Hormigas Veinticuatro y Madurez

Los rituales tienen una función de marcador y guía. Te dicen cuándo hacer algo y cómo organizarlo.

Un niño es un niño hasta que no se convierte en hombre. El ritual pertinente dice cuándo sucede, los pasos a seguir y publicita –por su propia naturaleza - el evento. De poco sirve pasar un ritual de iniciación si nadie se va a enterar de ello.

¿Cuándo dejas de ser un niño o un adolescente para convertirte en un hombre? ¿Qué significa hoy en día ser un hombre?

En muchas culturas cuando alguien es capaz de organizar una partida de caza exitosa o un evento social como construir en grupo un silo para el grano, se le considera ‘casi’ hombre. En la mayoría de los casos, aportar descendencia sana es el paso último para este reconocimiento.

Ser hombre, en algunos grupos étnicos, está vinculado al reconocimiento de capacidades y habilidades sociales. No basta con sobrevivir durante un número xx de años: hay que ganárselo.

Creo que mi rito de iniciación favorito es el que implica a unos cientos de Hormigas Veinticuatro.

En inglés se les llama “bullet ants”, Hormigas Bala (lat. Paraponera clavata), porque su picadura, en lo referente a dolor, es similar a un disparo a quemarropa.

En la Escala de Dolor de Justin Schmidt obtienen una puntuación 4.0+, el máximo de la escala.
En esta escala, la trivial picadura de una abeja o avispa europeas obtiene un tolerable 2.0.
El nombre en castellano de estas hormigas se refiere a la duración del dolor en estado puro que provoca su picadura: unas 24 horas de agonía. Una vida.

El ritual fue descrito en 1926 por J.C. Bequaert, en el “Medical Report of the Hamilton Rice 7th. Expedition to the Amazon”, publicado por Harvard Univ. Press (páginas 250-253).

Consiste en montar un picnic y en juntar a la gente adecuada (chamanes, ancestros, espíritus, tu clan, el clan de tu futurible… y varios turistas) para que te vean soportar el dolor de la manera más digna posible. Si gritas, lloras o pataleas, estás perdido.

Bajo la atenta mirada de todo el mundo, te pones unas manoplas místicas enormes rellenas con docenas de Hormigas Veinticuatro vivitas y muy irritadas. Te las dejas puestas durante 10 minutos para asegurar que te pican muchas hormigas.

Cada picadura duele como un disparo. El sumatorio de dolor se prolonga durante 24 horas sin mengua en ningún momento. Por mera cuestión de estadística y mala leche, durante esos diez minutos pican bastantes hormigas.

Son unas 24 horas muy intensas.

Exteriorizar el dolor no hace que éste disminuya y conlleva una importante carga de ignominia.

En función del grupo étnico, hay que pasar hasta 20 veces por este ritual para ser considerado un “hombre”.


En algunas micro-culturas nórdicas, si no has participado activamente en una orgía universitaria organizada en una sauna finlandesa revolcándote tras ella en la nieve a -15 grados bajo cero, eres un piltrafilla.

En función de la micro-cultura nórdica, es necesario repetirlo más o menos jueves a lo largo de los duros meses de invierno. A eso de las 20:00.
Traeté tu propio vodka y al menos dos hembras sanas de tu especie.

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