Paranoia eléctrica
El año pasado la factura eléctrica de mi casa se duplicó en menos de doce meses.
En Alemania, al menos en mi región, cada casa o piso tiene una tarifa eléctrica mensual asignada según estadísticas o uso anterior. Cada seis meses la compañia responsable hace un cálculo del gasto y se paga la diferencia. Si la diferencia es muy grande el siguiente semestre aumenta el cobro mensual.
En mi anterior casa sufrimos dos eventos: Subida nacional de la tarifa eléctrica y compañeros de piso nuevos. Ellos y su consumo eléctrico fueron determinantes en la subida de la factura mensual: Una sola persona consumía como las otras tres. Tú vives como siempre pero pasas a pagar el doble porque un descerebrado comparte techo y horno contigo.
Al mudarme a la casa nueva reducir el consumo eléctrico se volvió una prioridad: Consumir de más es como quemar billetes. Además, la casa estaba por encima del presupuesto inicial y ahorrar en gastos absurdos fue el medio de autoengañarme para mudarme a una urbanización ideal de la muerte de las afueras.
La Fase 1 consistió en sustituir todas las lámparas y bombillas de la casa.
De un consumo potencial en lámparas superior a 1000W pasé a 300W., paradójicamente, aumentando en el proceso la luminosidad de la casa. Las lámparas nuevas llegaron, previo pago (ridículamente barato), vía eBay. En mi caso sustituí una “araña” de varios focos de luz (50Wx6= 300W) por una gigacosa halógena de ahorro energético de 65W con una luminosidad similar a la anterior (superior).
Por contrato y uso la lavadora fue instalada en el sótano de la nueva casa donde se tiende y seca la ropa (en Alemania es mucho más cálido y seco que al aire libre, aunque la ropa huele a lavandería/sótano con tendederos).
Supuso librarse de “muerto” porque la lavadora tiene diez años y, además de devorar electricidad, es un tanto ruidosa. El sotano, al igual que las farolas del jardín o la escalera, usa electricidad general.
La Fase 2 consistió en renovar electrodomésticos problemáticos.
Nueva cafetera y calentador de agua con base eléctrica han ayudado ha “liberar” de uso a la vitrocerámica (cuando tu compañero de piso acostumbra a dejar el café haciéndose mientras se ducha para tenerlo listo a la salida, suelen suceder dos cosas: Gasto eléctrico excesivo y una costra de café carbonizado en la placa vitrocerámica).
La Fase 3 se refiere a la calefacción.
Tengo calefacción central y cada radiador tiene un emisor de radiofrecuencia que transmite al panel central cuándo y cuánto se usa. Es la primer vez que veo algo así en una casa.
Un tercio de la mensualidad se dedica al pago de la calefacción, que en función del consumo se ajusta cada año (como con la electricidad, sólo que incluído en el precio del alquiler).
Por ahora sigo la máxima alemana de “evitar calentar las calles” (calefacción con ventanas abiertas) y he aislado los bajos de las puertas (más que por el frío por las arañas como puños que se colaban por ellos desde el desván o el sótano).
Uno de los problemas de vivir en casas unifamiliares rodeadas de jardín es que la pérdida de calor es mayor. Por no hablar de los mosquitos y todo lo que se cuela por las ventanas (por ahora lo mejor han sido las libelúlas y lo peor una familia de cochinillas -que acabaron siendo alimento de mis plantas carnívoras).
La diferencia de consumo energético mensual con respecto a hace unos meses es de 100€.
Las soluciones clave han sido (1) Librarme de compañeros de piso acostumbrados a que mami se ocupe de las facturas y (2) optimizar la casa.
Odio sentirme como un imbécil cuando a cierre de semestre llegan las facturas y las diferencias de consumo y subsecuentes pagos te hacen preguntarte cómo demonios una casa puede consumir tantos recursos.
