“con los siete territorios unidos, construiremos el futuro de nuestro pueblo”
La noticia del día es que E.T.A. en su onírica manera de entender la realidad da por terminado lo que ellos consideraban un alto el fuego.
Teniendo en cuanta que ese alto el fuego les permitió desde su extraterrestre moral poner bombas y asesinar a dos personas, la noticia no dice mucho. O quizás si.
A estos señores se les llena la boca hablando de “historia”, “fascismo” y la interpretación de lo que “quieren los vascos”.
Algo de Historia…
JAMÁS ha existido ese país de cuento de hadas formado por los “siete territorios históricos“. Es una MENTIRA.
Hay una región con una cultura afín y que comparte el uso de un idioma. Idioma y cultura.
Decir que todos los que comparten de alguna forma ese idioma y esa cultura son UNA nación… es mentir.
En todos los colegios del país vasco se enseña el ideal de lo que se supone es Euskal Herria: las tres provincias del País Vasco + Navarra + las tres provincias de los Pirineos Atlánticos (en Francia)
Euskal Herria, tras el Estatuto de Gernika, significa sencillamente Euskadi, o País Vasco. Punto.
Basta con retroceder hasta una fecha relativamente “remota” como es el siglo VIII para mostrar que el mapa que vende el nacionalismo vasco no existía entonces: La Marca Hispánica, frontera sur del Imperio Carolingio, nos muestra que Vasconia y Pamplona eran ya por aquél entonces dos regiones diferenciadas.
Si nos movemos más en el pasado, hasta la época de várdulos, caristios y autrigones, por ejemplo, la cosa se pone ridícula: los vascones eran habitantes de la actual Navarra, y no los habitantes del actual País Vasco.
Si avanzamos en dirección “presente”… esperpento es una palabra apropiada para la defensa de tamañas tonterías.
- Caso Navarra.
Íñigo Arista, también llamado, Eneko Arizta, sería designado primer rey de Pamplona hasta el 851. Esto quiere decir que “Navarra” posee una entidad PROPIA y DIFERENCIADA desde hace unos 1200 años.
Años más tarde, cuando ya no quedaron reinos moros que conquistar, Navarra quedó territorialmente encajonada entre los Pirineos, el reino de Aragón y el reino de Castilla.
Sancho el Sabio, rey de Navarra, fundó las ciudades Vitoria (1181) y San Sebastián (1180).
El Reino de Navarra continuó más o menos independiente hasta convertirse en la actual Navarra.
Los votos de las últimas elecciones en Navarra dieron 13 escaños de 27 a un partido (UPN) que es nacionalista español y que ostentaba mayoría política hasta la fecha.
Con mil años de historia navarra “reciente” más o menos clara… es difícil mantener la absurda postura de “construcción nacional” de ETA.
- Caso Pirineos Atlánticos
En Francia. Están formado por tres de los siete “territorios históricos”. Existen como tal desde el año 1789. La fecha coincide con la revolución francesa y la creación de los 83 departamentos oficiales en que se organizó el país en ese momento.
Pedir la anexión de estos territorios, que son Francia en todos los aspectos, a una idílica Euskal Herria que sólo defiende una minoría mayormente situada en el actual País Vasco (España) es SURREALISTA.
El nacionalismo “vasco” local en los Pirineos Atlánticos logró en las pasadas elecciones del 2004 un solo concejal.
Los Pirineos Atlánticos están gobernados por una coalición mayoritaria de centro-derecha, francesa y contenta de ser francesa.
Además de surrealista es estúpido. Y un ejemplo de fascismo increíble.
Desde 1789… hasta hoy esta región es “políticamente sólida”. En función de cada “territorio” hablaríamos aun de más tiempo y de mayor solidez.
Y lo que es más importante: no hay apenas interés local por cambiar la situación. El movimiento independentista en la “parte francesa” es cuasi null.
¿A cuándo hay que remontarse para encontrar esa mítica “Euskal Herria” formada por siete territorios?
El problema de buscar el mito en el pasado, es que en seguida empiezan a desaparecer ciudades (como las actuales capitales de provincia), territorios “históricos” con los que los nacionalistas se llenan la boca, y con el tiempo y en función de las migraciones, las propias gentes…
Es ridículo, a día de hoy, construir una idea de nación en base a un ideal “mítico”. Al menos no hay unas “tablas de la ley” y un dios que eligiese a estos descerebrados como “su” pueblo.
Señores, la realidad, en una democracia, se construye en las urnas. No hace falta justificar un pasado histórico glorioso. Lo que hace falta es tener LA MAYORÍA de los votos.
No una mayoría simple… nada del 50%+1. Hablamos de al menos un 65%. Una mayoría “de verdad”. Con una participación masiva en el voto, de forma que quede claro que quiere la gente.
En vez de perderse en mitos y justificaciones pseudo-históricas miren la realidad: a día de hoy la MAYORÍA vasca actual no quiere terrorismo.
Los últimos MIL AÑOS de historia destrozan la idea de “una Euskal Herria formada por siete territorios”.
Y las pasadas elecciones deslegitiman a los que mienten con leyendas y mitos.
¿Qué derecho tienen unos señores con capucha a exigir que Navarra, más o menos independiente desde hace más de mil años sea absorbida contra su voluntad por su idílica idea de nación?
¿Qué derecho tienen a exigir que un territorio francés pase a formar parte de su idea de nación contra su voluntad?
Voy más allá: ¿Qué derecho tiene a EXISTIR un grupo armado que dice representar a los vascos sin que nadie los haya elegido nunca? Especialmente cuando la MAYORÍA de la gente en el País Vasca rechaza la violencia.
Es muy triste que ETA continúe existiendo.
Es más triste aún que se dé cobertura a las mentiras en las que se sustenta su “ideal de nación”.
Siempre que se habla de un pueblo “elegido”, “especial” y “único”, tiemblo. Eso suele implicar desde campos de concentración a tiros en la nuca.
Lo peor que puede sucederle a un grupo nacionalista armado es perder el contacto con la realidad: con el pueblo al que dice representar.
Cada muerte que causen, en el actual clima de “guerra al terror”, los alejará más aún de ser una opción válida de futuro.
Cada día que tardan en abandonar las armas les resta aún más credibilidad.
Cada tregua que rompen los convierte en algo más pequeño. Y más miserable.
