Libre por un mes

Ayer tuve una “clase maestra” (cada doctorando en antropología daba una este semestre) en mi tema de investigación. Tres horas de presentación y muchísimas preguntas. Debate interesante.

Todos somos doctorandos/ profesores, así que el nivel era bastante aceptable.

Mi inglés agoniza. Tuve que morderme la lengua para no hablar alemán y aún así se me escaparon expresiones y palabros varios.

Portátil, proyector, pizarra, colección de fotografías y parafernalia religiosa. Todo unido a tres horas de “chapa” con cinco minutos de descanso.

Ahora soy libre: oficialmente empiezan mis vacaciones.

Dado que tengo una mudanza pendiente y mover cuatro años de residencia en Alemania no va  a ser nada fácil –incluye una cocina completa y personalizar la nueva casa- los planes de vacaciones se congelan.

Hoy me marcho con mi kayak. Brilla el sol y me apetece muchísimo “perderme”.

Una de las cosas que más me gustan de Alemania es lo “salvaje” que es. Los ríos están llenos de vida que incluyen desde cientos de patos, gansos y demás aves acuáticas –incluyo cisnes- a, depende de la zona, castores y ciervos en las orillas.
Sólo tienes que alejarte diez minutos en bicicleta de la ciudad y hay bosques con ciervos y faisanes –y las temibles garrapatas locales- viviendo en paz y tranquilidad.

Mi plan original era marcharme a Polonia a perderme en unos de los bosques más viejos de Europa.
Ahora tendré que buscar planes alternativos y combinarlos con pintar la casa nueva, montar la cocina, empaquetar mi vida y organizar una mudanza. Otro verano en el que “mi casa” fagocita mis vacaciones.

Al menos esta vez no tengo la presión de tener que elegir a mi nuevo psicópata/mejor amigo compañer@ de piso: Un mes de ansiedad y un año entero para arrepentirte más o menos de tu decisión.

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