De Oca en Oca

Estoy de nuevo en Münster. Brilla el sol, e intento recuperarme del paso por ‘La Comarca’.

‘La Comarca’ es el Hogar. Ese sitio al que vuelves tras atravesar grutas plagadas de dragones, portar anillos únicos, y cantar canciones junto a elfos sentado entorno a hogueras lejanas.

Muchos libros están llenos de aventuras, aunque pocos te narran lo que ocurre -transcurre- entre una y otra. O antes y después de ellas. Casi ninguno habla de soledad, miedo o de los fracasos. De las rutinas, y de los días y de las personas grises.
La narratividad filtra de tal manera que al final sólo quedan las aventuras, las anécdotas y el contexto para ellas. El cerebro, que está muy bien diseñado, se olvida siempre de todo lo demás.
Sólo cuando has pasado por muchas cosas aprendes que una vida tranquila es algo maravilloso, y que las aventuras son más divertidas cuando alguien te las cuenta durante una cena. Rincewind, personaje de Terry P., mago y filósofo de sabiduría basada en la práctica realidad, entendería de lo que hablo. El aburrimiento es Maravilloso.
Me encanta ‘La Comarca’. Es bella, es tranquila, es segura, y es fácil. La vida es una cadena de trabajo duro, comidas/ cenas, vino y fiestas. Es un sistema predecible, y como tal contiene su encanto y su elemento de desesperación.

Por eso algunos, a veces, tienen que marcharse a buscar dragones y elfos.

En Casa eres fuerte y todo es fácil. Hablas el/los mismo/s idioma/s. Están el Hogar, la Familia, y los Amigos. Conoces el sistema y puedes predecir y no fiarte sólo de estereotipos o experimentos sociales del tipo acierto-error . Es el nicho ecológico natural. Si no eres capaz de prosperar en tu nicho, probablemente no lo harás en ningún otro sitio.

Ése, es uno de los secreto de La Comarca: No puedes marcharte de ella huyendo… tienes que irte, por ejemplo, a buscar elfos y dragones. Si huyes, si te marchas corriendo, estarás condenado a volver, y volver será una condena. Porque en el fondo no huyes de un lugar, huyes ti. Y en casa eres más tú que en ningún sitio.
Buscamos el misticismo y el misterio en sitio lejanos. Es un hecho ridículo intrínseco al ser humano. La gente occidental se marcha a oriente buscando secretos y reencarnaciones, y de oriente vienen a occidente buscando nuevas fes y la salvación de recién encontradas almas. Los niños y no tan niños aman los cuentos de hadas y los mundos mágicos donde perderse, y los adultos se pierden en aguas imantadas y los programas de Iker Jiménez.
Cuando viajas, todo es nuevo, maravilloso, impactante. Te sientes muy vivo y el sol brilla más. Si viajas lo suficiente, quizás hasta ese brillo sea real. Todo relato que se precie transcurre durante un viaje, generalmente con carácter iniciático tanto para aquellos que forman parte de él como personajes como para aquellos que lo hacen como observadores.

En el viaje estás libre de ataduras, solo, y obligado a avanzar contínuamente. Ésa es la base del viaje. Te expones al Cambio voluntariamente y te fuerzas a vivir con él, te vuelves vulnerable, adaptable. Y todo parece diferente. La vida es siempre percepción.
Los viajes son como una fragua en la que recibes golpes en forma de experiencias; te metes voluntariamente en fuego y acabas metido en aguas heladas. Al margen de su duración e intensidad, siempre sales de ellos fortalecido, incluso cuando crees que no es así. Siempre sales un poco más ‘forjado’.

‘La Comarca’ es un sitio donde vivir siempre, o el sitio al que volver cuando has destruído el anillo único y vencido el malvado de turno tras vivir mil aventuras. Porque es el sitio donde eres feliz. Porque es el sitio en el que estás completo. Porque por mucho que te creas diferente a los demás, los esquemas de tu cerebro y tus redes personales se han creado allí, y allí funcionan como en ningún otro sitio. Estás diseñado para desarrollarte en tu nicho ecológico.
Parte de lo que me permite adaptarme a casi cualquier sitio para vivir, es que soy FELIZ viviendo en ‘La Comarca’. Vivir lejos de ella crea un sentimiento horrible de pérdida que sólo días increíbles llenos de cosas nuevas y sorprendentes logran equilibrar y mitigar.
El precio de vivir lejos de Casa es que la vida, donde sea, está obligada a ser lo suficientemente interesante como para equilibar la balanza. Y es una balanza algo trucada, porque en Casa, se suele disfrutar de cada instante.

