Sobre islas y sueños
Mi sueño es tener mi propia isla. Es uno de los pocos sueños que creo recordar haber tenido desde siempre.
Al principio era una isla de piratas, luego se volvió peterpaniana. Durante una temporada fue una isla retiro, y desde hace un año o quizás dos, es un sitio místico donde siempre brilla el sol y abunda el pescado. Y hay cocos. Muchos cocos.
Un tipo se ha construido su propia isla. Es una especie de “casa en el árbol” de adulto. Más bien una colección enorme de botellas de plástico vacías y cerradas, atadas, haciendo de “flotador gigante”. Es una mezcla entre pseudo barco y pseudo isla. Tiene buena pinta: arena, vegetación, hamacas… Supongo que placas solares para la electricidad y conexión a Internet vía satélite completarían un cuadro perfecto. No sé como llevará este diseño los tsunamis…
¿Por qué una isla? Quizás es una de las formas preferidas por el cerebro para fantasear con poder abandonar el mundo. Es un espacio limitado y controlable. Subjetivamente poseíble y protegido por un foso natural que es el mar, como los castillos clásicos.
Es más fácil sentirte el centro de todo cuando estás en una isla, sobre todo si es diminuta. Sucede algo parecido cuando estas en la cima de una montaña: perspectiva.
Todo el mundo se construye islas.
Algunas son más físicas que otras. Algunas nunca salen de la imaginación de sus dueños. Otras sí, y dan lugar a universos vivos que se convierten en islas para otros. Islas con elfos, con universidades invisibles, o mundos perdidos.
Casi todo el mundo tiene una isla, o un espacio en el que refugiarse cuando se mete dentro de su concha de consciencia.
Internet es un mar extraño, lleno de espacios únicos y muchas veces desconocidos. Las “nuevas islas” pasan desapercibidas para la mayoría del mundo, para otros -aún no como en Avalon- constituyen un modo de vida. La realidad empieza a superar a la ficción en muchos casos. Por poner un ejemplo de cómo están las cosas: Reuters tiene ahora un espacio oficial en Second Life. La tarea de los reporteros será cuanto menos interesante.
Hay gentes a lo largo y ancho del mundo que viven conectados a sus vidas virtuales, algunos de ellos con increíble éxito económico. La felicidad se encuentra a veces en lugares y momentos inesperados.
Los mundos virtuales tienen éxito porque tienen reglas conocidas, son espacios limitados, el riesgo físico y emocional es reducido y siempre se puede empezar otra partida. Además, puedes hacer trampas más fácilmente y con menos riesgos. Conozco a bastante gente que estaría encantada de “firmar” por vivir metidos en un mundo temático tipo “Matrix” donde ser un vampiro, un guerrero, o sencillamente un amodominadordelmundo.
Islas. Cada uno encuentra las suyas. A veces, esas islas son personas.
Siempre hay una isla en nuestras cabezas. Estamos diseñados así. Es importante reconocerla para saber dónde, cómo y cuándo encontrarla, y también aprender a evitarla. Las islas que nuestro cerebro diseña son como los diseños de luces calidoscópicas que aparecen tras nuestros párpados cuando cerramos los ojos. A veces hipnóticos pero siempre relajantes. Están creados para hacernos dormir; para hacernos soñar, a veces despiertos.
Mi deseo de marcharme a vivir a una isla, que tengo desde que soy pequeño, ya no es Tan fuerte. Ahora mismo, lo que quiero es irme a las provincias de Yunnan y Guangxi. Es lo bueno de hacer un doctorado sobre Asia… que estás “Obligado “a irte allí.