:: CUENTO DEL GATO NEGRO
Hace no mucho, en un granja perdida en mitad de las montañas
vivía una familia.
Eran felices. Vivían apartados de todo y de todos.
Una mañana cualquiera, de esas de tipo común, normalmente soleadas,
llegó un enorme gato negro por el camino del norte.
Y se quedó a vivir en la granja.
Los perros no se metían con él. Y los demás animales parecían
no sentirse adisgusto a su lado.
No arañaba a los niños si estos no le molestaban cuando quería
dormir. Y cazaba su propia comida, aunque aceptaba las golosinas que la madre
y los niños le daban de vez en cuando.
Pronto fue un elemento más de la granja.
Los días pasaron con ese devenir ligero de arena de reloj que cae sin
aparentemente agotarse nunca.
Hasta que una noche, por el camino del sur, llegó un mal.
No sabían que era. Pero sabían que era algo, y que era algo malo.
La noche se lleno de ruidos. De gritos. De lamentos. Pronto en los montes cercanos
dejaron de cantar los pájaros. De hecho, dejó de haber pájaros.
Y cualquier otro sonido de animales.
Por fin una noche el mal pareció darse cuenta de la existencia de la
granja.
Esa noche se enfrentó a algunos de los perros de caza de la casa. Y estos
no aparecieron al día siguiente.
La noche siguiente se escuchó una gran pelea en el cruce de caminos cercano.
Y desaparecieron los perros que quedaban. Tambien desapareció un caballo
castrado de labranza que huyo despavorido en la noche.
Al día siguiente encontraron algunos huesos del caballo en el camino.
Totalmente roidos.
Dejaron de pasar viajeros y la granja quedó del todo aislada.
El padre y los hijos mayores, entre los sollozos histéricos de la madre
y los demas hijos más pequeños decidieron coger algunas herramientas
de labranza y enfrentarse a lo que fuese que asolaba su hogar.
Tenian miedo. Y tenian motivos para tenerlo.
Al caer la noche escucharon como algo se acercaba aullando por el camino del
sur.
Era el ser que se dirigía a la granja.
Antes de que saliesen a su busca, el enorme gato negro salió corriendo
en dirección a la oscuridad. Y al poco tiempo se escucho una lucha.
Maullidos. Aullidos. Ramas rompiéndose.
Duró toda la noche.
Al amanecer llegó el gato negro magullado, con manchas de sangre seca,
muy maltrecho.
La siguiente noche, en cuando el sol se puso por el horizonte, volvieron a sentir
la llegada del ser.
El gato salió de nuevo a su paso. Y de nuevo pasó toda la noche
luchando.
A la mañana siguiente apareció en un estado lamentable. Medio
arrastraba una de sus patas traseras, y un ojo medio cerrado estaba lleno de
coágulos de abundante sangre.
Vendaron su pata y curaron sus heridas. Lo alimentaron. Y le dieron calor en
su sueño diurno.
Cuando escuché esta historia habían transcurrido siete días
desde la llegada del mal por el camino del sur.
El gato negro estaba lleno de cortes y apenas podía moverse. Cuando llegaba
la noche le costaba ya levantarse para enfrentarse a la oscuridad. Pero seguía
luchando.
La familia seguía cuidandolo durante el día.
Todo el mundo sabe que sólo un gato negro puede enfrentarse al mal que
en la oscuridad viene por los caminos del sur.