allí… estaban cocinando. Evidentemente no vieron ni una :) Tendré que tener una reunión con la jefa de las mujeres para tratar el tema. Ha sido un pequeña decepción ver la despreocupación con que los hombres tratan a sus mujeres. Pero ninguna sorpresa: mi grupo étnico tiene una de las mentalidades más ‘capitalistas’ e ‘individualistas’ -desde el punto de vista clan- del Sudeste Asiático. Yo yo yo. Los hombres son como niños pequeños en este aspecto.

Es muy difícil poner a la gente a trabajar por el bien común. Las ONG’s han provocado que “esperen” a que les “resuelvan” los problemas. El puente que los une a la carretera se cae a pedazos y es una cuestión de tiempo que haya un accidente. Por ejemplo: yo cayendo al río al cruzar las maderas podridas en moto :) Están esperando a que se lo arreglen para que los turistas no tengan que cruzar el rio… Todos los hombres del pueblo juntos, poniendo un poco de trabajo, podrían arreglarlo en una mañana.

De hecho, podrían incluso hacer un camino en condiciones en lugar de estar condenados a usar el cenagal-torrentera que les une a la carreterra. Mal de muchos, consuelo de tontos. Falta visión de bien común. Falta visión a largo plazo. Falta socialismo en este comunismo político mezclado con un capitalismo muy agresivo en lo económico.

El único motivo por el que la gente manda a sus hijos al colegio es porque la generación de visionarios que aprovecharon la oportunidad que el gobierno de Laos ofreció a algunos individuos de minorías étnicas para estudiar en otros países comunistas (desde Vietnam a Cuba pasando por Alemania del Este) ahora es rica: desde sus puestos de poder en el partido han tenido un acceso envidiable al cambio de paradigma político y económico de las últimas décadas. Son el puente con el mundo; y con la capital del país, donde se cuece “todo”. La gente quiere  lo que vé: casas, motos, ropa limpia… casi todos los niños van ahora al colegio.

El primer guía turístico de la región es una leyenda viviente. Y un dinosaurio. Su empresa está condenada a la quiebra porque sin saber leer ni escribir, ni usar ordenadores, está perdiendo la mitad de un mercado cada vez más competitivo. La nueva generación de guías no sabe cómo sobrevivir en el bosque… pero los trekkings sólo duran tres días y los bosques están siendo sustituído por cultivo de caucho. Saben contratar páginas web, conectar con agencias de otras ciudades, ofrecer billetes de avión a bus… El negocio es mucho más complejo que hace una década cuando la electricidad funcionaba sólo en la ciudad de 9 a 18 con generadores. Hoy en día puedes caminar por la calle mayor enlazando WiFis y el poblado más perdido tiene paneles solares chinos para asegurar unas horas de luz tras el anochecer, radio y recargas para los móviles.

Aún así, un accidente puede arruinarte a ti y a tu familia. La gente tiene que decidir entre recibir atención médica o reparar el tejado antes de la época de lluvias. Entre dirigir un ritual y ganar lo poco que pagan por ello o ir a un hospital a que le enderecen un dedo de la mano izquierda. Por la derecha hubiese ido: es la que usa para escribir.

El mundo es muy diferente cuando tus decisiones pueden ser de vida y muerte para ti y los tuyos. Cuando un pollo es la única carne que probarás este mes. Cuando si estás débil, enfermas y no puedes trabajar,  tu gente pasa hambre. El mundo cobra sentido cuando ves comer un pollo a una familia en las montañas de Laos y lo pierde cuando compras tu kilo de pechuga cortada de un estante rebosante de comida en un supermercado en Europa.

Tu vida cambia cuando ésa familia te ofrece el corazón, el hígado y la cresta del plato principal… porque sólo hay uno de ellos y tú eres su invitado. Siento vergüenza ajena cuando veo a los turistas rebosantes de grasa rechazar la comida que les ofrecen en los poblados que visitan. Es humillante para la familia que ofrece lo mejor que tiene.

Por un lado siento que nuestra sociedad nos ha malcriado hasta el punto de volvernos enfermos (bulimia y obesidad mórbida en un mundo donde la gente se muere de hambre…tsk tsk tsk). Por otro, veo cada día lo que nuestra sociedad hace por nosotros: educación, seguros médicos, jubilación, redes sociales de apoyo… El precio de eliminar “lo salvaje” es eliminar parte de “lo humano”.

El beneficio es vivir dignamente hasta los 80 de media europea en lugar de los 44 de media que tenemos en Laos.

 

 

Primer día de lluvia en muchas semanas

4 January, 2012 (07:13) | Xanfarin.com | By Xan

Me había olvidado de lo que es la lluvia.

En mi vida ha brillado el sol durante muchas semanas seguidas: 27° a 32° durante el día con mínimas de 13° por las noches. Clima “invernal” ideal.

Hoy tocaba viaje en motocicleta que se ha pospuesto mientras el tiempo mejora. Ritual daoista -una ordenación- a la que acudo como invitado para ver como el niño se convierte en “espíritu” antes de ser considerado “hombre”. Un adulto. Es un rito de pasage que me encanta.

Whiskey de arroz, paquetes de tabaco chino y naranjas viajan conmigo como regalo.

De pasajera llevo otra resaca, recuerdo del encuentro con más amigos ayer por la tarde. Doy gracias al gobierno laosiano por cerrar los garitos locales por ley a las 12. Levantarse con cierta dignidad a las 7 con las mujeres cantando y los niños gritando sólo es posible gracias a ésto. El dolor de cabeza y el sabor amargo de la cerveza no desaparecen hasta bien entrada la mañana. Al menos es cerveza Lao -Beer Lao- con calidad cuasi teutona. El Moet Chandon de las cervezas asiáticas. Tiemblo de pensar en los brindis que se avecinan con el veneno transparente que bebemos en los rituales.

Mi casa para el próximo mes mola: mucho espacio y vistas a un jardín tropical con palmeras y árboles frutales. Me alegro de que hayan cubierto el estanque: era una fábrica de mosquitos. Hecho de menos un armario: es difícil explicar algunos conceptos. Vivo con gente que tiene la ropa que lleva puesta y perchas con una muda para cuando la lavan. Tienen su pantalón negro y camisa blanca para las cosas oficiales. Ya está. Éso es todo. Reconoces a tus amigos por su ropa, que es siempre la misma, como una seña de identidad. La ropa tiene vida social y pasa entre los miembros de la familia. Con la humedad local, la ropa en un armario olería a moho: está mejor colgada de una cuerda.

Estoy buscando profesor(a) de Lao; a poder ser alguien que haya residido en Vientiane para evitar coger el registro norteño en la medida de lo posible. Alguien barato :) Un guía local de trekking gana 12€ por una jornada laboral. Una cocinera se puede dar con un canto en los dientes si consigue 200€ al mes por una jornada de 6 a 22. La gente “vive” en sus trabajos en la mayoría de las ocasiones. Generalmente porque son espacios mejor habilitados que sus propias casas.

Laos.

Es otro mundo.