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Todo por una camiseta…

Posted in xanfarin.com on November 19th, 2006 by Xan

Ayer noche pasé(amos) varias horas “parcheando” una mesa de mezclas Panasonic, un precioso AVID PRO, un par de monitores de rodaje, dos cámaras de vídeo, dos pantallas de plasma enormes, un proyector y un PowerMac. Todo ello conectado al canal interno de televisión de un hospital que celebraba hoy un congreso médico. Muchísimos metros de cable, muchísimos metros de cinta para fijarlo a suelos, techos y paredes. Y muchas cosas que organizar.

La idea: un congreso compuesto de ocho “forums” (mesas redondas/ debates). Cada “forum”, secuenciado y con un tema, atraía como invitados a unos cinco o seis doctores-especialistas-personos; más el presentador, todo un cachondo.

Las imágenes recogidas por las dos cámaras y editadas en “tiempo real” salían al canal de televisión interno del hospital para ser vistas en cada una de las televisiones que éste tiene en habitaciones y salas comunes. El hospital tiene su propio “canal de televisión”, cada enfermo puede sintonizar “el cable” y acceder a junto a la programación normal a este canal. Como se trata de un hospital católico, una de las mayores atracciones son las misas que orquesta el párroco local. Un proyector de cine y una pantalla gigante permitían seguirlo todo desde una sala enorme en una de las plantas anexas. Plus pantallas de refuerzo para la gente de las últimas filas. Todo ello completado con salidas a copia digital y analógica.

Hoy -ayer-, mientras amanecía, terminábamos de asegurar los detalles.

He pasado todo el día pegado a un trípode que sostenía una cámara de vídeo preciosa prestada, junto con el resto del equipo, por la televisión local de la ciudad.
Durante un día de trabajo he dejado de pensar en antropología y he sido “cámara” -y “fulltime-best-bitch-boy”- otra vez.
Mi espalda está literalmente destrozada, y me he dejado los ojos con un día de zooms, encuadres y barridos.
Ha sido una de las cosas más divertidas que he hecho en los últimos tiempos. Y está en el “top ten” de las cosas más “freaks”.

El aforo para visitantes era, plus-minus, de unas mil personas. Acompañaban al congreso talleres de salud y diversos stands repartidos a lo largo y ancho de los pasillos interminables de la planta baja. Podías jugar con prótesis de huesos o hacerte donante de órganos en menos de diez pasos. Las paredes estaban decoradas con una exposición de arte creado por los niños que están allí ingresados.

Mañana -dentro de unas horas- seremos noticia.

Me había olvidado de lo divertido que es realizar, jugar con una cámara de “verdad” y sentir el poder narrativo que otorga el “cine” y tener una cámara Enorme en el hombro.

Cosas a remarcar:

  • He conocido a “Titus”. Si eres “skater”, o hay alguno a tu entorno, probablemente sepas de quién hablo. Es el hombre del “millón de dólares”. Construido a sí mismo a base de golpes en las rampas, y dueño del emporio “Titus“. Esperaba encontrar una especie de gurú, pero se trataba más bien de un peterpan encantador, en la cuarentena con el pelo decolorado, y acompañado de su familia. No lo sé. El creador de Etnies tiene “aura”, esperaba algo así del magnate local, creador de tendencias, y modelo de “iwannabes”.
  • El premio al “tolín” del año ha sido para un “entrenador personal” que no sé cómo ha logrado, tras dar muchas muestras de protagonismo en todos los debates post-forum, organizar una sesión de “indoor aerobic” para la tercera edad al final del congreso. Este evento constituirá nuestros títulos de crédito: un tipo ¿brasileño? ¿argelino? que apenas sabía hablar alemán, con un micro, subido a la tarima, dando órdenes a los últimos visitantes. Todos ellos sexagenarios como mínimo haciendo “gimnasia”. Según pasaban los minutos -iban a ser sólo tres inicialmente- la edad les obligaba a (1) marcharse, (2) sentarse, o (3) buscar la ayuda médica más próxima.
    Surrealista es una palabra que se queda corta para describir la escena. La traca final llegó cuando el tipejo en cuestión intentó hacerse con clientela entre los (mejor dicho, las) asistentes supervivientes.El “entrenador personal” en cuestión era de fábula: Pelo largo medio rizado, pantalones tipo McGiver con cremalleras. Las llaves y un abrebotellas colgando de una de las trabillas del pantalón vía una cadenilla. Botas monteras con taconazo. Y para terminar la descripción, un polo de manga larga super ceñido a un cuerpo que hace quince años quizás fuese atlético. Los ancianos alemanes dieron lo mejor de sí, y las imágenes para los créditos parecen sacadas de un episodio de “The Flying Circus”.
  • Un niño alemán, parecido al Principito si éste hubiese llegado a cumplir la veintena, amenizaba los descansos tocando un piano de cola precioso.
  • Los elementos absurdos se sucedieron a lo largo del día: Una pareja de octogenarios que usaban el tango para mantenerse en forma (ancianos alemanes bailando tango… nonononono: es inimaginable). Un tipo que se había vuelto acróbata a los 47 años, y era capaz de bailar claqué usando para ello las manos reforzadas con unas chapas de metal mientras hacía “el pino” (im-presionante… llegó a “saltar” sobre una sola mano). Unas niñas de un colegio de monjas que habían montado un grupo -al menos la coreografía- de algo que denominaban “hip hop”. Un ex-alcohólico al que habían trasplantado el hígado que ahora predicaba a favor del sistema médico alemán (en plena crisis, ambos). Una chica ENORME que danzaba con muchos aros “hula-hop” y desafiaba las leyes de la gravedad y el buen gusto con una talla de pecho superior a 140. La lista es muy larga…
  • Nos han cortado la emisión abierta a las 16:00 para emitir una misa (La Misa de las 16:00)… Lalalala. A partir de ése momento nos hemos limitado a grabar el futuro dvd del congreso.
  • Como colofón a un día increíblemente intenso de trabajo la madre superiora nos invitó a cenar magdalenas y agua gaseosa. Gracias a los cielos había desayunado fuerte, porque no he probado bocado en todo el día. Alguien debería inventar una religión donde la comida sea realmente lo importante. Y me gustaría saber qué demonios come esa señora en la soledad de su refectorio… porque a magdalenas y gaseosas no se ponen noventa kilos.

Todo el día podría convertirse en un post aún más interminable. Las preguntas sarcásticas, los problemas de sonido, el caos con los micrófonos, la gente mayor alemana quejándose por todo de una manera muy ruda, la gente GORDA -especialistas con un Dr. delante del nombre- que daba consejos sobre cómo seguir una vida sana… lalalala

Aún me sorprende que se haya podido montar todo el “pifostio técnico” entre cuatro personas, teniendo en cuenta que una trabajaba sólo fotógrafo oficial (y metecabezas profesional en demasiados planos).

Al final, nos llevamos unos recuerdos imborrables (algunos necesitarán terapia), un DVD cuasi artístico necesitado de mucha post-producción, y una camiseta “única” (yo quería una de las muestras de fémur para trasplantes, o en su defecto una de las IDs para colgar del cuello de los V.I.P., que molaban un mazo).

Todo eso y el sueldo por horas. Que a diferencia de ciertas hermanitas de la caridad que se alimentan de magdalenas y gaseosas, algunos tenemos que pagar facturas a final de mes.