El Dalai Lama estuvo por aquí
Los antiguos mandatarios de la actual Tailandia (antiguo Siam) tenían por costumbre cuando se hacían con el trono de su país enviar caravana de cortesanos con regalos al emperador de China.
Esta misión diplomática tenía que atravesar casi impenetrables junglas llenas de peligros y llegar al corazón de China donde presentaban respetos, regalos y pleitesía. El nuevo rey, ofreciendo regalos y reconociendo al emperador de China como superior (un “hermano mayor”), era a su vez “reconocido” y su nombre era incluido en los anales chinos.
El beneplácito del emperador chino implicaba entrar en la “historia oficial del mundo” y por ende, ser parte del universo civilizado. Los regalos que traían de vuelta superaban con creces lo ofrecido en un inicio.
El elemento importante que se desarrollaba en este intercambio ritual de regalos era la propia identidad: quién es quién. Quién tiene derecho a regalar y quién hace el honor de aceptar regalos y retornar otros de mayor o menor cuantía a cambio si lo considera menester. Identidad. Estatus. Reconocimiento.
En antropología económica se dice que no hay regalos (ofrendas, premios, donativos…) gratis. Todo tiene un precio, una función, un significado. Una retribución. Nada es gratis en este mundo.
Desde poner al Otro en una situación de inferioridad o en la obligación de retribuir, a algo tan sencillo como demostrar el propio derecho a regalar o el estatus que otorga que nuestro regalo sea aceptado.
El mundo del “regalo” es complejo. ¿A quién tenemos derecho/deber a regalar qué? A veces un “regalo” puede ser el peor insulto. Por poner un ejemplo.
Casi todos los intercambios rituales de regalos son de carácter público. Es parte del ritual. Lo que “cambia de manos” no suele ser tan importante al final. El significado del ritual desde un punto de vista holístico y cosmo-sociológico es lo que suele contar.
El Dalai Lama estuvo aquí.
Recibió un par de “doctorados Honoris causa” en alguna cosa absurda que a un “sencillo monje budista” se la “trae al pairo”. Se reunió con una selección de doctorandos de la “recientemente” inaugurada “escuela de graduados”, y dio una de las clásicas conferencias internacionales seguidas de preguntas del público que suele dar en el extranjero –la entrada costaba entre 20€ hace unos meses y 100€ en eBay hace unos días-.
Los regalos buscaban poner una universidad que ha vivido mejores tiempos en los titulares de prensa. El nombre de la ciudad va en el mismo paquete. La reunión con los doctorandos buscaba aumentar el estatus y aportar identidad a la “escuela de graduados”. El circo mediático buscaba sufragar de alguna forma la inversión de traer al Dalai Lama: su visita sale un poco más cara que traer a los Rolling Stones, pero no genera “tanto” beneficio [=€].
Él ha vendido de nuevo internacionalmente el mantra “Tibet debe cooperar con China y abandonar la lucha y la violencia independentista –inútil dado el desequilibrio de fuerzas- y China debe agradecer este “regalo” y a su vez retribuirlo con autonomía para la región y más respeto por la identidad y cultura tibetanas”. Algo que por mucho que se repita en sus apariciones en el extranjero no tiene porqué convertirse en realidad.
Los que acudieron al circo guardarán el recuerdo imborrable de haber compartido carpa con la decimocuarta reencarnación del Dalai Lama. Quizás puedan repetir evento y comparar experiencias dentro de unos años con la decimoquinta.
El Dalai Lama estuvo aquí
Todo el mundo ha sido feliz mostrando su “producto” en los diferentes “mercados” nacionales e internacionales. Todos se han sacados las fotos pertinentes. Cada uno ha ofrecido lo que tenía y ha buscado conseguir lo que deseaba. Algunos, espero, habrán “ganado” algo.
En el maravilloso mundo del intercambio ritual de regalos es fácil saber qué regalas, pero a veces lleva tiempo saber que has recibido a cambio.
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Hago constar en acta que el actual Dalai Lama (no incluyo a ninguna de sus anteriores o posteriores reencarnaciones, a las que no tengo el gusto de conocer) “me cae bien”.
El “ambiente” que rodea a los que rodean al “personaje” es lo que no acabo de tragar. Pero eso es otra historia.