Esta vez, para mí, las nubes eran más bonitas, las montañas estaban más verdes, las chicas eran más bellas y la comida aún más deliciosa. Marcharme ha sido más difícil. No sé exactamente porqué. O quizás si.
Han nacido una media docena de crios en mi entorno, más algunos que vienen en camino. Y han muerto al menos una docena de personas conocidas, algunas muy cercanas. El tiempo transcurre. La vida pasa. Me he sentido muy VIVO estando en casa. Tan vivo como cuando estoy de Viaje.

Cuando me marche sin fecha de vuelta, lo hice buscando convertirme en Camino. Ser AGUA, que dice Bruce Lee en un anuncio de coches (he estado viendo bastante tele… sip).

Hay un lado oscuro de mí que ha Cambiado. Un acento más duro, un caracter menos paciente, cierta agresividad vital y necesidad de defender mi espacio personal (vivir en un país diminuto como Alemania con 80 millones de personas ayuda a ello). Hay una Consciencia brutal de ser usado por los demás, por gente que vive por encima de sus posibilidades a consta de consumir tus recursos personales -dinero, y sobre todo tiempo-. Creo que me he vuelto más físico y menos cerebral.

Llevo casi tres años luchando por abrirme espacio en otros nichos, y eso ha provocado que me salgan espolones y reflejos de defensa condicionados. Sip. Creo que me he vuelto algo más duro. Como los perros caseros que llevas unos días a la ‘guardería canina’ y acaban aprendiendo a defender su plato y comer cuando hay comida… es un sucedáneo de ‘dureza’ para niños bien que hacen cosas freaks allende los mares.

Por otro lado estoy despertando. Me conozco muchísimo mejor que hace tres años. Que hace uno. Que hace una semana.

Volver a casa ahora mismo, implica verla con mis ojos actuales. Unos ojos que saben diferenciar una gruta de Dragón de un agujero Hobbit. Aunque ese agujero te cueste una hipoteca de 30 años y el eco por la falta de muebles te siga los pasos durante años.

Volver a casa implica valorar todo lo que tengo en ella. Como cuando vienes de Lejos y te sorprendes al abrir un grifo -cualquier grifo- y que salga agua limpia que no tienes que potablizar. Aprecias este sencillo hecho cuando durante mucho tiempo has tenido que primero buscar y luego hervir agua, potablizarla con químicos y añadir hojas de té para poder bebértela; y ésa era el agua que tenías para beber durante el resto de tu día.
Cuando paseo por las calles de MI ciudad, cuando alguien románticamente escupe un gargajo en el suelo, o esquivo las cacas de perros vestidos ridículamente con gabardina, o veo -vivo- la vida transcurrir entre los mios… me siento casi Completo.

Añoro mi Casa. Además, sólo me quedan unos añitos de hipoteca para que sea mia-mia de verdad. Mi tesoro.
Añoro a mi Familia. Que siendo un número tan contable, es mucho más añorable.
Añoro a mis Amigos. Buenos, y suficientemente abundantes como para mantenerme ocupado con cenas y comidas durante el tiempo suficiente para que el mero hecho de pensar en volver a comer y/o beber me haya provocado sinceras náuseas.

Con ellos me siento como el “tio Gilito” del pato Donald, nadando entre monedas de oro en su cúpula fortificada.

Estoy de nuevo en Münster, Alemania. En mi Otra Casa. Y disfruto de un cálido sentimiento de añoranza. De alfileres en mi corazón que dolorosamente me hacen sentir vivo y feliz.

He vuelto a mi ‘Habitación Azul’, he desayunado con ‘La Chica de la Habitación Naranja’. Luego iré a perderme con la mountain bike durante unas horas antes de que anochezca y haré compras en el Aldi, el Plus, el Lidl, y el MiniMal… y llenaré la nevera. Me sentaré en uno de los sofás del salón después de cenar, y vaciaremos una botella de vino blanco dulce a la luz de las velas mientras la gente que vive en mi piso compartido -WG- en Münster se conoce, se reconoce, y crece un poco más cada día.
Si pudiera teleptransportarme, todo sería mucho más fácil.

Hora de centrarse!

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