¿Por qué?

Ésa es la pregunta que hoy se hacía todo el mundo en Europa al despertar con las portadas de la ejecución de Isaías Carrasco por parte de sicarios de ETA.

Cuando un montón de hijos de puta –algunos de ellos, tus convecinos- recaban información sobre tu vida y rutinas.
Cuando otros hijos de puta deciden que eres un peón en sus patéticos intentos de aprendiz de Maquiavelo.
Cuando algunos hijos de puta que viven de matar -porque ya no saben hacer otra cosa- te matan.
Cuando una muchedumbre de hijos de puta calla ante tu asesinato o, peor aún, lo justifica o se alegra de tu muerte.

Entonces, es muy difícil responder a los porqués.

En Alemania, hace 60 años, había “personas” que espiaban y denunciaban a sus vecinos; “personas” que decidían quién vivía y quién moría; “personas” que ejercían el oficio de verdugos; “personas” que formaban parte de una mayoría silenciosa y “personas” que aplaudían la situación. El resto, eran víctimas.

ETA ha ejecutado al más puro estilo mafioso a una persona para salir en las portadas de los periódicos. Una persona ha muerto. Y todos los demás somos víctimas de este ataque fascista.

ETA, y todos los que por ella se sienten representados, no podía participar políticamente en estas elecciones. Entre otros motivos, porque como argumento político asesina gente.

El “porqué” de este asesinato es sencillo. Dice claramente: “Estamos aquí y contamos”.
Para darle énfasis a esta afirmación han puesto el punto sobre la “i” con disparos, y han firmado con un charco de sangre en el suelo.

A ellos, la publicidad internacional (increíblemente negativa para ETA) les ha costado una caja de balas.

A Isaías le ha costado la vida.

Sólo alguien muy ciego, muy enfermo y/o muy ignorante es incapaz de reconocer el valor que tiene una vida humana.
Sólo alguien muy ciego, muy enfermo y/o muy ignorante puede pensar que este, u otros, asesinatos sirven o servirán para algo más que deslegitimar a quien los ordena, perpetra, justifica o aplaude.

Convivimos con gente ciega, enferma e ignorante. Y somos sus víctimas.
Convivimos con una minoría fascista que pretende por la vía de la violencia y el miedo imponer su visión de la realidad. Y somos sus víctimas.
Convivimos con gente que nos espía, delata, agrede y asesina. Y somos sus víctimas.

Id a votar.

Formad parte de la estadística que dice a los asesinos y su entorno “estáis solos y sois pocos”.

Cumplid con vuestra parte del contrato social: Votad a vuestro partido, al “mal menor”, o a un absurdo. Votad en blanco o nulo… da igual. Votad.

Los fascistas ejercen su poder con la violencia y el miedo. Los demócratas los hacemos con los votos.

Quizá nuestro sistema no sea el mejor del mundo, pero frente a las pistolas y las balas, nuestra única opción política es una papeleta y un sobre.

Úsalos y vota.

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