Laos a la vuelta de la esquina: Tiempo de Cambios

20 August, 2009 (15:33) | Xanfarin.com | By Xan

La probabilidadesde que me mude a Laos (Sudeste Asiático) próximamente, por una temporada, acaban de aumentar exponencialmente. Hoy es un día para marcar en el calendario.

Está por dilucidar si a capital de país o de provincia, si en línea recta o con stop-over.

La fecha de partida es flexible pero será dentro de este mismo año; billete abierto, probable regreso -también temporal- en la primavera del año que viene.

Lo ideal sería salir a mediados de noviembre, vía Singapur o Bangkok. Destino preferido: Luang Prabang, con Vientiane como segunda opción. Ambas tienen ventajas e inconvenientes.

Objetivo: curso intensivo de Lao y preparación de mi trabajo de campo para el 2010-11.

Por un lado me da una pereza horrible: por fin tengo una casa “a medida” -lo suyo costó- en la que ni siquiera he “hecho” un año; y todo es fácil; y mis orquídeas son cada día más espectaculares; y he conseguido desarrollar algunas rutinas (tiro con arco, por ejemplo); y tengo un armario enorme y un ático aún mayor lleno de cosas; y me saludan en el ropero de los antros industrialosos; y La Chica de la Habitación Naranja hace un café a la crema increíble-ble; y su sonrisa hace que el clima alemán te parezca tropical en lo peor del invierno.

Pienso en despertame en una cama extraña, en una ciudad extraña, en un país extraño… y me da pereza. Me da pereza meterme en el estudio intensivo de otro idioma: aún no me he recuperado de mi año de alemán.

Pienso en estar solo en el centro de una ciudad llena de desconocidos a miles de kilómetros de mi familia y amigos… y me da más pereza aún.

Mis baterías emocionales están bajo mínimos, llevo demasiado tiempo usando la reserva mientras los “deadlines” importantesdelamuerteosea se suceden y suspendo vuelos a casa, y me encierro fines de semana, y paso noches en vela cuyos frutos tardarán años en ver la luz. La zanahoria está muy lejos de mi hocico.

Por otro lado estoy deseando irme:  coger mi mochila, pasaporte y empezar a andar. Sin parar. Que cada instante y cada decisión cuenten; sentir de nuevo que cada segundo es importante y que a la vuelta de cada esquina hay una sorpresa.

Estoy deseando navegar por el Mekong, pasar algunos días en algún templo budista en las montañas del Triángulo del Oro y quizá escaparme a alguna playa en Vietnam unos días.  Estoy deseando comer en la calle alguna de esas sopas absurdas con bolas de pasta de pescado servidas en palangana de plástico de puesto callejero. Apartarme de mi camino para que pase un elefante. Sentarme a mirar cómo crece el arroz en las laderas de las colinas…

Dejarme mecer por las ondas del Cambio.

Si todo sigue su curso, me marcharé en unos meses.

Ahora mismo toda mi energía se centra en terminar el proyecto que se supone financiará mis próximos tres años de existencia y encaminará mi trayectoria profesional hacia ese Valhalla académico atendido por jóvenes antropólogas de primer año con el que todos soñamos antes de perdernos en la fiebre del oro de las publicaciones y el ego.

Ahora mismo quiero disfrutar de lo que tengo mientras aún lo tengo.

Necesito dinero, un billete barato y un seguro a todo riesgo internacional. No en ese orden.