¡Viva la Inquisición!
La noticia es:
“…carta firmada por Joseph Ratzinger fechada en mayo de 2001, en la que se ordenaba a todos los obispos que dispusieran las medidas necesarias para mantener en total secreto las investigaciones que involucraban a sacerdotes en abusos sexuales de menores…”
La carta de marras (en latín) está alojada en la web del Vaticano. Viene a decir que los “problemas de casa” se resuelven “en casa”.
“Problemas”, en este caso, se refiere a los casos de asuntos sexuales y delitos de pedofilia cometidos por miembros de la iglesia católica. Según la carta “casos de esta materia son secreto pontificio” y tienen un “secreto de sumario” de 10 años, que en caso de ser roto puede implicar la excomunión (adiós al paraíso y a tropezarte con tu dios…).
La carta y sus implicaciones directas, puede ser considerada en España, desde el punto de vista jurídico, cercana al delito de encubrimiento según el art. 451 del código penal. (Link)
Según la noticia del “The Observer”, el Papa católico tendrá que asumir una demanda por obstrucción a la justicia en un caso de pederastia.
Joseph Ratzinger presidió, desde 1981 hasta convertirse en el actual Papa, Benedicto XVI, La Congregación para la Doctrina de la Fe, sucesora de la antigua (1542) “Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición”, que ya había sido renombrada en 1908 como “Sagrada Congregación del Santo Oficio”.
La antigua “Santa Inquisición” se lavó la cara hace mucho tiempo. Pero hay mugre que nunca desaparece.
La Santa Inquisición Española (Inquisitio Haereticae Pravitatis Sanctum Officium), o “Santo Oficio”, fue fundada por los Reyes Católicos en 1478 para dejar las cosas “claras” entre los cristianos bautizados.
La Inquisición estaba bajo mandato real, y era el órgano jurídico que canalizaba y ejecutaba las directrices de monarquía plus iglesia, mutuamente sustentadas.
Aunque “sólo” tenía potestad sobre los cristianos bautizados, fue el órgano perfecto para “reprimir” a judíos, moriscos, protestantes y cualquier otro elemento discordante: desde herejes a brujas pasando por cualquier cosa contra naturam (homosexuales para empezar). Amén de ser un atajo legal increíblemente efectivo para “quitar del medio” cualquier obstáculo político o económico que hubiese pasado por una pila bautismal.
Durante el reinado de Felipe V se quemaron 728 personas, condenadas por la Inquisición a la pena capital. Se estima que unas 150.000 personas fueron juzgadas por este tribunal eclesiástico a lo largo de su historia.
La “decadencia” (perdida de poder directo) del “Santo Oficio” fue paulatina. En 1834, bajo el reinado de Isabel II se “abolió”.
La “inquisición auténtica”, bajo poder de la iglesia católica nunca fue abolida: sigue “funcionando” y se llama La Congregación para la Doctrina de la Fe; mientras la presidía como “supremo inquisidor”, Ratzinger firmó la cartita de marras.
Así que tenemos una carta que llama a encubrir bajo pena de excomunión los delitos de índole sexual cometidos por agentes de la iglesia… Menuda novedad.
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En la “misma línea” un obispo afirma desde la web de la Conferencia Episcopal que “las innovaciones en nuestra sociedad” (sic) como el aborto, la anticoncepción, el divorcio, la homosexualidad, y la eutanasia son afirmaciones del egoísmo. Claro… las acabamos de inventar. Son de un “moderno” brutal. Y la gente que pide la eutanasia unos egoistas. Ains, ¡qué cruz!
Y el obispo de Tudela que pide el voto de la “gente de bien” para la Falange (punto .8). Sip… para la Falange.
Lo dicho… ¿Menuda novedad?
Qué cruz…