Historia de una vuelta
Posted in Personal on March 1st, 2007 by XanTodo empieza con un trayecto en coche al aeropuerto, 40 kilos de cosas y comida en dos mochilas, y una salida tardía que llevó a decidir en un momento determinado si merecía la pena ir o no ir al aeropuerto. Hubo una apuesta por intentarlo.
Xan: Aún faltan 62 kilometros…
Pater: Aún quedan 20 minutos para que dejen de facturar.
Llegamos tarde a facturar.
Acababan de cerrar el mostrador y tuve que rogar por favor que me dejasen volar. Influyó que sólo llevaba una maleta encima (la otra aún seguía en el coche) y sobre todo que el avión llegaba con retraso.
Mi equipaje no fue pesado, y un técnico increíblemente amable lo llevó directamente al avión. Que salió con Retraso.
Un retraso que me permitió subir a bordo, pero que me hizo llegar 10 minutos tarde a mi autobús de enlace con Colonia.
Dos horas de vuelo. Una familia de madre gringa y padre teutón plus unos niños gritones me rodearon todo el tiempo. Jugaron entre ellos a un juego de cartas basado en características de coches de bomberos.
Deberían haber hecho santo a Herodes. Niños de voces increíblemente agudas ganado o perdiendo a las cartas. Padres consentidores. Dos horas… y retraso en el vuelo. Al menos la compañía nos invitó a bebidas por el retraso.
Esos 10 minutos me obligaron a esperar CINCO horas en el aeropuerto de Frankfurt hasta el siguiente autobús.
Tic tac tic tac… vamos a imaginar todos juntos cinco horas de espera en un aeropuerto alemán. En invierno. Con un carrito con maletas ¿He dicho que eran cinco horas? Tic tac tic tac.
El autobús, también salió con retraso. Cliché totalmente erróneo: puntualidad germana. Es un mito.
Evidentemente, el autobús llegó a Colonia con retraso. Perdí mi tren directo por NUEVE minutos.
Si buscamos la definición de frustración, creo que mi cara en ese momento debería estar anexada a la entrada del diccionario.
Era el último tren, directo o no, que llegaba hasta Münster, mi ciudad.
La llegada por carretera a Colonia desde Frankfurt te permite agobiarte a conciencia si llegas tarde mientras miras el reloj y te paras en cada semáforo. Hay muchos. Alemania es el país del mundo donde más tiempo vital pierde una persona esperando en los semáforos.
Cogí el siguiente tren, que me dejaba en una ciudad cercana (30km). Ya he pernoctado algunas noches en Colonia… y siempre es mejor, en caso de tener que pasar la noche, elegir una estación de trenes rural, coqueta y tranquila donde no dan avisos por megafonía para decirte que vigiles tus maletas por si los robos.
Cliché erróneo: Alemania es segura. Nunca me han robado tanto y tantas veces (ropa, bicis, un horno…).
Vamos a dejar transcurrir dos horas en un agradable tren con alemanes bebiendo cervezas (es legal consumir alcohol en casi cualquier sitio), después de mover 40 kilos divididos en dos mochilas por medio país. Tic tac tic tac. Dos horas.
Ahora es ya la 0:30AM del siguiente día. Estoy en una estación perdida de la mano de dios. No hay enlaces hasta las 5:30AM. Los nueve minutos de retraso del autobús me dejan tirado otras CINCO horas en una estación de trenes sin calefacción.
Cinco horas compartiendo banco con una vagabunda alemana que se tenía que embeber para poder dormir y que se caía sobre mi cada vez que se dormía. Con las uñas de luto y las manos mugrientas. Oliendo FATAL. Con su vida en metida en dos bolsas llenas de cosas extrañas y una botella de algo que en otras culturas se usa como combustible.
Cinco horas pasando Frío; aterido en una estación de trenes. Con un reloj enorme que no quería avanzar y una FIEBRE galopante.
A las seis de la mañana del día siguiente al de mi partida. Con diez horas de retraso sobre agenda. Llegué a mi casa.
El viaje tenía programados 40 minutos de margen para coger la maleta y subir a un autobús que está a doscientos metros del aeropuerto, y disponía de 20 minutos para cruzar paseando los 10 metros de carretera que separan la estación de autobuses de la estación de trenes de Colonia.
Márgenes amplios. Generalmente no tengo ningún problema con este trayecto. Es largo, pero viajo de La Comarca a Münster por sólo 50€ -incluyendo vuelo, bus y tren- y tengo tiempo para consumir libros.
A las 20:00 del día que salí de casa debería haber estado cenando tranquilamente en casa tras unas horas de monótono viaje y una ducha de agua muy caliente. En este tiempo, podría haber llegado a Nueva Zelanda.
La fiebre, despertada en la gélida y solitaria estación de trenes, me dejó sin energía durante otros dos días.
Nota mental: nunca nunca nunca te sientes delante de un reloj enorme de estación de tren mientras esperas a que transcurra una noche. El tiempo se relativiza y se estira como un chicle demasiado masticado.
Nota mental II: junto a la recomendación de no viajar en Domingo en Alemania, sumo la de hacer rutas alternativas: siempre siempre siempre prepara rutas “de huida”.