Archive for February, 2008

Minimalismo

Posted in xanfarin.com on February 18th, 2008 by Xan

Llevo desde que empecé mi nuevo curso centrándome en “centrarme”, en volver minimalistas mi vida y entorno, en aplicar los principios de Ishikawa a mi día a día.

Estoy logrando, cada vez con más éxito, hacer sólo una cosa al mismo tiempo: Encadeno acciones en vez de hacerlo todo a la vez.

Con los idiomas, el modo multitarea no funciona. Necesitas repetir palabros hasta la náusea; y contextualizarlos para fijarlos en tu memoria a largo plazo; y usarlos a menudo para su volverte fluido; y no preguntarte demasiado a menudo para qué quieres otro idioma, y en caso de quererlo, porqué oh! dioses del acero, tenía que ser alemán.

Minimalismo…

- Quiero librarme de “cosas”. Desconozco qué va a ser de mí en el futuro a medio/largo plazo y es evidente que he acumulado demasiada basura existencial.

Lo peor son los libros.

El problema con los libros de antropología es que son muy freaks. Fue complicado conseguir algunos y dudo que si me deshago de ellos pueda volver a encontrarlos. Ediciones “joya” de Mauss o Lévi-Strauss, u obras de antropólogos-misioneros-lingüistas de principios de siglo que valen su peso en oro.

Los libros de alemán son mi mayor problema: según mi nivel mejora dejan de ser útiles, y siempre necesito más. Tengo un estante lleno con el material –ahora ya inservible- que cubre los niveles A1 a B2.
Necesito un día libre para organizarlos y ponerlos a la venta vía Amazon.de: ser capaz de recuperar parte de la inversión facilita que gaste dinero en libros en el futuro sin cargos de conciencia. Y es mucho mejor que tirarlos o perder tiempo buscando alguien interesado en “hacerte el favor” de quedarse con ellos.

La nueva norma es “entra una cosa en casa, salen dos”.

Necesito convertir mi entorno en un espacio libre de estorbos. Quiero ver estantes vacíos. Estoy pensando en convertir la “Habitación Azul” en la “Habitación Color Blanco Asertivo Llena de Lámparas Y Luz Y Vacía De Cosas Con Las Que Tropezarte”.

Siempre que hay exámenes a la vista me da por querer hacer montaña, rediseñar la casa o pintar las paredes. Absurdo a estas alturas.

- Intento aumentar mi productividad y eficacia. El tiempo vuelve a ser un lujo: tengo una cuenta atrás de cuatro meses, y muchas cosas por hacer.

La compra de la Franklin está ayudando mucho. Aunque perdí muchas horas decidiendo qué artilugio compraba y algunas más intentando “sacarle las tripas”, gracias a ella puedo enclaustrarme en la biblioteca de teología católica (maravilloso lugar d etres plantas lleno de libros, vacío de personas y con un agradable aroma mitad a papel nuevo mitad a desinfectante) y antes de regresar a casa mi plan de trabajo con el alemán -tareas del día incluidas- están completos. Así, el escaso tiempo restante me pertenece por completo.


- Intento superar mi adicción a Internet. Acepto pasar un par de horas al día leyendo medios, y otro par viendo documentales o películas (inglés o alemán), pero he “abandonado” la participación en foros de política y escepticismo, y me estoy “distanciando” de Facebook y demás redes sociales (y cualquier cosa que implique hacer test y enterarte de qué hacen tus amigos en función de la información colateral que regurgita alguna aplicación basada en el tráfico de tus datos personales).

Si logro desengancharme de Menéame, Pidzaus y algún otro “agujero negro” al que suelo sentirme atraído sin remisión, todo será perfecto.

La paranoia con el tiempo y su uso deriva de un “problema” objetivo: tengo mi vida increíblemente atada hasta junio/julio, y no sé qué voy a hacer después. Quiero decir, hay muchas opciones, pero todas dependen mayormente de los resultados de mi examen.

Evidentemente, llegados a este punto de apuesta y esfuerzo vital, sin mi título de alemán no me marcho de Alemania.

Parte de toda esta histeria se debe a la organización por objetivos de mi programa de alemán: cada tres o cuatro semanas tengo un final de módulo y exámenes.
Todo está organizado (esto es Alemania…) milimétricamente para que cuadren las fechas.

Si no adaptas tu vida y esquemas mentales al sistema, estás perdido: La maquinaria te aplasta.

Si no “encapsulas” cosas que te hagan feliz en tu calendario/plan vita, el tiempo volará y cuando te quieras dar cuenta volverá a ser invierno, los días durarán sólo ocho horas y habrá transcurrido otra “fase” de tu vida.

