De regalos y demás parafernalias

Los regalos de Navidad suponen una oportunidad única para conocer a la gente que te rodea.

La manera en que recibes regalos te define: listas hechas al detalle, el hecho de no querer aceptar regalos, quejarte de ellos en público, cambiarlos, sonreír y meterlos después en el “cajón de los regalos”, usar la sutilidad para que todo el mundo sepa qué quieres… todo dice mucho sobre las personas.

Los regalos, per se, son en cierta manera un intento de catalogar a alguien. Son una etiqueta que te es impuesta: tú eres el regalo que recibes, eres/ son como la persona que regala te ve. Los regalos son magia vudú para hacer de ti por un momento lo que la persona que regala desea que seas. Ningún regalo es gratuito y ningún regalo es inocente.
Un ejemplo sencillo: el típico jersey de lana regalo de abuela o madre, o la ropa que regalan en su lugar, retratan demasiadas veces la imagen que desean construir con el regalo. Así es como les gustaría que fueses. Muchas veces concuerda con cómo eran los niños bien de su juventud. Las personas, al cabo de un tiempo, desconectan de la realidad y se mudan a sus memorias, que son más cálidas y acogedoras.

Un perfume, tan típico y tan impersonal a simple vista, es un regalo complejo: la persona regalada usará ese perfume -que le hemos elegido- una y otra vez. Estaremos en ella siendo parte de su nueva esencia. Definiendo su olor todos los días. Cada día nos consumirá un poco. Cada día seremos un poco más de ella. Si el perfume le gusta, se acostumbrará a él como a una droga y habrá sido gracias a nosotros… son un regalo con doble filo y muchísima significación.
Consejo de navegante: la mayoría de la gente elije los perfumes sólo por el olor; si la persona a regalar además de amiga es amante, sería conveniente probar además el sabor; hay perfumes que dan a los cuellos un sabor horrible.

Los regalos absurdos de decoración son aún peores. Son una excusa perfecta para “poner una pica en Flandes”. Para colarnos en los espacios personales de los demás y situarnos allí simbólicamente a través de ellos. Son la manera de estar en la sala de estar de alguien gracias, por ejemplo, a una figurilla de cristal de Swaroski.

Un juguete no es sencillamente algo para que el niño o la niña juegue: el juguete dicta a qué van a jugar. ¿Queremos que “jueguen a los médicos” o que se persigan armados con un rifle de ventosas?
Los regalos nos permiten “medir” el afecto de alguien por nosotros por la manera en cómo son tratados: si permiten que su gato los destroce sin protestar demasiado, mostrarán su desidia: en cierta manera somos lo que regalamos. Los regalos nos representan.
Si la persona que regala no “acierta” significa que no conoce lo suficiente a quien regala: falla construyendo la representación del Otro a través del regalo. La mayoría de la gente entra en el juego comercial de la Navidad porque desea comprar satisfacción. Porque necesita ser autoindulgente por unos días. Porque a veces el amor tiene que solidificarse a golpe de Visa para poder ser percibido. Porque estamos obligados a intercambiar regalos: es parte de la responsabilidad de recibirlos.

Hacer feliz a alguien es complicado y muy adictivo, y las implicaciones de los regalos son complejas.

Hay un motivo para regalar flores cortadas: terminan por morirse y con ellas nuestro vinculo simbólico con la persona a la que regalamos esos cadáveres de planta; este regalo no implica más responsabilidad que la de aceptarlo. Regalar una planta viva con su tiesto correspondiente, obliga al otro a cuidarla, a asumir responsabilidades -mantener viva a la planta- en el tiempo.
Por eso los bombones son un regalo perfecto: te los comes y desaparecen. Incluso puedes hacer que otros se los coman (compartir el regalo) sin que parezca que lo rechazas.

Ambos regalos son fáciles de ser emulados y devueltos. Y aún así son complejos: hay códigos de colores para las rosas muertas y una caja de bombones puede volverse metáfora de una vida.
En el pasado se regalaban cosas hechas a mano. Cosas que tardaban meses en ser construidas, tejidas o diseñadas. Hoy se compran hechas y se regalan a veces incluso junto con el ticket de compra para poder ser cambiadas al gusto. Sólo dar el dinero en mano recién sacado de la cartera puede superar tamaña impersonalización del regalo.
El porqué de la comercialización de los regalos es sencillo: Regalamos demasiado.
Regalamos Tanto que no podemos hacer un buen regalo; un regalo que sea la pieza del puzzle (cualquier tipo de puzzle) que le falta a la persona regalada. El regalo perfecto que implica conocer realmente a quien regalamos.

Un regalo caro calma la desilusión de no ser regalo deseado.

Mira tus regalos cuando los tengas y piensa en porqué te los han regalado. Hay una historia detrás de cada uno de ellos. Hay un tú definido en cada uno de ellos.

Mira tus compras y piensa en ellas y en las personas a las que van dirigidas.

La Navidad es necesaria porque crea un contexto en el que podemos meternos de una manera muy eficiente en la vida de los otros a la vez que los otros se meten en la nuestra. Rompe barreras y fuerza puentes, establece obligaciones y lazos. En definitiva, crea relaciones. Y todo ello dentro de un marco de “buen rollo”.

Ains. Curioso.

Al final, con el tema de los regalos, si quieres realmente algo especial… generalmente tienes que comprártelo tú.

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