Problemas

3 November, 2006 (05:05) | Personal | By Xan

Clasificar los problemas es importante. Si los colocas en el “cajón” correcto, muchas veces empiezan a dejar de serlo. A veces es una mera cuestión de percepción. A veces te dan ganas de estar “insured by Mafia: you hit me, we hit you”.
Los problemas deberían clasificarse por su solución: (1) directa, cuando no dependemos de nadie para resolverlos; (2) indirecta, cuando la solución afecta a otros y estamos vinculados o dependientes de ellos; y (3) irresolubles, cuando no la tienen, y hay asumir la realidad -o el pasado-.

Casi siempre somos responsables de nuestras vidas, y casi siempre somos la solución a nuestros problemas. Es muy duro saberse responsable. Y esos “casi” a veces dan ganas de irse de vacaciones para no volver.
Algunas personas para sentirse mejor necesitan que otras personas se sientan peor. La gente prefiere juzgarte, porque la posición de juez les pone por encima de los demás temporalmente. O criticarte, que es mucho más fácil que hacer de modelo… por eso en general hay tantos críticos y tan pocas cosas buenas.
No se puede cambiar la historia, si se tiene conciencia (un bien que empieza a escasear hoy en día) es mejor intentar actuar siempre de forma “correcta” que luego mirar el pasado y querer cambiarlo.
Tengo algunos problemas. Algunos con P.
Algunos atados a errores cometidos. Errores por ignorancia a veces, por el lado oscuro de la fuerza -que tira con fuerza- otros. También hay causas externas, de todo haylo.
1.- Una señora de 90 años que vive en un edificio restaurado de casi 200 en el casco medieval de mi ciudad es la responsable de que mi situación económica esté como está: Mal. En pleno siglo XXI esta señora aún se bañaba -es un decir- usando baldes de agua calentados en su cocina. Inundando mi casa que estaba justo debajo de la suya en el proceso. Ella ha sido mi Problema hasta que mis abogados, dos peritos, y varios trabajadores sociales la han convencido de las bondades de construirse un baño moderno como auto-regalo de cumpleaños. Aún tengo un juicio pendiente por los destrozos y las pérdidas de alquiler. La solución de este problema a implicado a unas 40 personas de cuatro ciudades diferentes, un banco, dos compañías de seguros, varios abogados, una empresa constructora, a la Cámara de la Propiedad y muy a pesar mio, a mi familia. Un año de problema que aún colea. Un año de problema que me ha desgastado muchísimo. Al menos la anciana tiene ahora un baño sufragado por el estado -tenía subvenciones por el rollo histórico y su edad y blah blah blah- y su compañía de seguros le cubre los gastos -no todos- por haberme amargado la vida. No todo iba a ser malo.
2.- Tres psicópatas han hecho que los últimos seis meses en ‘La Habitación Azul’ hayan sido ‘intensos’. Dos de ellos vivían aquí, y el otro se ha sumado vía tálamo al grupo. Hay cosas que deberían avisarse con antelación. Goteras en el techo, radiadores que no funcionan, esquizofrenia.
Uno se marchó tras asegurarse de que nadie se acordaría de él ni le echaría de menos; cuando cambias de país como de calcetines, es común convertirte en alguien -algo- así. Te protege de echar de menos a las personas que dejas atrás. No fue el primero, ni será el último. Le deseo futura consciencia y felicidad. Uno menos, y sólo quedaron dos.
Los otros dos se aburren y ya no se toman las pastillas de colores porque se sienten bien. Sentirse bien y estar bien no tienen porqué ser sinónimos. Con algunas enfermedades, ser conscientes de estar enfermos es parte de la cura.
Si se trata de desórdenes de la personalidad, esto es aún más importante. Nunca te curas del todo, porque tu personalidad crece contigo y cambia y se adapta. Nadie está “sano” todo el tiempo. Algunos no lo estamos nunca.
Este problema, si no degenera en portada de “sucesos” se solucionará con el tiempo. Los abogados no solucionan las cosas porque sean hábiles, las solucionan porque son caros. Después de pagar las costas de un juicio, la gente se vuelve mucho más previsora y dialogante.

Espero sinceramente que los dos últimos se casen. Y vivan juntos el resto de sus vidas. Les deseo una vida larga. Muy larga.

3.- Las ‘humanidades’ se hunden. Mi facultad es un desastre creciente. Estoy convencido de que de alguna manera los intelectuales de este mundo han descubierto la manera de escapar a un universo paralelo lleno de ardorosas colegialas japonesas y árboles frutales que dan sushi y helados; un lugar donde siempre brilla el sol y nadie intenta amargarte la vida. Aquí sólo se han quedado los profesores suplentes, que son sólo profesores porque la nota de corte no les permitió ser animadoras de water-rugby.

El futuro es un mundo mediocre lleno de gente uniformada con ropa de franquicia, soñando con fama efímera y belleza siliconada. Es triste que la universidad más interesante sea la de Harry Potter.

No se hacen muchos doctorados a lo largo de una vida. Hay que asegurarse de que ése que se hace es “el doctorado”. Después de cuatro años viviendo en un invernadero intelectual, será aún más difícil sobrevivir en el inframundo que se está gestando ahí fuera.

La solución es (1) marcharme a un país que no esté en crisis donde me quieran -academicamente hablando- o (2) esperar un comodín.

4.- Estoy Cansado. Vitalmente hablando. Estar cansado hace que no quiera hacer cosas. Que no tenga energías para meterme en cruzadas absurdas. Que el clima me tenga encerrado en casa y nuble mis pensamientos. Y me haya vuelto un pedigüeño emocional y necesite de abrazos.

Uno de los muchos motivos por los que esta vez he disfrutado tanto de ‘casa’ es que allí, por comparación, todo resulta increíblemente más Fácil.

El esfuerzo dedicado a solucionar mi vida, hace que no me queden energías ni tiempo para hacer las cosas que me gustan. Para dar rienda suelta a pensamientos felices.

Vivir en un mundo mediocre hace que se tengan sueños mediocres. Y en mi caso, que ahora mismo ni siquiera me apetezca soñar, sólo sentarme y buscar un mando a distancia con un botón que diga matarmatarmatarmatar.

Por lo demás bien, gracias.