Hasta mayo tengo concertados cinco días en Praga, cuatro días en Berlín, un fin de semana en Hamburgo, otro en Ámsterdam, otro en Londres y espero pasar el May Day inmerso en una fiesta pagana rodeado de druidas, hippies, titiriteros, ninfómanas, antropólogos y demás aves de rapiña.

El día 20 de Junio, con mis resultados en la mano, me marcho de vacaciones: mi plan es perderme -literalmente-, en función de mi neurosis del momento, en una de estas tres opciones:

Białowieża, Polonia. El último gran bosque europeo; está al “lado de casa”; según van las cosas en Polonia no va a durar mucho.

Retezat, Rumania. Los Cárpatos; precios rumanos; desde que comparto clases de alemán con dos universitarias rumanas, mi interés por Rumanía ha “despertado” (además de –OMG- haber conocido a mis primeras “creacionistas” convencidas).

Trillemarke, Noruega. Fiordos, bosques nórdicos y días muy largos… Perfecto. Aunque dudo que mi economía se pueda permitir pagar los precios noruegos.

Si sigo en Alemania habrá una mudanza segura: Bien de ciudad -a una más grande- o bien de casa -a una No-compartida-.

Si tengo un ataque neurótico y decido marcharme pase lo que pase, me sobrará una habitación entera llena de cosas y media cocina. Mi afán minimalista se dirige a facilitar mi salida “en caliente” en caso de ser necesario.

Lo malo de tener la responsabilidad total sobre tu felicidad es que cuando la pifias las quejas sólo sirven para hacerte sentir más miserable.

La parte positiva es que el estrés no deja espacio para la melancolía.

Flanklin LDS-1900

Posted in xanfarin.com on February 16th, 2008 by Xan

Al final me he decidido por mi juguete: diccionario electrónico Franklin 1900-LDS, castellano-alemán.

Hubiese preferido comprar la versión que vendía Amazon.com (español-inglés, en los USA) y ponerle el módulo de memoria SD con el diccionario y utilidades de PONS (Alemania), basado en el software que uso ahora mismo en mi ordenador. Pero sólo faltan cuatro meses para mi examen y no me quería arriesgar a perder por lo menos un mes de “disfrute” esperando el paquete.

A día de hoy, teniendo en cuenta el cambio dólar/euro y los gastos de envío, salía más barato hacer las compras en los USA (Franklin español-inglés + PONS versión SD español-alemán= 185€) que en Alemania (“sólo” Franklin alemán-castellano= 220€).

Amazon.de me mandó mi juguete a casa en poco más de 24 horas: compra online antes del amanecer del jueves con llegada del paquete el viernes por la mañana. Garantía Amazon de dos años y portes gratuitos.

Sobre el traductor/agenda.

El diccionario bilingüe español-alemán que viene instalado de fábrica, Langenscheidt con 250.000 términos, cubre casi todas mis necesidades actuales (añoro la extensa ayuda con los “verbos+preposiciones” de PONS).

Las “utilidades” incluidas son: manuales básicos de gramática, frases de viaje pronunciadas en los dos idiomas, juegos y parafernalia “de agenda” (calculadora, listín telefónico…), no tienen mucho sentido para alguien que estudia el idioma, pero son muy útiles para viajeros (Franklin “pronuncia” unas 1.000 frases hechas en ambos idiomas).

Yo necesitaba un diccionario de alemán-castellano. El Franklin 1990-LDS Es perfecto como tal: corrección ortográfica en la búsqueda de términos, amplio vocabulario, opción de construir listas personales de palabras o incluso de mantener un diccionario particular. Los “juegos” incluidos (el ahorcado, conjugación de verbos…) pueden usar estas listas para facilitar el estudio. Mola.

El teclado y la interface no son muy intuitivos: tu cerebro y dedos buscan teclas donde no las hay, pero te acabas acostumbrando. La pantalla, aunque pequeña (12,5 cm) cumple su función; evidentemente no es para leer en ella Philosophie der Geldes de Georg Simmel.

Pros:

- Reproductor MP3. Se pueden instalar en una tarjeta SD tantos audio-libros, canciones, noticias, artículos -en MP3- como ésta permita y escucharlos donde se desee con un diccionario electrónico en las manos.
Tiene altavoz y micrófono integrados, así como una salida para cascos (incluidos). [Personalmente prefiero mi Sansa para el MP3].

La Franklin viene con dos audio-libros de regalo descargables desde Audible.com.
También graba voz y te permite -en teoría, aún no lo he probado- evaluar la pronunciación.

