Fernweh und Tibet

La mayoría de las cosas más “freaks” que he hecho a lo largo de mi vida ocurrieron de forma “casual”.

Casualmente acabé en Irak celebrando el paso de milenio viviendo una de las situaciones más surrealistas que se pueden experimentar: ir al baño en una fiesta llena de diplomáticos, traficantes de armas y jeques varios acompañados de sus guardaespaldas. Casualmente acabé viviendo en Suecia. Casualmente vivo en Alemania.

“Fernweh”, es una preciosa palabra del romanticismo alemán.
Significa, en palabras de ‘La Chica de la Habitación Naranja’, “irse, experimentar algo más; algo diferente a lo conocido”. Conceptualmente es traducible como “ansias de conocer el mundo”. Necesidad de vagabundear por ahí fuera.

“Fernweh” explica porqué estoy en Alemania. En general explica mi entera existencia.

Al margen de las fiestas, las chicas alemanas, y disfrutar de mi ancho de banda, Alemania supuso –supone- una parada existencial en la que recapacitar sobre el mundo, el universo y todo lo demás. Una oportunidad para reforzar mi bagaje cultural (especialmente en temas como antropología, religión, historia, política, sociología e idiomas) y tantear el “mundo académico” de una forma algo más “seria” (en teoría en un par de años, si no me aburro antes de todo esto, debería estar dando clases en la universidad haciendo mi “Habilitation“).

Fernweh” explica porqué nunca estoy al 100% en un sitio. Porqué siempre tengo los ojos puestos en el siguiente destino. Porqué todo momento de felicidad se ve prontamente empañado por un “y ahora qué… y ahora a dónde”.

Kamila, mi chica checo-sueca está ahora mismo en Tibet. Sólo he visto algunas fotos, pero han funcionado como un kris malayo clavándose muy despacio en mi corazoncito de viajero.

Tibet es el único sitio del mundo que “realmente” quiero visitar.

Hay muchos sitios donde deseo perderme o donde quiero (voy a) vivir. El listado es enorme. Algunos ya los he visitado. Otros llegarán tarde o temprano. No tengo prisa.

Tibet siempre ha estado ahí. Es el viaje siempre programado. El sueño siempre pospuesto.

Comprender el concepto “Fernweh” y todo lo que entraña hizo que dejase de considerarme a mí mismo un inadaptado social. Soy sencilla y llanamente un -otro- producto social.

Todo organismo, y a un nivel macroscópico nuestra sociedad lo es, genera productos. Algunos son funcionales, otros son evolutivamente casuales. Muchos son sencillamente desechos.

La sociedad occidental produce románticos.
Los románticos son una especie de desecho social dotado de cierta hermosura distraída y extrañamente útiles. Algo así como el ámbar gris.

Este producto cree que ya es hora de visitar Tibet y dar rienda suelta a su “Fernweh”.

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