Año Nuevo, vida nueva

Pasó la última noche del año. Y pasó de forma un tanto caótica…

La verdad es que no sé si el Año Nuevo nos encontró bajando -corriendo- las escaleras a la calle o lanzando fuegos de artificio al cielo. Creo que olvidé comentar que un elemento imprescindible de Año Nuevo en Alemania son los fuegos de artificio…

La “noche” empezó a las 20:00. Previamente habíamos ido recibiendo visitas fulgurantes que traían (1) cestas de comida (2) utensilios de cocina. Pero todo estaba listo/ empezó a las 20:00.
Nos juntamos seis personas para cenar, con un menú “campestre” basado en fondues. A fuer de decir la verdad, sólo logramos acabar con la mitad de la doble fonfue de carne (los “carníboros”) y verduras (las “her-víboras”).

La típica ensalada alemana de patatas de entrante, los jalapeños de “entre platos”, los panes de ajo y cebolla, y todas las botellas de champán hicieron que la “pausa” en la cena para brindar con un cocktail de naranjas descuajaringadas a golpe de mortero, cachaza, azúcar de caña y cava, nos hiciese pasar a los postres sin muchas protestas. En estos lares se come bastante menos que en las pantagruélicas cenas de Nochevieja de La Comarca.

De postre: tiramisú, champán y fundición de plomo.

El tradicional “Bleigiessen” llevó mucho tiempo tiempo. Al final, la creación casera de quemadores Bunsen, de llamas increíblemente azuladas, facilitó fundir las figuritas originales de plomo y verter la colada en los vasos preparados al efecto.

El resultado, ciertamente extraño, produjo formas totalmente alejadas de los estereotipos clásicos, dando lugar a oráculos un tanto arcanos. Así que sencillamente interpretamos que el año 2007 va a ser un año imprevisiblemente BUENO, o quizás no. Que para eso es un oráculo.
La calle, a medioanoche, rememoraba los ataques aliados de hace 60 años. Explosiones, llamas, marabunda de personas buscando fiesta. Espectacular.

Alejados del centro, la gente sale a la calle armada con bolsas de cohetes y explosivos variados. Supongo que es una de esas cosas que hay que vivir para poder entender.
Fontanas de fuegos, cohetes “voladores”, cartuchos de cuasi-dinamita, bolas que estallan al lanzarlas contra el suelo, bengales de señalización, y las espectaculares “cajas” secuenciadas de 20 cohetes super potentes que estaban de oferta y todo el mundo parece que había comprado.
Cada grupo de personas con un “set” de guerrilla (el nuestro tenía 26 cosas para hacer estallar) y botellas de champán. Una mezcla bastante peligrosa, teniendo en cuenta que hay mucho descerebrado suelto: los bomberos y ambulancias fueron -son- parte de la fiesta.
Después de nuevo a casa, más cócteles, chupitos de Xuxu, cava mezclado con Xuxu… Y fiesta punk-rock.

Me hubiese gustado ver amanecer, pero el clima era Horrible.

A la vuelta, tras un frugal desayuno a base de ensalada de patatas sobrante aliñada con cadáveres de marisco, hemos dado por iniciada la rutina para el 2007.

Como colofón y resumen: mis primeras “navidades” realmente alemanas han sido caseras y entrañables.
Después de dos años y medio, puedo decir que tengo un “segundo hogar” en Münster.

Mola.

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