- Lector PDF. Acepta varios formatos de texto –incluidos Word y RTF- aunque el que mejor funciona es el PDF (sin gráficos ni fotos). “Lee” libros de todo tipo: novelas, gramática, nuevos diccionarios como ampliación…

Se puede comprar todo tipo de libros en PDF desde páginas afiliadas, descargarlos gratuitamente de Internet o crearlos uno mismo con el software Mobipocket usado por Franklin e incluido en un CDROM.
Durante la lectura hay opciones del tipo: marcador de texto, traducción directa de palabras (con el diccionario instalado), edición del texto, guardado de palabras en listas, etc.


Por ahora me limito a (1) encontrar en tiempo récord todas las palabras que necesito tanto en clase como mientras leo/viajo/existo; (2) usar las versiones PDF de los dictados que trascribo para corregir a posteriori mis ejercicios, leer (libros, noticias, artículos) mientras voy en autobuses o trenes, o consultar artículos (he instalado un par de enciclopedias centradas en Alemania); (y 3) jugar a “conjugar verbos” y “repasar vocabulario”, algo que llevo muy mal.

Mi “nueva rutina” consiste en convertir en PDF’s utilizables por la Franklin (versión Mobipocket) los artículos de ciencia y las transcripciones de noticias -en alemán- ofrecidos, por ejemplo, por Deutsche Welle; y meter los MP3 vinculados a los textos en mi Sansa. Primero escucho, luego intento trascribir el audio, hago correcciones usando los textos originales, analizo mis fallos y memorizo el nuevo vocabulario. Ya… mi vida es increíblemente emocionante últimamente. Tsk, Tsk.


Estos materiales, la opciones de traducción (conjugación/declinación, sinónimos, preposiciones afines, frases como contexto…), y poder estudiar alemán en cualquier sitio -y NO en casa- suponen una ayuda inestimable.

Contras:

- La escalabilidad es muy limitada: acepta una tarjeta de memoria SD y lo que encuentres para meter en ella, pero debido a que el software empleado es muy “cuadrado”, al margen de cargar libros (diccionarios, enciclopedias, novelas… sin imágenes) y MP3’s, no hay muchas más opciones.
No deja de ser una agenda electrónica sencilla con algunas funciones interesantes.

- El software para PC es Malo. Está más orientado a “venderte” libros y audio-libros con que rellenar tu Franklin que a permitirte interactuar con el hardware.
Es una lástima que un apartado que debiera multiplicar las posibilidades de uso al final resulte un cuello de botella para el potencial del producto.
El software permite hacer “copias de seguridad” de nuestros cambios, algo a tener en cuenta en caso de que tengamos que “resetearlo”.

- 50 ridículos Mb libres. Al precio al que están las memorias SD es insultante que el producto venga de fábrica con sólo 50 megas libres para rellenar con libros y audio.
Usar una tarjeta SD en el único slot libre para rellenarla con PDF’s y MP3’s es algo básico y necesario. Como nota:
la transmisión de datos Franklin-PC es muy Lenta, es mejor “llenar” y “vaciar” la tarjeta SD con nuestro contenido usando el ordenador directamente (vía adaptador USB para tarjetas SD o ranuras de expansión).

Conclusión

Podría añadir que echo de menos un ratón y luz en la pantalla, pero para eso me hubiese comprado un ASUS EEE, que costaba sólo 80€ más, le hubiese instalado software a capricho y podría además conectarme a Internet vía WiFi y ver películas.

Si necesitas un buen diccionario electrónico que quepa en tu bolsillo, no se “coma” las pilas y tenga algunas prestaciones extras muy útiles, el Franklin 1900 es tu opción (a comparar con la competencia directa que supone el Casio EW-G5500).

Las versiones anteriores de Franklin (la 1660 por ejemplo), que funcionan con cartuchos/memorias ROM en lugar de tarjetas SD, no son comparables en flexibilidad y potencial de uso, pero cuestan un 40% menos -algo a tener en cuenta-.

Resumiendo: aunque no me haya comprado el ASUS EEE porque era demasiado grande y las baterías le duraban una miseria –snif, snif-, estoy muy feliz con mi Franklin 1900-LDS.

Altamente recomendable si el alemán “forma” parte de tu vida.

Kur und Kurschatten

Posted in xanfarin.com on February 11th, 2008 by Xan

“Kur”: tratamiento, cura; generalmente referido a una corta estancia en un balneario.
jemanden zur Kur schicken”: prescribir o recetar una estancia en un balneario a alguien.
“Kurschatten”: (usado con ironía) “sombra de cura”; persona del sexo contrario (o afín) que durante la estancia en un balneario acompaña constantemente a otro paciente.

Cualquier trabajador alemán puede teóricamente, bajo prescripción facultativa, irse a un balneario con todos los gastos pagados durante unas semanas una vez cada cierto número de años.
Un mes de “Kur” no cuenta como vacaciones: es una especia de “baja laboral” con tratamiento incluido.

