Vende tu casa…
Dijiste que no pensabas volver nunca. ¿Por qué no vendes tu casa? Salda tu hipoteca y usa el dinero para vivir como una persona normal.
La frase cobra fuerza y significado cuando es tu madre quien la dice.
La lectura es profunda:
1.- Asunción de una realidad que ha tardado cuatro años en hacerse un espacio: cuando me marché de Casa no era para volver al cabo de unos meses.
Cada vez que me iba a algún sitio lejano de vacaciones sabía que un día me marcharía sin billete de vuelta. Ese día llegó hace unos años. El billete a Uppsala, Suecia, era sólo de ida. Ahora mismo estoy en mi escala “münsterener”. Habrá otras escalas más o menos próximamente. Y como ésta, durarán años. Mis visitas a casa en la próxima década serán eso: visitas a Casa.
Mi casa está alquilada. Es mía. Mi tessoro…
Tardé dos años en restaurarla. Las luces tenían potenciómetros. Las persianas motor. Había conexión de red en todas las habitaciones menos en el baño. Había detectores de movimiento para que la luz del pasillo se encendiese al entrar en casa o al pasar por él, ajustados para tamaños superiores al de mi gata. Cada espacio tenía un color único y sólo repetible por el código exacto de mezcla de colores.
La diferentes personas que han vivido en mi ella desde que está en alquiler la han ido “destrozando”. Mientras en Alemania los que alquilamos solemos mejorar las casas en las que vivimos, en España alquilar tu casa es condenarla a vejaciones.
Los últimos rompieron los muebles del baño: mi propio diseño de muebles hechos a mano en roble. La anterior “pareja”, de ¿Ecuador? (al final eran una docena los empadronados en mi casa) dejaron la casa llena de imagenería religiosa católica clavada o pegada a mis paredes (adiós a los colores…robaron hasta los botes de pintura de reserva para “retocar” daños).
Una pareja de “artistas” con niño-monstruo incluído rompió casi todos los mandos de la instalación eléctrica que no eran “normales”. El motor de las persianas fue semi-desconectado porque se había convertido en el nuevo juguete del monstruo-niño. Espero que un día ese niño ultra-consentido crezca y haga justicia poética con sus padres.
La vecina del piso de arriba, una anciana vitalmente perseverante, inundó mi casa repetidamente. Mi edificio fue construido el siglo pasado. Su casa no fue renovada nunca… sus baños con “cubos de agua caliente”, en la cocina, una vez cada varios meses eran la causa de mis “inundaciones” periódicas.
Lo malo es que causó daños por muchísimos miles de euros que una panda de incompetentes contratados por mi compañía de seguros tardaron un año en reparar. Aun estoy a un juicio de recuperar todos los daños.
Lo bueno es que fue la excusa legal perfecta para expulsar de mi casa a la legión de santeros ecuatorianos.
En la administración de mi ciudad casi me llamaron “mala persona” por pedir que “des-empadronaran” a toda la gente que se había domiciliado en mi casa para exigir ayudas sociales como residentes; encima recochineo.
Amo mi casa. Está construida en un edificio centenario en el corazón de mi ciudad. Venderla, además de constituir un error económico brutal (se revaloriza cada día, sólo me quedan ocho años de hipoteca y el alquiler paga sus gastos propios y los de mi casa en Münster) cortaría la posibilidad de volver a La Comarca: a día de hoy es una locura “meterse” en una casa. Y las casas “accesibles” están más cerca de la periferia de otras ciudades que del Centro de la mía.
Mi Casa es mi comodín vital. Esté donde esté, siempre tendré mi Casa: un sitio mio al que volver. Aunque para hacerlo tenga que pasar otros dos años reconstruyéndola. Es parte de la historia de mi ciudad y parte de MI historia.
2.- Rechazo de mi “tipo de vida”. Evidentemente si le cuentas a tu familia que el primer martes de cada mes sale a la calle a “recolectar basura”… es normal que deseen para ti una vida “normal”.
Supongo que en casa se piensan que vivo en una mezcla de “Sodoma y Gomorra”, construida en cartón de embalaje, con las suficientes comodidades básicas para “engañar” a las jóvenes nórdicas con el fin de meterlas en mi tálamo. Quizás piensen que las embebo primero para no ver los bajos del puente en el que me cobijo. Desde el punto de vista materno soy un “depravador” y nunca podré ser considerado una “víctima”.
Dado que se supone que soy “listo” se da por supuesto que aprender es algo sencillo que sucede sin ningún esfuerzo: llevo un año de retraso para dominar el alemán (dos años son “suficientes” en mi casa para cualquier idioma) y mi doctorado es algo que debería hacer mientras tengo un trabajo “serio”. Serio es algo que implica corbata y que la gente te trate de usted.
Los doctorados en el norte de Europa son algo “serio”, al menos hasta que el nuevo sistema europeo de estudios los conviertan en el chiste que ahora son en España. En mi casa, un doctorado es una excusa peterpaniana para poder seguir accediendo a fiestas universitarias sin “dar la nota”.
Razón no falta, pero puestos a profesionalizar el vicio, dilapidar mi fortuna personal, y perderme en una vida disoluta, viviría en un país más nórdico que Alemania (=menos gente, más medios y comodidades) y 100% protestante.
¿Qué es vivir normal? Mi vida en Münster es “normal” para Münster.
Últimamente podría incluso tacharla de “monótona” desde una óptica local. Comparativamente, todo se vuelve “monótono” con el tiempo.
¿Normal comparado con la vida en la Comarca? Por Dios… Sólo mi conexión a Internet es diez veces más rápida.
Aquí viven 40.000 estudiantes… hay una revista publicada semanalmente para explicarte qué día de la semana sucede qué cosa. Sólo las fiestas ocupan al menos una página de la organización diaria. Todos los días.
Hay más conciertos de todo tipo de música que tiempo para visitarlos. Y exposiciones. Y teatro. Y miles de clubs que organizan cosas absurdas continuamente.
Toda la gente que conozco (20-35 años) vive independizada y de alquiler, generalmente desde los 18 años. Casi todos son más o menos independientes económicamente (trabajos + ayuda estatal) y por supuesto socialmente. La mentalidad, aunque la socialización primaria brille por su ausencia, es un millón de veces más madura y responsable que en el mundo mediterráneo, vinculado y más dependiente de las “mammas” y la casa paterna.
¿Qué es una vida normal?
El futuro acaba por llegar, hagas lo que hagas. Y tenerlo “asegurado” con bienes raíces, descendencia y una buena jubilación sólo es “normal” en unas pocas sociedades de este mundo.
Llevo una vida “tranquila” y algo “bohemia” en una antigua ciudad hanseática donde hace muchos años se firmó la Paz de Westfalia.
Está bien que tras casi cuatro años empiecen a asumirlo en Casa.
Aunque lo asuman “a su manera” que es más o menos: en el pasado un hijo heredaba la casa, los otros se hacían cura, militar, marino o indiano. Supongo que si/ cuando vuelvo/a, me tocará traerme una palmera y una rena.