Última semana en La Habitación Azul

Aún no sé como llamar a la nueva casa. ¿La Casa Con Enorme Balcón? Será mi cuarta residencia en Alemania.

Las cosas avanzan pero están consumiendo una cantidad increíble de energía, recursos, tiempo y paciencia.

Consejo: Jamás, jamás, jamás intentes organizar algún evento vital personal complicado (como la renovación de tu casa o tu mudanza) cuando uno o más alemanes (con los que pretendas seguir después en “armonía”) tengan que formar parte activa del proceso. Todo, absolutamente todo, se convertirá en (1) trabajo ó (2) problemas [usualmente ambos].

Si son jubilados -como mi ‘casero’- tendrán su “sistema” de hacer las cosas y mucho tiempo libre.
En su caso “todo” se puede arreglar con trozos de papel granulado para decorar, pegamento y capas de pintura. Las ventanas de aluminio, especialmente las alemanas instaladas en los años 60′, son místicas y precisan de adoración diaria. Aunque no seas creyente, en esta variación pagana de algún ancestral culto local, debes inclinarte y murmurar gracias al “Hacedor de Ventanas y a su Peón Ayudante Técnico Instalador de Categoría III”.
El factor tiempo es terrible: Tiene todo el día libre para idear en cómo “ayudarte” y mejorar tu “experiencia de usuario/inquilino”.

La sensación al encontrar huellas negras de dedazos grasientos de “alguien” (evidentemente, él) en tus paredes tras gastarte más de 100€ en pintura blanca y pasarte una semana pintando tu piso es indescriptible. El que se haya dedicado a “engrasar” las bisagras de las puertas  aprovechando que se van a pintar los marcos (¿?) te importa poco cuando tienes que (1) localizar y (2) volver a pasar el rodillo de pintura por su múltiple y casualmente desparramada “ayuda”.

Tienden a ser muy activos sobre las 6AM y es fácil librarse de ellos tras las 18:00 -o a la hora de la siesta. Los días alemanes en mi región duran ahora unas 20 horas: Se puede ajustar el biorritmo y la jornada de trabajo para no coincidir con ellos.

Si son de mediana edad -caso del padre de la Chica de la Habitación Naranja”- tendrán su “sistema” y poco tiempo.
Generalmente querrán hacerlo todo de la misma forma que han hecho todo en los últimos cuarenta años; da igual los resultados o si las situaciones son extrapolables. El dinero -su dinero- se supone lo soluciona todo y su ayuda, consejos y regalos han de ser aceptados -y venerados- sin rechistar bajo pena de ofensa capital.

El factor tiempo es terrible: Trabajan -oh! Ellos- y quieren hacerlo todo al salir de Su Trabajo -da igual a qué te dediques tú y cuáles sean tus planes-. En su defecto quieren quedar en tu casa los sábados por la mañana a las 8AM.

Lo hacen todo en coche: Nada de andar ni de usar bicicletas. Da igual la distacia a recorrer o el objetivo del desplazamiento. Esperan loas y genuflexiones ante la rapidez de sus cuatro ruedas y a la eficacia de su “sistema” (tienen un  sistema hasta para establecer recorridos con carrito en los almacenes de material de construcción… [véase ‘Meet the Parents’ (2000)/ Jack Byrnes]

Una de las muchas cosas malas que tienen los regalos en general es que te ponen en situación de “débito”.
Recibir un regalo es como contraer una deuda… Hay que controlar quién te regala qué y qué consecuencias tendrá. Dependiendo de la situación pueden ser desde un soborno a un anzuelo. La gente no regala altruísticamente: Los regalos son un ejercicio de contrucción de la propia identidad y una manera baratísima de generar estatus, distancia y jerarquía social. Los machos alfa disfrutan enormemente estas oportunidades para exhibir su “pecho”, “plumaje” u “órganos reproductores”.

