Plagas y más plagas
En alemán, ese maravilloso idioma con “conceptos” para denominar las cosas más absurdas, se dice que alguien tiene el pulgar verde (“der grüne Daumen”) cuando “se le dan bien las plantas” (así, en genérico).
Cuando me mudé a la nueva casa, hace casi un año, los siete metros de ventanas exteriores de mi habitación con sus correspindientes Fensterbänke (=alféizar) se dedicaron casi enteramente “a plantas” (desde plantas carnívoras a orquídeas).
Aún estoy soprendido del “equilibrio interior” que aporta algo tan “sencillo” como cultivar seres vivos en macetas.
En el balcón tengo un arbolito que ha sobrevivido al invierno y a mi poda: una arbusto de Märchenrosen®, un rosal con rosas al estilo de los cuentos de hadas.
Es el culpable de que me sienta como un ender cualquiera tras dedicarme a exterminar metódicamente la segunda plaga que lo estaba asolando.
La primera consistió en un bichito palo increíblemente curioso que a primera vista parecía Främling y como tal fue aceptado en el micro universo del Balcón. Tras unos un par de semanas pude constatar que el bichito palo era más bien Djur. Demasiado tarde: se había marchado tras merendarse los brotes de al menos diez o quince futuras rosas.
La segunda plaga fueron pulgones. Sanos, enormes, increíblemente gordos y voraces pulgones.
Un cepillo de dientes liberó los brotes más prometedores de la jauría que estaba fagocitándolos. La guerra química llegó de manos del spray para fregar los platos: un par de lluvias de jabón diluído se encargaron de llevar a cabo el genocidio. Toda la colonia de pulgones fue eliminada: sus cadáveres terminaron sacándose al sol.
Agua de tabaco (hebras de tabaco cocidas y filtradas) usada como riego se encargó de dotar de armamento pesado anti-pulgones a mi planta. Si algún pulgón osa drenar de nuevo la savia de mi rosal, la nicotina que ahora fluye por ella se encargará de que sea lo último que pruebe.
Gracias a eBay, una solución más duradera está en camino: cintas adhesivas impregnadas de un veneno que afecta sólo a los pulgones. Se pegan a la base de las ramas como si fuese un parche cutáneo y la proteccion pasa a toda la planta. Son efectivas durante muchos meses.
Hace un año, mi única compañía vegetal era un Lucky Bambu que bastaba regar una vez al mes, hoy estoy dispuesto a terminar de una forma horrible una floreciente civilización de seres vivos por un rosal. Mi rosal.
Curioso.

“You’re lovely, but you’re empty,” he went on. “One couldn’t die for you. Of course an ordinary passerby would think my rose looked just like you. But my rose, all on her own, is more important than you altogether, since she’s the one I’ve watered. Since she’s the one I put under glass. Since she’s the one I sheltered behind a screen. Since she’s the one for whom I killed the caterpillars (except for two or three for butterflies). Since’s she the one I listened to when she complained, or when she boasted, or even sometimes when she said nothing at all. Since she’s my rose.”
