Se acabó.

17 August, 2007 (19:39) | Xanfarin.com | By Xan

Mi presupuesto para sueños acaba de tocar fondo.
El tiempo que compré hace cuatro años, mis “vacaciones de realidad”, se ha terminado.

Han sido cuatro años intensos y maravillosos donde me he dedicado –dentro de mis posibilidades- a hacer lo que he querido (dentro de unos límites marcados por cierta visión personal a medio-largo plazo que no pretendo que nadie apruebe o comprenda).

Se acabó.
Se acabó el dinero, que al fin y al cabo es lo que compra la libertad. Se acabó el soñar despierto.

Durante cuatro años, en modo 24×7, he sido libre para vivir a mi manera allá dónde he querido. Vivir de una forma “despreocupada” usando plenamente mis días. Días de 24 horas reales, no esos sucedáneos que acaba teniendo casi todo el mundo donde hay que restar ocho horas de trabajo, dos más de desplazamientos a éste y las pesadillas que esto te provoca.

Tras un año que aún no sé cómo tomarme -necesita de algo más de introspección- , las cosas han quedado “claras”. Por fin.
La incertidumbre es peligrosa.

Lo malo de vivir en un limbo cuántico existencial, es que es complicado tomar decisiones al no saber si por ejemplo el gato de Schrödinger está muerto, vivo, o se ha convertido en un zombie.
No sabes si seguir comprando su comida de lata favorita, una caseta nueva, cambiar su “tierra” que ya apesta tu casa o si marcharte de vacaciones y abrir la caja a tu vuelta y encontrarte con lo que los dioses quieran. No sabes si buscarte otro gato o un perro. Si organizar un funeral o hacer una fiesta… La incertidumbre te ata de una manera horrible y te condena a la no-acción, que al fin y al cabo, es una forma de acción -generadora de consecuencias- como otra cualquiera.

La “trampa” cuántica es que al final, si esperas lo suficiente, el gato siempre está muerto: se acaba muriendo de aburrimiento. Y tú de ansiedad.

Al final todo depende de lo que te importe el gato, de tu presupuesto, y de tus ganas de cubrir opciones.

Los últimos meses no han tenido que ver con gatos, ni gatas, ni con Schrödinger. Había que actuar, tomar decisiones, y vivir de acuerdo a ellas.
Ahora es tiempo para los “…y si…”. Y tiempo de no permitir que esos “… y si…” consuman demasiados recursos en mi cabeza.

El “truco”, si hay alguno, es hacer las cosas lo mejor que puedes, entregándote al 100%. Y saber esperar. La vida no es “justa”, así que sencillamente esperas sin intentar anticipar, ilusionarte o cortarte las venas. Haces lo que tienes que hacer, lo que quieres hacer, lo que necesitas hacer. Y vives con ello. Y te puedes arrepentir de muchas cosas, pero nunca de haber “fallado”. Sólo Falla el que no lo intenta.

A día de hoy, todo se ha simplificado a base de colisionar contra paredes de “realidad armada”.

Para variar, resulta que estoy “solo”, soy responsable de mi vida y ningún ser místico, mágico, ficticio o real, académico, familiar o funcionarial va a “sacarme de la calle”, solucionar mis “problemas” y permitirme acceso directo a mis sueños.

Me esperan unos meses duros: tengo que “echar raíces” en Alemania.
Raíces fuertes y profundas que me permitan seguir creciendo. Necesito un trabajo. Necesito asentarme por un tiempo y dejar de llenar mi con proyectos. Necesito salir del universo onano-ombligista académico en el que estoy metido.

Las cosas podrían ser mucho más fáciles. O mucho más difíciles. Son como son.

Si hay algo de lo que me arrepiento es de no haber dedicado más tiempo y energías a mejorar mi alemán. Pero como no soy una máquina y necesito dormir, descansar, desconectar y hacer el imbécil a tiempo parcial, lo que hay es lo que hay. Hasta ahora, el alemán no había sido tan importante, era “otro” factor.
Éste “factor” va a determinar ahora cuanto dinero gano por hora trabajada y cómo -qué- será ese trabajo. De los 30 a 60 euros por hora que puedo ganar en Casa, a los increíbles 3 euros por hora que puede cobrar aquí alguien que está solo, no sabe el idioma y necesita el dinero.

Toca sacarle partido a la mano de cartas. Y disfrutar de la partida.

Se acabó.

Y empieza.

En el peor de los casos, puedo volver a Casa; o marcharme a recoger kiwis a Nueva Zelanda.