Otro motivo para adorar Uppsala
Posted in xanfarin.com on November 14th, 2007 by XanUppsala es una ciudad sueca preciosa en la que residí durante demasiado poco tiempo. Siempre será mi “primer amor”.
Hoy está en los titulares de medio mundo.
Hay una campaña sueca impulsada por un -creciente- colectivo de mujeres en lucha por la igualdad de sexos, cuya nueva “arma” mediática consiste en la defensa de la igualdad entre el pecho de hombres y mujeres con acciones puntuales como bañarse en piscinas públicas haciendo “top-less”.
La campaña “Topfree Equal Rights” es INTERNACIONAL.
El caso es que las jóvenes suecas han hecho una valiente campaña que busca concienciar sobre las muchas diferencias que culturalmente aún distancian a hombres y mujeres. ¿Por qué un hombre puede mostrar su pecho en una piscina y una mujer tiene que cubrirse?
¿Es tan importante el derecho a “liberar las tetas” en las piscinas? Evidentemente no.
El fondo de la cuestión no es ése… Ése es el inicio de un debate.
Me explico: hemos llegado a situaciones tan ridículas como que una madre no pueda amamantar a su bebé porque “enseñar” el pecho “está mal”. Es sucio y te quedas ciego si lo miras, o algo así. Algo TAN natural como “dar teta” se ha convertido en algo sexual… en Europa, en pleno siglo XXI.
La “diferencia” entre hombres y mujeres -voy más allá, pensemos en abstracto- no es ni buena ni mala per se; no es algo que haya que evitar. Es un componente fundamental en la definición de la propia identidad: somos quienes somos porque NO somos otros.
Las diferencias nos hacen únicos; y la transcendencia de las diferencias define -entre otras cosas- nuestro ser social.
El problema llega cuando esas diferencias se convierten en motivo de discriminación.
Enseñar o no enseñar las tetas en una piscina, en un partido de fútbol o en una discoteca es lo de menos: nadie se asusta cuando un hombre muestra su torso en determinadas circunstancias. Nadie debería asustarse cuando lo hace una mujer.
No me molesto en discutir el derecho de una madre a dar pecho a su hijo cuando mejor le parezca.
Las chicas suecas que defienden esta campaña dicen que los hombres -y las mujeres, añado yo- deberían ser capaces de controlar sus instintos “mejor”; y que ver tetas no debería ser el pistoletazo de salida para un ataque sexual, verbal o del tipo que sea. En el fondo no dejan de ser una acumulación mayor o menor de grasa que en cada caso desafía más o menos las leyes de la gravedad. En fin, que tampoco es para tanto.
Hace no mucho, algunas mujeres se bañaban vestidas en la playa, mientras que otras no osaban hacer algo tan “atrevido”.
Hace no mucho, el que una mujer mostrase las muñecas o los tobillos a un hombre, podía provocarle a éste taquicardia.
Hace no mucho, las mujeres no podían votar (1931 en España), tener propiedades a su nombre, heredar, o ser cabeza de familia.
En función del país… ese “hace no mucho” se traduce como “hoy en día” o “ayer”.
Está claro que la campaña es provocativa, y aún más claro que logrará hacerse con páginas de prensa: la castiza comparación de “las tetas y las carretas” permite asegurarlo.
También está claro que el debate que se abre es necesario: vivimos en una sociedad en la que el embarazo se castiga profesionalmente y la sexualidad sigue teniendo dobles lecturas en función del sexo del protagonista de las historias. Por poner dos ejemplos.
Mi posición personal es: Tetas sí, pero con “label de calidad”.
Lo sé, es una evidente discriminación; soy una persona horrible con múltiples y profundos prejuicios. Ódienme.
Estoy a favor de que una joven [sueca o no] en “edad de merecer” pueda enseñar lo que quiera, cuando quiera y donde quiera. Me niego rotundamente a que me agreda visualmente con su cuerpo una impúdica octogenaria “michelín-ica” [alemana o no].
Quien no haya visto desparramados 150 kilos -en canal- de “venus” alemana desnuda en la playa/ orilla de un lago, no me puede entender.
Algunos recuerdos son como los diamantes: para siempre.