Kur und Kurschatten
Posted in xanfarin.com on February 11th, 2008 by Xan“Kur”: tratamiento, cura; generalmente referido a una corta estancia en un balneario.
“jemanden zur Kur schicken”: prescribir o recetar una estancia en un balneario a alguien.
“Kurschatten”: (usado con ironía) “sombra de cura”; persona del sexo contrario (o afín) que durante la estancia en un balneario acompaña constantemente a otro paciente.
Cualquier trabajador alemán puede teóricamente, bajo prescripción facultativa, irse a un balneario con todos los gastos pagados durante unas semanas una vez cada cierto número de años.
Un mes de “Kur” no cuenta como vacaciones: es una especia de “baja laboral” con tratamiento incluido.
Estrés, depresión, melancolía, obesidad… si tu medico considera que lo necesitas, puedes pedirlo.
La melancolía, enfermedad romántica donde las haya, que afecta al “alma” y mina la productividad de quienes la padecen es un causa perfecta para un “Kur”.
Los funcionarios públicos lo tienen algo más fácil por el tema de la prioridad y las listas de espera, pero en principio es un derecho común a todo trabajador.
La realidad confirma que las redes personales, enchufes y “mafias” (amistosas) se encargan de priorizar quien disfruta de estos “Kur” y con qué frecuencia lo hace. Si tienes buenos contactos con uno o varios médicos, todo es más fácil.
El tema de los balnearios en Alemania daría para escribir un libro. Son toda una institución.
La extensa red balnearios con los Kur y demás parafernalia junto con el sistema de clubs (Verein) que vertebran la vida social de la mayoría de los alemanes, pertenecen a esa Alemania que ningún turista o Erasmus percibirá jamás.
La mayoría de los alemanes adultos han pasado al menos una vez por un balneario. No es sólo porque el estado pague las estancias en ellos (modelo Kur) o sean elegidos como destinos para vacaciones alternativas: forman parte de la tradición y de la economía.
Hay muchísimos balnearios repartidos por todo el país y, por supuesto, conforman un lobby de presión impresionante.
A pesar del fiasco y caos de la sanidad alemana y de la profunda crisis económica que aqueja al país causada por los costes de la unificación alemana, el coste de sufragar una gran parte de los fondos europeos de cohesión, la recesión mundial, el prohibitivo precio del petróleo, etc., los balnearios siguen siendo parte importante del entramado de la seguridad social alemana. Un lujo a prueba de “crisis”.
¿Por qué?
Los “Kur” suelen tener lugar en los balnearios más alejados del lugar de residencia del paciente. Es parte de su valor terapéutico: aislarte de tu entorno y ofrecerte un espacio “diferente”.
Las personas con hijos pueden llevarlos y estos son cuidados y entretenidos por especialistas: durante unas semanas a ti te miman y alguien se encarga de tus retoños.
Cuando alguien es recetado con un balneario, dada la casi total imposibilidad de recibirlo al mismo tiempo que, en caso de tenerla, su pareja, acude solo a su terapia. Las parejas suelen obtener descuentos en caso de querer compartir estancia… pero la idea es ir solo.
Un mes sin trabajo, sin hijos, sin pareja. Un mes comiendo cosas sanas en cantidades adecuadas (algo a valorar muchísimo en la cada vez más obesa Alemania). Con deporte, masajes, saunas, piscinas… cursos o talleres anti-stress, apoyo en la superación de crisis etc.
Los balnearios están situados en sitio preciosos donde pasear, meditar y “regenerarte”.
Todo ideal.
La figura de lo/as Kurschatten (“sombra de cura”) entra en juego dentro de este idealismo terapéutico: tener una “aventura” en un balneario es tan usual que existe un concepto específico para denominar a estos compañeros-amantes de un mes.
Aventuras románticas en entornos ideales, alejados del mundanal ruido, rodeados de cierto anonimato y con el silencio tácito pactado por las mutuas responsabilidades de los amantes en sus respectivos hogares: tras el Kur cada amante –sombra- vuelve a su vida. El hecho de que ambos miembros de una pareja puedan disfrutar de estos Kur ayuda a eliminar tensiones y susceptibilidades (hoy vas tú, pero mañana voy yo…).
Los Kur no implican devaneos per se: son una terapia. La aventura es “potencial”.
El hecho de que a estos balnearios sólo acudan trabajadores adultos en solitario y que en los balnearios no haya “mucho que hacer”, favorece la aparición de estas aventuras costeadas por el estado.
Mini-vacaciones pagadas, una aventura, comida sana, deporte… la cura perfecta para la melancolía, el estrés o una depresión. Al menos una cura durante un tiempo… hasta el próximo Kur.
Algunos lo ven como un “premio” a varios años de trabajo, otros, como un decadente despilfarro heredado de la agonizante “sociedad del bienestar”.
Los Kur son sencillamente una “puesta a punto” a cualquier precio -affaires amorosos incluidos- para que la gente siga siendo productiva. Así de sencillo.
Son una zanahoria más o menos apetecible que ayuda a que el estado mantenga a más personas “felices” y “operativas” de forma que puedan cotizar y pagar sus impuestos durante el máximo tiempo posible.
Todos felices y contentos, o al menos pensando en el siguiente Kur… o recordando en las último.