:: EL TRATO

Hace mil trescientos años uno de los últimos dragones pidió asilo en mi ciudad.
Que entonces no era una ciudad. Apenas era un fuerte en la cima de una colina.

La nieve abundaba y era amiga.
Y siempre sopabla viento del norte en invierno y viento del sur en verano.

El dragón se hizo una casa bajo la colina.
Y cuando faltaban unos días para celebrar que hacía un año de su llegada pidió una reunión con el Consejo, que era casi lo mismo que reunir a todo el pueblo.

En una noche blanca como la que hará hoy, hace unos mil trescientos años, propuso al pueblo el Trato.
Casi siempre es similar, todo depende del color del dragón a la hora de ofrecer y a la hora de pedir. Este era azul.
Pedía la sangre de alguien vertida en el suelo una vez al año. De una mujer. Joven.
Los azules siempre han sido muy clásicos.
A cambio ofrecia inmortalidad a las familias que suscribían el Trato y prosperidad para el pueblo. Lo clásico...

Yo no fui invitado esa noche.

Al cabo de unos días la hija de Pedro, el pintor, apareció muerta.
Hacía un año de la llegada del dragón.

A veces los veo pasear por las calles.
Por sus prósperas calles.
Hay cruces de miradas y saludos rápidos.

Eran pocos, y aprendieron hace mucho a no llamar la atención.
A veces se van por un tiempo. Pero siempre acaban volviendo.
Al menos para la noche de hoy.

Había muchos dragones hace tiempo, la mayoría terminó durmiendo bajo alguna colina.
Hoy habrá algún accidente, o alguien que estaba muy enfermo dejará de estarlo.
Siempre es diferente. Casual. Imprevisible. Sutil...
Tu hermana, tu prima, tu vecina, tu hija, tu compañera de clase...
Un trato es un trato.

Sigo viendo esos rostros por las calles.
Y en noches como la de hoy, si perdido en algún parque de la vieja colina acerco al suelo mi cabeza escucho roncar a un dragón.

Había muchos dragones en el pasado. Ahora todos duermen.