Acabo de ver Tekkon Kinkreet, una curiosa película de animación de la que no conocía nada. Ha sido una agradable sorpresa.
Esta últimas semanas no están siendo fáciles. Hay demasiados aspectos que vertebran mi vida a medio y largo plazo que están fallando o no son como yo necesito que sean. La lucha de siempre: paradigmas personales versus realidad.
Necesito cuatro pilares en mi vida: doctorado, trabajo, clases de alemán y unas gotas de felicidad.
Una metáfora visual de mi doctorado sería un jeep en un lodazal en medio de la selva: tienes todos los boletos para vivir algo interesante, pero no dejas de estar en medio de un marrón. Si logro que la tracción 4×4 me saque del “agujero”, el camino “difícil” está ya recorrido.
El tema trabajo tiene dos componentes que lo vuelven complicado. El primero, intrínseco, es ‘limitador’: a estas alturas de mi vida y con mis estudios hay trabajos/ sueldos que me niego a aceptar; si es divertido/interesante/freak no lo consideraré nunca un trabajo, da igual lo duro que sea, hablo sencillamente de explotación. El segundo, extrínseco, tiene que ver con el sistema social alemán en el que muchos trabajos poco especializados entran dentro de formaciones profesionales reguladas (tres años de prácticas) y el resto están en dura competencia con 50.000 estudiantes que dependen de un sistema de trabajo basura, regulado por el estado y aceptado socialmente, para llegar a fin de mes.
Mi mejor opción de trabajo a día de hoy implica cobrar 8€ la hora; sin seguro (tengo que contratar un seguro privado), ‘paro’ o contabilización de días trabajados. Cobras al día por horas trabajadas. Generalmente un día a la semana de trabajo te permite llegar al máximo legal mensual no declarable de 400€.
Mañana intentaré de nuevo meterme en las únicas clases de alemán que merecen la pena. Sin alemán no hay trabajos ‘interesantes’, sólo trabajos que los emigrantes o los alemanes sin futuro desempeñan.
Mi situación como doctorando me coloca en un vacío existencial que no acabo de digerir.
Lo que más me saca de quicio es el tiempo perdido: Horas y horas intentando comprender y hacerme uno con el sistema.
El nivel de estrés y saturación burocrática ha llegado al punto de comerse mis pensamientos felices y dejarme hundido en las movedizas arenas de la ciclotimia. Estoy Hipersensible.
El viejo aforismo “si no tienes nada bonito que decir, llénate la bocaza de mazapanes” ha ocupado los últimos días y eliminado opciones de post: necesito ‘explotar’ de alguna manera, expandirme fuera del poliedro. Es más sano hacerlo de una manera ‘efímera’; copas, buenos amigos y algunos exabruptos serán mi mejor terapia.
Necesito mis cuatro puntos de apoyo para mi ikea-silla-existencial, si no logro equilibrio, me plantearé una dirección en la que caminar. Estoy cansado de estar de pie esperando.
Y Necesito dejar de sentirme por un tiempo como una visita molesta.
Soy extranjero en este país: no es una enfermedad contagiosa. No voy a robar carteras/mujeres/trabajos ni pienso sacrificar locales a dioses paganos. Al menos no todavía.