You are that guy…

“That guy” se llama Paul Potts.

Paul Potts es “el nuevo fenómeno mediático”. Creo que durará más que la chica con la mancha en el pelo, la “amigable” menor asturiana, o el tipo que “pagaba fantas”. Obviamos a los últimos, por su propio bien.

Paul Potts, un tipo normal y corriente*. De los de pico central de campana de Gauss. Un hombre aparentemente gris que te haría pensar en portada de periódico de sucesos… la gente tan “normal” suele acabar esas portadas. Siempre como protagonistas.

Un tipo que se presenta a un “concurso” de “estrellas” siendo vendedor de móviles de profesión y hablando con un fuerte acento inglés que no sabes si viene de sus orígenes (Gales del sur), o de un grave accidente sucedido durante su infancia que implicó una bicicleta, una boca de riego y no usar las manos.

Ese tipo, sale al escenario y dice que va a cantar ópera. Todo el mundo se ríe un poco él… al estilo “me meo en tu mascota” de Risto Mejide. Paul Potts No es el vocalista de los “Larva Fecal“, pero si pensamos en la antítesis de un “tenor”, probablemente el pensamiento tomaría la forma de Paul Potts. Lo sé: son prejuicios.

Personalmente siento una terrible debilidad por los “davides” de este mundo. Y disfruto como un enano cuando sacan un pedrusco del zurrón y le sueltan un hondazo entre las cejas depiladas a alguno de los “e-goliats” que hay por ahí sueltos.

Paul Potts, vendedor de móviles, se “soltó” en plan cásual con un “que nadie duerma…“.
Disfrutad de la “presentación mundial” del hombre con apellido de cerveza ‘münsterener’, si aún no lo habéis hecho.

El caso es que el tipo se convierte en un fenómeno de masas.

¿Por qué?

Porque su voz es maravillosa.
Y por identificación.

Nadie puede identificarse con la insultante belleza de los miembros de D’Nash; son tan elaboradamente perfectos que hagan lo que hagan no podrán sorprenderte. Es más, esperas que fracasen porque es injusto que alguien tan premeditadamente ‘cool’ triunfe.
Pero todos llevamos un pequeño ‘paulpotts’ en el fondo de nuestros sitiados-por-la-grasaza-corazones. Nos reconocemos en él. Dejamos que su luz nos ilumine. Y por un momento, sentimos que si él puede, hay esperanza para todo el resto.

Además, en el fondo disfrutamos cuando un conejito blanco y aparentemente útil sólo para que se experimente gel de baño en sus ojos le salta al cuello a un caballero con armadura y le desgarra la aorta a dentelladas.

El vendedor de móviles ha vuelto a ganar.

Y volverá a hacerlo en la final.
Y espero que cante ópera. Y espero que grabe discos. Y espero tener esos discos.

Mola.

*  Vale… ha recibido clases de canto de los “mejores”. Y su “puesta en escena” estaba un tanto ‘exagerada’ para aumentar el efecto perdedor-que-sorprende. Pero no vamos a dejar que la realidad nos joda una buena historia. ¿No?

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