Estrés, depresión, melancolía, obesidad… si tu medico considera que lo necesitas, puedes pedirlo.
La melancolía, enfermedad romántica donde las haya, que afecta al “alma” y mina la productividad de quienes la padecen es un causa perfecta para un “Kur”.

Los funcionarios públicos lo tienen algo más fácil por el tema de la prioridad y las listas de espera, pero en principio es un derecho común a todo trabajador.
La realidad confirma que las redes personales, enchufes y “mafias” (amistosas) se encargan de priorizar quien disfruta de estos “Kur” y con qué frecuencia lo hace. Si tienes buenos contactos con uno o varios médicos, todo es más fácil.

El tema de los balnearios en Alemania daría para escribir un libro. Son toda una institución.

La extensa red balnearios con los Kur y demás parafernalia junto con el sistema de clubs (Verein) que vertebran la vida social de la mayoría de los alemanes, pertenecen a esa Alemania que ningún turista o Erasmus percibirá jamás.

La mayoría de los alemanes adultos han pasado al menos una vez por un balneario. No es sólo porque el estado pague las estancias en ellos (modelo Kur) o sean elegidos como destinos para vacaciones alternativas: forman parte de la tradición y de la economía.

Hay muchísimos balnearios repartidos por todo el país y, por supuesto, conforman un lobby de presión impresionante.

A pesar del fiasco y caos de la sanidad alemana y de la profunda crisis económica que aqueja al país causada por los costes de la unificación alemana, el coste de sufragar una gran parte de los fondos europeos de cohesión, la recesión mundial, el prohibitivo precio del petróleo, etc., los balnearios siguen siendo parte importante del entramado de la seguridad social alemana. Un lujo a prueba de “crisis”.

¿Por qué?

Los “Kur” suelen tener lugar en los balnearios más alejados del lugar de residencia del paciente. Es parte de su valor terapéutico: aislarte de tu entorno y ofrecerte un espacio “diferente”.
Las personas con hijos pueden llevarlos y estos son cuidados y entretenidos por especialistas: durante unas semanas a ti te miman y alguien se encarga de tus retoños.

Cuando alguien es recetado con un balneario, dada la casi total imposibilidad de recibirlo al mismo tiempo que, en caso de tenerla, su pareja, acude solo a su terapia. Las parejas suelen obtener descuentos en caso de querer compartir estancia… pero la idea es ir solo.

Un mes sin trabajo, sin hijos, sin pareja. Un mes comiendo cosas sanas en cantidades adecuadas (algo a valorar muchísimo en la cada vez más obesa Alemania). Con deporte, masajes, saunas, piscinas… cursos o talleres anti-stress, apoyo en la superación de crisis etc.

Los balnearios están situados en sitio preciosos donde pasear, meditar y “regenerarte”.

Todo ideal.

La figura de lo/as Kurschatten (“sombra de cura”) entra en juego dentro de este idealismo terapéutico: tener una “aventura” en un balneario es tan usual que existe un concepto específico para denominar a estos compañeros-amantes de un mes.

Aventuras románticas en entornos ideales, alejados del mundanal ruido, rodeados de cierto anonimato y con el silencio tácito pactado por las mutuas responsabilidades de los amantes en sus respectivos hogares: tras el Kur cada amante –sombra- vuelve a su vida. El hecho de que ambos miembros de una pareja puedan disfrutar de estos Kur ayuda a eliminar tensiones y susceptibilidades (hoy vas tú, pero mañana voy yo…).

Los Kur no implican devaneos per se: son una terapia. La aventura es “potencial”.

El hecho de que a estos balnearios sólo acudan trabajadores adultos en solitario y que en los balnearios no haya “mucho que hacer”, favorece la aparición de estas aventuras costeadas por el estado.

Mini-vacaciones pagadas, una aventura, comida sana, deporte… la cura perfecta para la melancolía, el estrés o una depresión. Al menos una cura durante un tiempo… hasta el próximo Kur.

Algunos lo ven como un “premio” a varios años de trabajo, otros, como un decadente despilfarro heredado de la agonizante “sociedad del bienestar”.

Los Kur son sencillamente una “puesta a punto” a cualquier precio -affaires amorosos incluidos- para que la gente siga siendo productiva. Así de sencillo.

Son una zanahoria más o menos apetecible que ayuda a que el estado mantenga a más personas “felices” y “operativas” de forma que puedan cotizar y pagar sus impuestos durante el máximo tiempo posible.

Todos felices y contentos, o al menos pensando en el siguiente Kur… o recordando en las último.