Alquila una esposa…
O varias.
He descubierto la solución al invierno del Norte: ¡el matrimonio!
En mi caso me decanto por una madurita morbosa y aventurera llamada Manuelle; estoy un poco saturado de pusilámines rubias teutonas.
Una esposa en alquiler sale más barata que tener una en propiedad: con lo que te ahorras en cenas, regalos absurdos y alguna escapada loca, pagas de sobra el alquiler de tu nueva esposa; 350€ al mes no son nada por una cocinera, secretaria, doncella francesa, dominatrix al antojo y esclava sexual a tiempo completo.
Cuando (que no, si) te aburres, la cambias.
Hacen descuento a polígamos… Es el momento de casarse: ahora o Nunca!
Luego puedes irte de viaje de novios. El sitio da igual, lo importante es volar.
Y en cuanto estés felizmente casado, es el momento de buscarte un cyber-amante (sencillamente genial… ).