Hong Kong Girls
Mis niñas de Hong Kong se han vuelto a casa. Acabo de despedirme de ellas en la estación de trenes.
No había autobús y han venido en taxi desde su casa. Su tren ‘oficial’ estaba averiado y han tenido que coger otro que llegará tarde. Perderán seguramente su enlace en Dortmund. Y llegarán justo a tiempo de facturar en Düsseldorf. Con suerte. Alemania: rompiendo clichés día a día.
¿Cuántas veces puedes decir adiós a la gente a la que quieres? ¿Cuántas veces puedes acudir a un barco, un avión, un tren o un autobús, y decir a una persona que es parte de tí y de la que tú eres parte, adios? No un adios del tipo hasta pronto. Quiero decir: Adios. Te quiero. No sé si volveré a verte.
He vivido dos años con estas niñas increíbles. Hemos escrito una tesis -cada uno la suya :p- freak en antropología y compartido muchísimas cosas. Las dos últimas semanas han sido perfectas. Shirley siempre dice que nos llevamos tan bien porque nos fugamos del mismo manicomio. Es difícil de explicar, al fin y al cabo un diario es como un partido de futbol del que sólo escuchas la palabra ‘¡gol!’.
Mis niñas eran la parte ‘cuerda’ de mi vida. Gente con la que hablar de ‘ghost sisters’, ‘exchange’, chamanismo, guanxi o Alemania y los alemanes. Por ejemplo.
Ahora mismo sólo me apetece tumbarme en la cama y sentirme muy mal. Muy depresivo. Muy solo. No sé dónde está el límite. Cuando no soy yo el que se marcha, son los demás, y eso me está destruyendo cada día un poco. La parte de mí que son otras personas desaparece. Me desconstruyo y tengo que reconstruirme cada demasiado poco tiempo.
Soy el último de mi programa de master, todos se han vuelto a casa. No todos me importaban. Pero los que lo hacían -hacen- ya no están.
Luego, cuando me despierte, viviré en un mundo en el que dos personas a las que quiero están a un día de vuelo. Ya no habrá llamadas y una cena. Habrá mails. Las relaciones a distancia son Horribles.
La única cosa que me permite seguir ‘avanzando’ es pensar que si no lo hiciese no hubiera conocido a toda la gente a la que he dicho adios. Que no conoceré a la gente a la que un día diré adios.
Quizás un día, la parte de mí que algunas personas tengan y la parte de ellas que yo tendré será lo suficientemente fuerte como para que no haya más adioses. Para que cuando sople el viento del sur no vuelva a hacer las maletas. O no las hagan ellos. O las hagamos juntos.
Cielos. Las echo mucho de menos.
Voy a intentar estar en Hong Kong para el año nuevo chino. Coincide con mi ‘semester break’ y es una escala lógica para ‘hacerme uno’ con la región sur de China, protagonista de mi tesis doctoral. No tengo, ni he tenido la sensación de decir un adios definitivo. Es, como me pasó con Suecia, un hasta pronto.
Al fin y al cabo tardas casi lo mismo en ir a Hong Kong con un vuelo directo que en ir a La Comarca usando las líneas ‘low cost’.