Otra de las cosas malas de los regalos es que implícitamente imponen la cosmovisión sobre la vida -y tu persona- que el “regalador” tiene. Repito: La gente no regala altruisticamente. Los regalos son una herramienta de poder para imponerte un modelo social y económico (y si te descuidas religioso); una forma de colar “algo extraño” en tu realidad y dejarlo ahí enquistado, acechante. Desde un florero horrible, favores o servicios a la basura acumulada en el desván del “regalador” que hace 30 años quizá fuese el ‘no va más’ pero que hoy en día es Basura sin ni siquiera el encanto de lo “retro”.

La cortesía y la encrucijada social (miedo a usar un violento “No”…) son el resquicio que los regalos usan para colarse en tu vida. Témelos o corre el riesgo de verte rodeado de cosas que no te gustan, no necesitas y no puedes quemar.
Ten la seguridad de que siempre, siempre, siempre los “regalos” se acaban pagando. A veces muy caros. Ningún regalo es lo que parece. Palabra de antropólogo.
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Que conste que creo que los regalos son un mecanismo maravilloso para construir y reforzar relaciones a corto, medio y largo plazo. Y que estar en deuda -o lo contrario- puede ser una forma muy satisfactoria de relación. Todo depende de con quién y de cuándo y cómo se espere la retribución…
En mi caso es evidente que estos regalos no requeridos -y complicados de rechazar- tomarán forma de servidumbre y/o la obligación de participar en rituales familiares. Una cosa es ayudar de forma puntual a alguien y/o “apuntarte” a una celebración X y otra que no te quede más remedio porque alguien te ha “comprado”.
En caso de chantaje emocional: Se rudo. Un cierto aura de asociabilidad es más efectivo a medio y largo plazo para tu plácida digestión que las mejores sales de fruta.
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Si son jóvenes -caso de mis amigos- carecen de “sistemas” y su tiempo libre está sincronizado con el factor clima, especialmente ahora que la tendencia es pasar el verano en otro continente si no se quiere parecer un “palurdo”.

Usualmente lo dedican a trabajar, estudiar, beber cerveza, ver la tele y otras cosas absurdas que hacen los jóvenes de hoy en día. Si no avisas con una semana de antelación -la “etiqueta” dice que un mes- será demasiado tarde y tendrán otros planes (o al menos una excusa más o menos válida).

En estos días los que no están escribiendo sus tesis están trabajando a destajo para pagarse sus vacaciones a la conchinchina -literalmente- o disfrutando de ellas.
Gracias a la crisis y a algunos dioses menores queda la suficiente mano de obra no especializada para llevar a cabo la mudanza sin sobresaltos.

Hoy se termina todo lo que tiene que ver con “pintura” y se inicia la fase “moqueta”.
Mañana llega la fase “taladro” (con corolario de muebles y lámparas). Y pasado mañana la fase “limpieza general pre-mudanza”.

La fase “sacrificio de vírgenes teutonas” / “fiesta de inauguración” se pospone hasta tener las camas montadas y una nevera operativa (o en su defecto el plato de la ducha lleno de cubitos de hielo).

Es curioso que mi potencial de felicidad diario dependa de (1) el clima y (2) de no tropezarme con ningúno de los ‘machos alfa’ que invaden mi vida ultimamente con el fin de hacerme favores/regalos.

A veces, en momentos de desesperación cuántica, envidio a esos afortunados que sólo han vivido en una o dos casas y su concepto de mudanza se limita a cambiar sus cosas de habitación según hermanos mayores/padres han ido abandonando -siendo expulsados- el hogar ancestral.

Gracias a los cielos éste no es uno de esos momentos: Vivo a 300 metros del Canal, son las 6:30AM y ya brilla el sol con fuerza. Tengo un kayak precioso y apenas queda nada que pintar en mi nueva casa.

En cuanto termine con mis “deberes” hay un lago con una isla en el medio que me está llamando “a gritos”.

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