Tengo una visita…
Posted in Münsterland on August 2nd, 2007 by XanConfirmada mi primera visita en más de un año: se hacen de rogar. Rhu se pasa por Münster.
Supongo que vivir en Alemania es un pequeño freno: estereotipos y clichés ocupan la mente de casi todo el mundo, y pese a las “lowcost” siempre parece más interesante cualquier otro sitio.
Supongo que es difícil vender Alemania cuando los “agentes de marketing” son turistas alemanes comportándose como turistas, y no como alemanes (como hacen todos los turistas sean del país que sean). Cuando hay una historia escrita que se ocupa de recordarte permanente de quienes son los buenos y quienes los malos. Y de reproducir clichés.
Y cuando quieres vacaciones… y sólo te pueden asegurar que quizás llueva.
Si se pudiese definir Alemania en una frase, yo elegiría: “un agradable sitio donde vivir”. Con toda la “carga” que esa frase tiene.
Hay muchas “Alemania”, todo depende de en qué región residas. No es lo mismo vivir en la masificada e industrial Renania-Westafalia… que perderte por la plana y vacía costa del norte o deambular cual vaca de Milka por Bavaria y la región alpina. No es lo mismo trabajar que estudiar. No es lo mismo tener más de 30 años que menos.
“Mi Alemania” es un invernadero académico. Es artificialmente “especial”. Y es lluviosa.
Vivo en una ciudad idílica formada por estudiantes, profesionales, y burócratas. Academia y clase media y media-alta. Una ciudad católica y conservadora (valga la redundancia) donde 40.000 estudiantes de todas partes se encargan todos los meses de llenar las cuentas bancarias de los residentes autóctonos con sus pagos de alquiler, compras y gastos sin especificar.
Es una ciudad en la que puedes ir tranquilamente bebiendo tus cervezas por la calle, o hacer una barbacoa en cualquier zona verde. O volver a casa paseando a las tres de la mañana sin pensar ni un instante que puedes estar en peligro.
Todo es VERDE. Verde “árbol” y verde “reciclar”. 150.000 bicicletas llenan las calles, y hay tanta vegetación que en caso de ser alérgico, pensarás que vives en el infierno. Tenemos ardillas en nuestro jardín trasero, los pájaros te despiertan por las mañanas. Las rotondas y los parques son pasto para los miles de conejos que viven en salvajes en esta ciudad-zoo abierto.
Todo son panaderías (el culto al pan sólo se entiende tras pasar aquí una temporada) y farmacias. Y Aldis. Y Rewes. Lidls. Y Edekas. Y DMs… la perfección se llama barato y “hecho en Alemania”.
Ciudad de imbiss y bistros donde comer rápido para disfrutar de los Cafés. Cantinas universitarias donde no se friegan los platos. Quioscos donde comprar cerveza a cualquier hora del día.
Algún anoréxico museo… los estudiantes buscan más fiestas que cultura. Muchas franquicias de ropa barata: los estudiantes marcan la moda. Ropa de invierno, ropa negra.
Cada calle es un universo independiente lleno de casas de tres alturas, carriles de bicicletas, gente silenciosa y oscuridad en la noche.
Cada persona es un mundo tribal claveteado de señales de pertenencia: estatus, gustos, tendencias políticas y religiosas… Todo puede leerse de un sencillo vistazo. La buscadísima estética es tan importante que la no-estética te define por igual. Todo el mundo dice “estoy aquí, existo, soy diferente, pertenezco”. Mírame.
Münster es una ciudad burguesa donde la gente bien cría a sus camadas en un entorno seguro y amigable. Un entorno lleno de una legión de normas invisibles y no escritas que marcan la pauta de lo que es ser un ciudadano. De lo que es ser alemán. Que te señalan como extranjero en la distancia y que como tal te mantienen siempre en la periferia si careces de un guía local.
Olvida todos tus clichés sobre Alemania.
Es muy verde. Es organizadamente caótica. Es mayoritariamente rural. Es oscura. Es consciente. Es pausada. Y es sobretodo: tranquila.
Alemania no “sucede” en las ciudades, meras excepción a la media: son pocas y están poco habitadas. Alemania no es Berlín.
Alemania existe en ese espacio rural-urbanizado-laberíntico de cientos de miles de casas unifamiliares de dos alturas con mini-jardín y garaje rodeadas de carreteras que no llevan a ningún sitio, donde viven 60 de los 80 millones de Alemanes.
Un espacio oculto al visitante, en el que nunca hay turistas extranjeros ni apenas inmigrantes. Un espacio siempre abierto y siempre oculto.
Ninguna campaña turística te hablará de ésto: la primera norma del club es no hablar del club.