:: PARÁBOLA DEL SANTO HOCH

Un día el santo Hoch decidió hacerse agricultor.
Alzó una pira en honor de su dios y sacrificó 7 golondrinas en un fuego hecho con haces de paja de trigo. El humo ascendió a los cielos y agradó a su dios, que empezó a prestarle atención.
Hoch hizo surcos en la tierra con sus propias manos y grandes sufrimientos, gastó todo su dinero en semillas y plantó todos sus campos una noche de luna llena como era menester.
Al amanecer los pájaros acudieron y se comieron todas las semillas.

Hoch miró a los cielos y como respuesta su dios le dijo: "tienes que aprender Hoch".

Hoch pidió creditos y plantó nueva simiente. Y puso horribles espantapájaros sacados de sus pesadillas para que vigilasen su campos.

La semilla creció y verdeció los campos. Pero vino la langosta y se la comió.

Hoch miró a los cielos y como respuesta su dios le dijo: "tienes que aprender Hoch".
Hoch, arruinado vendió a su hija mayor a un mercader y con el dinero ganado plantó hierbas que las tribus paganas del norte apreciaban sobremanera pues las usaban para fumar.
La hierba floreció y la cosecha fue abundante pues las tierras del sur eran ricas en vida.
Pero las tribus paganas del norte se enteraron y vinieron en hordas y arrasaron la casa de Hoch, tomaron a sus hijas e hicieron fardos con las hierbas y huyeron con todo cargado en sus caballos como el viento a su norte.

Hoch miró a los cielos y como respuesta su dios le dijo: "tienes que aprender Hoch".

Hoch vendió a sus hijos como esclavos, y con el dinero resultante compró moreras que crió con cariño, cuando crecieron compró gusanos de seda que se alimentaron de ellas.

Pero los gusanos enfermaron y murieron. Y con ellos los últimos dineros del santo Hoch.

De nuevo miró a los cielos y como respuesta su dios le dijo: "tienes que aprender Hoch".
Desesperado Hoch alquiló a su esposa por los pueblos colindantes como si fuera una vulgar prostituta. Ganó de nuevo mucho dinero que invirtió en hacer multitud de canales que llevaban aguas a sus tierras.

Las inundó y en ellas plantó arroz.
El arroz germinó y su cantidad era suficiente para alimentar a una nación. Así que el rey de su pueblo se lo compró todo.

Antes de poder recogerlo una terrible tormenta rompió todos los canales. Y cuando ésta pasó, salió el sol y todo el arroz que había quedó angostado por el calor.
El rey enfurecido en represalia hizo colgar de sus murallas a la mujer de Hoch.

Hoch de rodillas, llorando, miró a los cielos y como respuesta su dios le dijo: "tienes que aprender Hoch".

Por primera vez Hoch se dirigió a su dios y humildemente preguntó "¿Qué tengo que aprender, oh mi Señor?".

Y su dios le respondió: "Que la agricultura no es lo tuyo, Hoch".