Sobre huracanes y robos de bicicletas
Posted in xanfarin.com on March 5th, 2008 by XanMe han robado la (otra) bici. Van tres.
La primera MTB, candada a una señal de tráfico, la robaron delante de un puesto de policía una noche con tormenta de nieve.
La última fue este fin de semana en el que hemos disfrutado de un mini huracán.
Supongo, por suponer, que habrá sido alguna de las mafias locales que se dedican al negocio de las bicis: los días en los que la gente se encierra en casa –nieve, tormentas, huracanes- pasan de madrugada con camiones y se llevan un par de bicis de cada calle en la que paran.
Las limpian, modifican, ponen etiquetas nuevas para luzcan mejor y sean menos reconocibles, y las llevan a vender a Holanda, Bélgica o sencillamente otra ciudad.
El mal tiempo facilita que tardes en poner la denuncia: no añoras tus ruedas hasta que las necesitas. También facilita que la gente esté refugiada en su casa y nadie se dé cuenta de qué sucede.
Münster es “La Ciudad de la Bicis”: 650.000 bicicletas llenan sus calles. Estadísticamente hay dos por habitante. El 35% del desplazamiento urbano se realiza en bici. Todas las calles tienen bici carriles (uno por acera; unidireccionales).
El robo de bicis, dado que generalmente “duermen” en las calles, es la cosa más normal del mundo. A cualquier estudiante alemán le habrán robado al menos dos o tres bicicletas a lo largo de su vida antes de que termine su carrera o antes de que tenga un garaje o trastero seguro donde guardarlas.
La “última” bici acababa de cumplir dos años.
La sensación de impotencia cuando sales de casa por la mañana con las llaves de tu candado en la mano y ves un espacio vacío allí donde debiera estar tu bici no tiene precio. A la pérdida, hay que sumar el llegar tarde esa mañana a todas tus citas: sin bicicleta, la ciudad con sus casitas de tres plantas se vuelve gigantesca.
La echaré de menos.
Vuelvo a usar mi bici “holandesa”. Es enorme, pesa muchísimo, se frena desde los pedales, tiene sólo cuatro marchas, carece de amortiguación y tengo que tomar impulso para empezar a andar con ella… Frenar y maniobrar es toda una aventura. Las cuestas se vuelven un infierno. Me encanta.
Por lo demás, bien. Gracias.