De amores y sexo

“The life of a sister-wife”.

Noticia aparecida ‘The Guardian’, y que ha dado lugar a muchas e interesantes conversaciones.

Maggi, who belongs to a Mississippi-based group of practising polygamists, wrote this account in an internet chatroom of her life as a “sisterwife” in one of the more extreme polygamist groups

“We all live in the same house. We have a bunk-bed double on the bottom and single on the top. Husband, first wife and the “ON” wife sleep on the bottom and the other two “OFF” wives sleep above. We find this very intimate as we all are sleeping in the same bed though on different levels and we can still feel and hear what is happening when sex happens in our bed.”

El artículo entero, y las fuentes en las que está basado, no aporta nada nuevo. Aunque le da un enfoque bastante personal.
La situación en sí, un hombre compartiendo tálamo con varias mujeres, es la fantasía de muchos hombres occidentales. En otras culturas, más ancladas en la realidad, pensar en tener a cuatro o más mujeres bajo el mismo techo -en la misma cama- es algo que se contempla con temor y admiración. Una cosa es un trío puntual, y otra vivir tu vida, las 24 largas horas, con cuatro mujeres. Sobretodo si las cuatro ya han acudido a los cursos especiales para amantes esposas.

Haciendo “espejo” de la situación… me resulta una imagen mental cuanto menos extraña. Me pongo “en el lugar” de esta chica, y me imagino a mí mismo en una cama de varios niveles, en la época del mes en la que no puedo disfrutar de los placeres de la carne con la persona que quiero, mientras comparto cama con otro de los esposos en mi misma situación (las manos sobre el edredón, no vaya a ser que nos “depravemos”). Mientras tanto un tercer esposo, en su semana afortunada, se “está beneficiando” a la única mujer del cuarto ante los ronquidos apacibles del marido “oficial”, que normalmente aprovecha los sábados para hacer lo mismo y puede dormir entre semana.
Espero que la cama sea grande, porque cinco personas son una multitud depende para hacer que cosas.

Supongo que si la mujer que está en la cama es Angelina Jolie, Brad Pitt no molesta demasiado, y los otros dos maromos son limpios y ordenados, algo se podría intentar. Pensándolo fríamente, son muchos sueldos metiendo dinero en casa -y me imagino en qué casa- y tienes una semana al mes para disfrutar de Angie tu solito (más o menos).

Llegados a cierto punto, como diría Groucho Marx, todo es cuestión de pactar el precio.
_____________________

El número de mujeres que un hombre tiene, suele ser una muestra de estatus en muchísimas culturas. Entre los Dani de Papúa, todo depende del número de cerdos que poseas (o que la gente te “deba”, el número de cerdos sobre el que tengas control, en definitiva). A más cerdos, más mujeres. Como las mujeres y los niños son los que cuidan de los cerdos, la relación número de mujeres/ número de cerdos, está concatenada y define el estatus del hombre directamente (y el de sus mujeres por extensión). En otras culturas la escasez de mujeres provoca lo contrario, y éstas son compartidas por varios hombres.

En Tailandia estaban las “esposas de alquiler”, mujeres con hijos que se convertían en esposas de facto de los marineros durante el tiempo en que estos estaban en una ciudad-puerto. Los hijos de ella, eran los hijos de él y le llamaban papá. Su casa era su casa. Cuando el marinero se marchaba, otro ocupaba su lugar. Algunas de estas relaciones duraban mucho en el tiempo, o “cuajaban” si el hombre decidía quedarse en tierra.

Occidente, en los tiempos modernos, vive y entiende las relaciones de pareja como un hecho romántico. En otros tiempos y en otros lugares, la lectura del matrimonio era y es muy diferente.

En la costa de Papúa, el rito sexual de iniciación de los jóvenes con las mujeres era terrible debido a que estos estaban acostumbrados desde niños a las relaciones homosexuales y las mujeres constituían un elemento extraño. De niños, tenían relaciones con hombres adultos, como pago de servicios contratados por su padre (muchas veces el sexo era con el padre de la futura “novia”), y luego como juegos sexuales con otros jóvenes.
El esperma, fuente de fuerza vital, debía recuperarse (ingestión) de otras fuentes cuando era “robado”, “perdido” o “donado”, lo que propiciaba que los escarceos sexuales fueran cotidianos: lo que te quitan hoy, tú lo recuperas mañana. La homosexualidad era tan natural que el hecho de enfrentarse al sexo con una mujer lograba traumatizar de por vida a estos jóvenes que veían la reproducción como un deber para con sus ancestros y su clan.

Mi compañera de estudios china, tiene dos años para enamorarse de algún brillante joven de Shanghai con estatus suficiente para ser aceptado por su familia de burócratas. Pasado ese tiempo, sus familia elegirá a un alguien capaz de aumentar el “guanxi” (redes personales) de la familia. Ellos pagarán una dote y ofrecerán a su hija; a cambio obtendrán la agenda social del novio y su familia. Jennifer, el nombre occidental de la chica en cuestión, acepta esta realidad sin ningún problema: es hija única y si no “crea” una familia su estirpe se acabará con ella. Y más importante aún, nadie cuidará de ella cuando sea vieja.

Comments are closed.