Entre todos lo mataron, él solo se murió

26 June, 2009 (07:27) | Xanfarin.com | By Xan

Ha muerto Michael Jackson. Me lo dijo Twitter, en susurros. Google comentaba que quizá sólo estaba dormido.

De madrugada nadie se atrevía a confirmarlo pero todo el mundo citaba a quienes lo afirmaban: muerto. Parada cardiaca.

Mientras en el hospital familia y empresas ultimaban la declaración oficial, la policia registraba la casa de Michael y encontraba drogas de tipo A, B y C, basicamente todo lo que te puedes ‘meter en vena’: desde painkillers para caballo a cocaina, pasando por un amplio espectro de antidepresivos.

Dentro de un mes se iniciaba la increiblemente absurda ronda de 50 conciertos que marcaba el “regreso” de Wacko Jacko.

50 conciertos que inicialmente iban a ser 10. Las entradas agotadas, reventas a 1000 libras esterlinas y 400 millones de dólares entre deudas e interesesobraron el ‘milagro’: la multiplicación de los conciertos hasta sobrepasar su límite humano.

Detrás de su esperado regreso estaba un Sony jodiéndole la vida desde hace 20 años para hacerse con su paquete completo de derechos de canciones, una familia de pirañas hambrientas, años de juicios, niños hijos de puta, medios ávidos de portadas amarillas… y un adolescente de 50 años hundido existencialmente.

Michael Jackson, ese niño perdido buscando construir un Nunca Jamás en un mundo lleno de piratas.

Todo el mundo sabía que Michel Jackson no podía  volver a los escenarios, al menos no a 50 escenarios: su constitución física era lamentable tras años de depresión, abuso y dependencia farmacológica y un cuerpo tan desgastado que el mero hecho de existir ya le suponía un esfuerzo.

Pánico escénico lo llaman: en un mes empezaban los conciertos. Angustia vital, terror al fracaso, soledad y un montón de aves de rapiña volando en círculos esperando ganar con el triunfo o los despojos. No era la primera vez que Michael sufría un ataque de pánico tan grave para tener que ser hospitalizado, será la última.

Hay un viejo dicho japonés que dice: “Clavo que asoma la cabeza recibe martillazo”. A Michael Jackson le aplicaron un martillo pilón durante toda su vida.

Vivimos en un mundo mezquino que necesita matar a sus mitos: muertos son adorados, vivos nos recuerdan nuestra mediocridad.