Melancolía, divino tesoro
Aún estoy inmerso en la resaca de hiperactividad.
Cuando me marché a casa por unos días, llevaba un mes de espanto llenando mi cabeza de muchas cosas que aún no estoy seguro me sirvan para algo. Al llegar todo se convirtió en una vorágine de burocracia, comidas, cenas y vida social.
Así que ahora estoy descansando. Y mirando atrás, antes de lanzarme hacía delante.
Cuando estoy fuera de casa intento evitar todo lo que la recuerda. Adaptación total. Asimilación e imitación. El rollito de la antropología es fácil: mirar fuera y comparar con lo que hay dentro. Sin tomarte las cosas muy en serio. Es curioso que lo llamen profesión.
Münster es una ciudad de 300.000 habitantes, de los cuales 50.000 son estudiantes. Carece de industria, y su economía está basada en organizar y ordeñar concienzudamente a los visitantes académicos. Es una ciudad invernadero de académicos y burócratas.
Verde como ninguna. Llena de árboles, con el centro cerrado al tráfico. REconstruída totalmente tras la WWII, es “nueva” basada en la anterior. La población de bicicletas supera los 100.000 especímenes, y hay carteles orgullosos a la entrada de la ciudad que la definen como “Amiga de las Bicicletas”… que se traduce en que los dueños de coches, están condenados. Las bicis siempre tienen prioridad cuando una ciudad se suma a esta liga de locos.
Atraviesas la ciudad en 20 minutos de bici. Hay un lago con veleros, violencia cero y una sensación abrumadora de seguridad. No de estado policial… de sentirte Seguro. Puedes beber alcochol por la calle, en los parques, buses y trenes: es legal. Y puedes volver a casa tras hacerlo sin ningún peligro más allá del de congelación si te quedas dormido en algún rincón de esta ciudad-parque.
La policia es eficiente y muy borde, pero apenas hay. No hacen mucha falta. En otras ciudades alemanas basadas en la industria, la inmigración es un serio problema, y la pobreza campa por las calles. Pero Münster es una ciudad de estudiantes. Es demasiado cara para lo pobres, y demasiado académica para encontrar un trabajo ‘normal’.
Hay muchas fiestas todos los días, y la gente, aunque reservada y norteña, ofrece el beneficio de los inicios de semestre para abrirte espacios y personas. Entrar en una WG Party… y abre las puertas al Münster ‘auténtico’ (siempre queda la opción “Erasmus”).
Necesito unos días de tranquilidad para asentar el vértigo que me produce mirar hacía adelante. Unos días para pensar en lo que dejo atrás cada vez que me marcho. Y para decidir qué quiero delante.
Mi futuro es brumoso y cuesta arriba. Es un futuro de salmón.