Muchas cosas, pocas cosas
El mega proyecto chachi guay de varias universidades, profesores y doctorandos se ha ido al garete: el año académico termina dentro de dos meses y la carne estaba muy poco hecha.
El riesgo era perder un año fiscal y que la gente se descolgase en el proceso. La solución: sálvese el que pueda. Cada universidad presenta un paquete de proyectos.
Me afecta directamente de dos formas bastante negativas:
- De ser parte de un mega-proyecto que protegía a los doctorandos bajo sus alas pasamos a presentar proyectos individuales compitiendo entre nosotros. Las alas protectoras disminuyen sustantialmente en tamaño y además me encuentro presentando un “todo” en vez de integrarme como una sencilla “parte”.
- Asomo la cabeza. Antes era un doctorando más; la ‘cuota de extrangero’. Ahora me toca defender que pinta un españolito escribiendo en inglés en una universidad alemana sobre una etnia de origen chino en Laos. ‘Globalización’ no vale como respuesta.
Clavo que asoma la cabeza recibe martillazo. Preferiría ser la cuota de extrangero y limitarme a defender mi área de estudio en vez de tener que defender mi legitimidad para estudiarla.
En el mejor de los casos mi proyecto se convertirá en un contrato de investigación de tres años con todas las ventajas que ello implica, en el peor, tendré que plantearme qué hacer con mi vida.
Este proyecto es como un examen: hace cinco años decidí reorientar mi vida más o menos radicalmente en aras de una “felicidad sostenible”.
Si “apruebo” lo entenderé como que mis decisiones y la forma de llevarlas acabo han sido acertadas. Si “suspendo” tocará un periodo de reflexión y análisis sobre las causas internas y externas del fracaso (un “fracaso” relativo, el mero hecho de haber sido invitado a presentar el proyecto, ya es un triunfo).
Estoy un poco “chof” y relativamente estresado (todo esto sucede junto con mi vida y las clases de chino).
Por lo demás bien, gracias.
