Coches ardiendo: la antorcha de la extrema izquierda alemana
Los coches de lujo son un clásico símbolo de éxito y poder adquisitivo, especialmente en Alemania, uno de los referentes mundiales en diseño y fabricación de coches. También son el objetivo de los ataques de los grupos “anti-capitalistas” o “anarquistas” de extrema izquierda alemanes.
BMW (“Bewegung für militanten Widerstand”), movimiento por la resistencia militante, se ha atribuído muchos de los ataques en Berlín: coches de lujo con un coste medio de 35.000€ y seguros a todo riesgo, aunque la mayoría son “acciones autónomas” de jóvenes anárquicos desconectados entre sí atacando por su cuenta, una pesadilla para la policia.
Para desgracia de muchos berlineses, demasiados de los coches quemados eran sencillos VW Polo, Ford Escorts ó Smart ForTwos: “herramientas de trabajo” con seguros estándar.
Mientras que los jóvenes de París montán tradicionales barricadas en las calles, los de Atenas adoran los cócteles molotov y en Budapest los ataques con huevos… en Berlín queman coches.
No es una nueva moda: en Berlín se hace desde hace muchos años. La crisis y la “redistribución social” de Berlin desde que es capital (ricos y empresas al centro, pobres a las afueras) parecen haber disparado la tendencia. Los extremismos crecen con las dificultades sociales y aunque no cualitativamente comparables, cuantitativamente tanto la extrema izquierda como la extrema derecha han dado “un estirón” en los últimos cinco años. Pero repito: la extrema izquierda alemana tiene una larga tradición quema-coches.
El último coche quemado ardió el pasado martes 29.09.
Contador de coches quemados en Berlin: 395 [01.10.09]
Mercedes……….81
VW……….51
BMW……….45
Audi……….30
Marca desconocida……….37
Háganse una idea visual de esos 395 coches quemados viendo el Mapa de coches quemando en Berlín:
La metodología para la quema de coches es sencilla y libre de riesgos: se compran unas cajas de “pastillas” para iniciar barbacoas (de venta en cualquier supermercado), de combustión lenta y relativamente potente que permite inciar el fuego y desaparecer antes de que el humo y las primeras llamas aparezcan, y se colocan, por ejemplo, debajo del coche-objetivo, o -en caso de haberlo- se meten en el hueco entre parabrillas y capo. Al cabo de un cuarto de hora, un Porsche de última generación se estará convirtiendo en una hoguera y al día siguiente habrá un nuevo geo-localizador en el mapa de brennende-autos.de.
El sistema es “seguro”: aún no hay detenidos. La policia, éso sí, aconseja no dejar “durmiendo” los coches de lujo en las calles de la zona Friedrichshain-Kreuzberg (ver mapa: es la zona con mayor concetración de geo-localizadores :p )
En días festivos como el “May Day” (1º de Mayo) las quemas vandálicas se disparan. Y además hay una creciente “competición” entre “anti-sistema” de Hamburgo y Berlín que aumenta la tendencia.
Causas… Muchas.
Quemar coches es escupir en la cara a uno de los “motores” de Alemania: la fabricación de automóviles; es una forma de intentar “asustar” a los ricos para que dejen de “ocupar” algunas zonas de Berlín; una manera de “atacar” al creciente “aburguesamiento” de una ciudad que antes era considera bastante “punk”. También tiene que ver con la construcción de la personalidad de unos adolescentes que ven la quema de coches como una especie de rito de iniciación o un medio para mostrar o asegurar su “pertenencia” a un grupo. A veces, sencillamente son una forma sublimar la rabia cuando el paro y la desesperanza minan el futuro.
Cada coche quemado cuenta una historia diferente.
¿Sirve de algo quemar coches?
Yo he vivido la quema de cabinas telefónicas, papeleras, cajeros automáticos y coches franceses (boicot a la Francia ‘colaboracionista’) en La Comarca: compañeros de instituto “anarquistas” (‘borrokas‘) luchando contra el sistema a golpe de mechero. Telefónica se forró, literalmente, reponiendo cabinas gracias a esta pandilla de idiotas. Lo de quemar papeleras… era algo incoherente con el discuso “verde”, pero ardían facilmente y dejaban la calle llena de un plástico amarillo gratificantemente derretido. Los cajeros los pagaban los seguros y los coches “franceses” quemados muchas veces pertenecían a vasco-franceses o vascos exiliados (o familiares) durante el franquismo.
Resumiendo: No sirvió absolutamente para nada. Bueno, servía para constatar lo imbécil que puede llegar a ser un ‘borroka’. Cuando no se puede o se sabe crear, es mucho más fácil destruir (además, está la ’satisfacción inmediata’ que aportan las “acciones de calle”).
Los coches de lujo en Alemania tienen super-seguros a todo riesgo: te queman uno, te dan otro. Así de sencillo. Pierdes las pertenencias personales que tengas dentro del coche (y mucho tiempo de ‘papeleo’). Nadie quiere mala publicidad: ni las compañias de seguros ni los fabricantes, los dos grandes beneficiados, ponen pegas al proceso.
Al margen del elemento económico, quemar un coche dobla el daño al medio ambiente: el consumidor “gasta” dos coches en vez de uno. Doble ración de hipocresía e incoherencia “verdes”.
Política, social y económicante, quemar coches tiene exáctamente el efecto contrario al que supuestamente se quiere provocar. El único “valor” de la quema de los coches está en la satisfacción que aporta al que los quema y a su entorno de palmoteadores: 100% pura masturbación.
395 coches quemados y subiendo.


