Brilla el Sol= Excursión
Estoy Muerto.
Hoy ha sido la primera salida del bicicleta del año. Unos 60 kilómetros, como siempre llenos de peripecias y “ya lo sabía yo”.
El domingo tuvo una pausa de cinco horas para dormir entre una fiesta en el AMP y la salida en MTB.
90 kilómetros de tren , un café expreso y medio litro de batido de proteína después, empezó el pedaleo.
1ª Parada: Palacio de Neuhaus. Sencillamente espectacular. Uno de los palacios barrocos mejor conservados (ahora es una Realschule… otro día hablamos del sistema edcativo alemán) y más bellos de la región.
2ª Parada: “Liborious Hailwasser”. “Hailwasser” es un termino utilizado para referirse a agua de manantial con propiedades naturales (=”curativas”). En realidad, es mucho mejor que depender para la ingesta diaria de líquidos de sólo cerveza. El agua mística de manantial es un aporte “especial” a algunas dietas basadas en carne ahogada en salsas, verdura asesinada por cocción y demasiada cerveza.
3ª Parada: Externsteine. Intento fallido. Las fotos y el post sobre este sitio místico y mítico otro día. Me quedé a cinco kilómetros…
El día fue PRECIOSO. Perfecto para perderte por una bicicleta por las montañas: cantidades adecuadas de barro y charcos, mucha luz, ninguna nube y una temperatura de unos 12º.
Los mapas forestales cuidadosos y actualizados, y las marcas continuamente revisadas de los caminos, hacen que Alemania sea un paraíso para el ciclo-turismo.
En mi caso, si quiero montaña necesito una hora y media de tren para poder acercarme a unas tristes colinas de 400-600 metros de altura. La única montaña cercana (montaña= al menos 1.000 metros) está a tres horas de tren.
No hubo Extersteine porque hace unas semanas tuvimos un Huracán cruzando Alemania… en las ciudades las cosas ya están arregladas. En las cimas de las colinas, los cientos de árboles partidos aún cortaban los caminos.
Con dos horas de luz aún por delante, decidí darme la vuelta por la incertidumbre de qué podría encontrar… lo que conocía era barro hasta las orejas y bicicleta en el hombro para pasar por encima de cientos de árboles caídos. Mejor malo conocido que noche durmiendo en los bosques de Caperucita Roja (literalmente… hablando)
La última hora logré avanzar poco más de un par de kilómetros y fue extenuante. Estaba en la dorsal de una colina (camino forestal) y mi sombra se proyectaba sobre la colina contigua, con una desnivel picado entre ambas de unos doscientos metros. Precioso. Y teniendo en cuenta que en cuanto dejas las cimas y te metes en bosque la luz desaparece. Peligroso si se hace de noche a las 18:30 y estás rodeado de ramas rotas apuntándote como lanzas y precipicios.
De vuelta a la “civilización” pregunté por “mi camino” (los caminos están marcados por flechas y códigos y de noche ya no se ven ni unas ni otros…) me confundieron con un militar anglo afincado en la base militar de Münster… lalala
La indicación fue más o menos: ¿Ve usted (Sie alemán…) esa calle oscura sin luces que no se ve a donde lleva? Sígala hasta el final y luego 10 kilómetros a la izquierda.
La vuelta clásica: dos horas pedaleando a oscuras, perder el último tren directo en el último minuto porque una anciana y su taca-taca ocupaban la escalera de acceso a mi andén (= dos trenes y tres horas para hacer un recorrido un tren y 1h30′)… y llegar muerto a casa.
Pero muy Feliz.