Pronóstico del tiempo: Mínimas -12, máximas -6
Para poder ir en bicicleta al examen bajé a las 7AM con una jarra llena de agua caliente a descongelar la bicicleta y el candado: Hace Frio.
Por la mañana todos los jubilados del barrio estaban super felices limpiando de nieve su porción de calle y echando sal para evitar futuras rupturas de cadera. Tras desinflar un poco las ruedas para no patinar en el hielo me fui tranquilamente a recorrer la ciudad antes del examen. El único peligro estaba en los bordillos de las aceras cubiertos por la nieve.
Todo muy zen: Nieve, cielos azules, jóvenes teutonas con la nariz roja, el lago helado, bicicletas, gente andando en bicicleta por el lago helado…
Todo ha sido perfecto escepto mi examen.
Hace un mes mis deseos consistían en pulir fallos, automatizar gramática e implantar en mi cerebro una estructura para “producir texto” donde el tema diese igual. El problema hace tiempo que dejó de ser el alemán: Lo es el tiempo para completar el examen.
Necesitas “saber” sin necesidad de “pensar”. No hay tiempo para correcciones y cada fallo resta puntos. Si logras alcanzar el nivel de respuesta automática, se acaban los problemas.
Mi media en el examen de prueba hace un mes fue 84% y entonces aún tenía algo más de tres semanas para preparar la metodología. Hoy esperaba pasar del 90% y librarme en el proceso del siempre “molesto” examen oral.
No ha habido suerte. Dos semanas en La Comarca, el vuelo cancelado con todas sus horas perdidas y la fiesta de Año Nuevo con resaca incluída han pasado factura.
Tras un año preparando un examen esperas cierta sensación de satisfacción al terminarlo. Por un lado barruntas un resultado acorde al tiempo y energías invertidos, por otro, tu ego necesita remuneración: Todos esos días encerrado en la biblioteca memorizando Funktionsverbgefüge, nominalizando y verbalizando tienen que sublimarse en un papel con sellos, firmas y logos oficiales. Al final, lo único que queda es un tanto por ciento.
Tras cuatro horas de examen mi ego ha salido bastante vapuleado y dudo mucho que el resultado refleje algo más allá de la pifia -obligada- que ha supuesto volverme a casa justo antes del examen.
Resultados en dos días.
Habrá gente llorando en los pasillos porque al suspender no les renuevan la visa y tendrán que regresar a su país (Georgia suele ser el destino más “lacrimógeno”) y no podrán estudiar en la universidad. Adios al “sueño alemán”.
Los que aprueben luego se darán la “bofetada” en el primer semestre en la universidad. Una cosa es ser “el mejor” en tu clase de inmigrantes y otra escribir exámenes o hacer una presentación delante de 200 nativos.
Lo dicho, dos días.
