Hoy he empezado chino

20 April, 2009 (15:31) | Chino, Doctorado/s | By Xan

Acabo de tener mi primera clase de chino.

Cancelar el viaje a casa al menos ha servido para asegurar mi plaza y tener un programa intensivo el resto del semestre. El curso es “gratis” pero ha salido bastante caro: me quedo sin familia, amigos y gata durantevarios meses.

Aprender chino desde alemán será cuanto menos interesante :)

[Si alguien ha estudiado mandarin y tiene consejos, direcciones web o materiales interesantes que compartir, se los agradeceré mucho mucho mucho].

La sensación es extraña; una mezcla de excitación ante un nuevo reto y un vacío en el estómago ante el vértigo de meterme con otro idioma, uno además que no brilla por su facilidad.

Me gustaría decir que aprender idiomas se vuelve más fácil con el paso del tiempo, pero no es así. Al menos no para mí. Son como un parto, y luego atiendes con cariño a la “criaturita” o se fuga la muy bellaca.
Los idiomas, al margen de los maternos y de mi adicción a las etimologías, nunca me han interesado en demasía: los considero una herramienta de comunicación/trabajo.

Oficialmente, el chino será mi sexto idioma.

Por “nacimiento” vengo con dos idiomas de “fábrica” (es un decir, lo suyo me ha costado aprenderlos, cosas de la dislexia). Aprendí inglés leyendo manuales de software y libros de Pratchett, y viendo películas y teleseries, y viajando. Lo mejoré muchísimo en un curso intensivo de tres meses antes de marcharme a vivir a Suecia y siguió “creciendo” al enrolarme en mi programa de estudios en Alemania. Las clases de inglés academico me permitieron escribir una tesis en inglés bastante digna. Mi doctorado y vida académica transcurren en inglés, mi tercera lengua.

Indonesio llegó en forma de idioma obligatorio en un máster de dos años (sistema “Bolonia”, terminado mucho antes de que empezaran todas las protestas) con evaluación semestral y un exámen final para obtener el perfil académico.

El indonseio no me “entusiasma”, durante un mes lo compaginé indonesio con thai mientras me decidía por uno u otro. Thai, a pesar de mi predisposición inicial, es un idioma tonal con una grafía relativamente complicada: quedó desbancado rápidamente en favor del indonesio,  un idioma con una gramática sencillísima, escrito con caracteres latinos y muchos préstamos del portugués y del inglés.

Fue una decisión “estratétiga”: estudiando en Alemania en inglés, aprender Thai era como hacer malabares mientras caminas sobre la cuerda floja. Indonesio era caminar por la cuerda floja llevando un paraguas en la mano (además, mi tesis en ese momento se centraba en los Dani de Papúa, por lo que el indonesio me vino de perlas para poder leer ensayos recientes sobre el tema).

Recibí una beca de estudios del gobierno indonesio para irme un año a Yogyakarta, la ciudad más pijo-hippy de Indonesia, llena de artistas, bohemios y otras gentes de mal vivir.  Y mucho sol. La alegría fue indescriptible.

Al mismo tiempo recibí una invitación para hacer mi doctorado.

Muchas veces, especialmente durante los días más grises del invierno alemán en los que apenas hay unas horas de sol que nunca llegas a ver, llueve todo el tiempo, nadie sonríe y te alimentas de latas de conserva y fruta congelada porque no tienes ni ánimos ni energías para salir a la calle… En esos días, me planteo qué hubiese sido de mí de no haber rechazado esa beca. Y me pregunto porqué porqué porqué porqué vivo en Alemania y no en un paraíso tropical. Uno donde hacer surf y bucear, lleno de ninfas extranjeras deseosas de intercambiar fluidos sin mayores pretensiones emocionales. Ains.

Tras un año y tres meses de intensivo intensivo que acabaron el pasado enero, aprendí alemán y obtuve mi título oficial, lo que ahora me permite estudiar cualquier cosa en una universidad alemana en alemán. Entre otras cosas: chino.

Así que chino va a ser mi sexto idioma oficial.

Mi grupo étnico, los Iu Mien (‘Yao’) pertenecen a los Zhonghua minzu, una de las 56 nacionalidades chinas residentes en China o migradas a otros países. Aunque tiene su propia lengua (Mien) y aprenden la lengua del país en el que residen (Lao, por ejemplo) mantienen el chino clásico como elemento básico de su religión y cultura.

Al final de este semestre espero poder leer y pronunciar los nombres más importantes del panteón daoista Yao, las genealogías de mi grupo étnico, y me propongo memorizar un par de relatos breves (diez o quince líneas por relato) sobre sus orígenes. Todo lo anterior está evidentemente traducido al inglés y repetido hasta el hartazgo en cientos de trabajos académicos, pero saber entenderlo en chino me parece básico. Amén de seguir el ritmo de las clases y pasar los exámenes de fin curso para poder matricularme en el siguiente nivel…

Si todo sale según está planeado, hoy es el primer día de una tarea que va ocupar mi tiempo libre durante los próximos años. Sin prisa, sin pausas.