60 litros

16 July, 2008 (08:51) | Personal | By Xan

La reforma de la nueva casa está consumiendo muchos más recursos de lo esperado. El principal: Tiempo.

En Alemania -al menos en mi región- la costumbre es empapelar las paredes con una muestra de papel de “revestir” granulado de grosor medio. Después se pinta: Primero de blanco y luego de algo “creativo”.

El “arte” de la persona que pone el papel marcará a los nuevos inquilinos -siempre me refiero a casas de alquiler- durante décadas. Cada inquilino dejará su impronta en forma de capa de pintura. Cuando las capas se acumulan en demasía, se cambia el papel (que ya se habrá medio caído por su propio peso).

En mi caso había varios problemas causados por esta tendencia “artística”.

El papel es muy viejo, el activo del pegamento que lo sostiene es algo así como “homeopático”, las paredes estaban llenas de apaños (pegotes de papel) y reformas posteriores, amén de agujeros y moho en los techos/esquinas. Y colores que te hacían desear ser daltónico.
Dejar todo listo para la “primera mano” llevo tiempo. Mucho.

Con la primera capa de pintura el papel se fue despegando aquí y allá al humedecerse… Hubo que esperar a que secara, pegarlo, esperar y volver a pintar.

Pintura anti-bacteria para baño y cocina y ultra-blanca y ultra-densa (teórica “una-mano”) para el resto. A razón de casi un litro de pintura por metro cuadrado de piso (el granulado setentero se “bebía”, literalmente, la pintura). Y éso sólo para blanquear…

El dueño de la casa que vive en el piso de abajo y tiene la tenebrosa constumbre de quitarse la ropa para trabajar (camiseta de tirantes de abuelo, pantalón encintados a la altura del costillar, calcetines de invierno marrones en verano y pantuflas) solía hacer siempre las reparaciones… es de la “vieja guardia”. Una especie de “Pepe Gotera y Otilio” teutón, jubilado, dueño de varias casas en alquiler en la ciudad y amo y señor de demasiado tiempo libre.

Desde que empezó la obra sube a casa todos los días a controlar los avances, dar consejos y “ayudar”. Ayudar generalmente implica deshacer parte del trabajo para “mejorarlo”. Desde hace días, con la excusa de las obras, la puerta de la casa está cerrada con llave por dentro y y la electricidad está desconectada para que no suene el timbre y no pueda entrar a “ayudar”.
Éso sí, sólo hay que comentar que algo está “mal” para que lo cambie o solucione; todas sus herramientas están disponibles y como supervisa el avance de las obras cada mañana con el amanecer, te encuentras con gratas sorpresas como un aspirador industrial para limpiar el suelo, las puertas puestas o quitadas en función de tus planes de trabajo, regalos de material (lo que implica que controla qué se usa y en qué cantidades… lalala) o el calendario mensual para sacar la basura de reformas a la calle. Vieja guardia.

Si todo va bien esta semana la casa estará lista y tras una semana de vacaciones empezará la mudanza.

Parece seguro que después de todos los problemas con la “vieja” compañía de teléfonos para finalizar el contrato -desde negar haber recibido faxes burocráticos a decir que los contratos no se pueden finalizar un domingo… absurdo- no habrá telefono ni Internet durante las primeras semanas de agosto. Antes de contratar la nueva línea había que asegurarse de estar “libre” de la anterior.
Ahora mismo lo único que deseo es que brille el sol para irme con el kayak de viaje.