Cinco años en Alemania

3 October, 2009 (15:36) | Personal | By Xan

Hace oficialmente cinco años que llegué a Alemania: Lo hago coincidir con la unificación alemana para asegurar la festividad (la diferencia es cuestión de ‘horas’, estoy seguro de que no pasan de 96 :p ).

Recuerdo perfectamente mi “llegada” porque reunió un cúmulo increíble de despropósitos:

- la noche de trasbordo en vela en Stansted (puente aéreo a Düsseldorf) compungido por un SMS de despedida untado en curare enviado en el peor momento posible;
- mover de país en país, de aeropuerto en aeropuerto y de estación de trenes en estación de trenes un maletón, la megamochila del laptop, una bolsa con mi MTB sueca (y diverso material deportivo como mi patines) y una funda absurdamente enorme con mi colección de películas en CD/DVD. Todo junto andaría por los 70 kilos (mover la bici en su bolsa era lo peor) y creo que pocas veces he terminado más agotado en toda mi vida: los últimos 400 metros los tuve que hacer en pausas de 50 pasos;
- mi MTB sueca llegó rota por la compañia aérea durante el último vuelo;
- mi plaza de alojamiento en los apartamentos de la universidad quedó anulada por la incompetencia de mi banco para realizar una transferencia internacional;
- mi primera Panasonic digital se “averió” nada más sacar las primeras fotos en Münster, “robándome” la ilusión de parecer ocupado en una ciudad extraña donde no conocía nada ni a dadie;
- mis primeras noches, durmiendo en una habitación de Youth Hostel para seis personas, solo.

Recuerdo mi primera noche de “fiesta” en solitario, el mismo día de mi llegada, hablando en inglés con porteros de pubs que me avisaban de que los militares ingleses no “eramos” (WTF!) bienvenidos y que en caso de pelea avisarían directamente a la policia militar. Y recuerdo la segunda noche de fiesta, acompañado de mi primer y futuro compañero de clase neozelandés… y a los mismos porteros prohibiéndonos la entrada porque mi colega había estado tocando el trasero a algunas alemanas -en su primera noche- hasta que lo echaron tras iniciar una pelea (pequeñas diferencias culturales…).

Era la época en la que los ingleses aún tenían una ‘guarnición completa’ en la ciudad (restos de la ocupación tras la 2ºGM) y casi todas las noches había peleas entre universitarios alemanes y soldados ingleses borrachos (filosofía 1Pint/1Fight). Era la época en la que aún había 50.000 universitarios y la universidad aún era gratis.

Luego empezó el curso, me mudé a vivir por un tiempo a una romántica granja de caballos en las afueras y terminé por hacerme con lo que sería mi apartamento-hogar por un año: ahí “empezó” mi vida en Münster. Por fin pude desempacar todas mis cosas y conectarme (otra epopeya) a Internet.

Cinco años en Alemania determinados por las calles o el color de las habitaciones en las que he vivido, con La Habitación Azul de Sophienstrasse protagonizando la mayor parte de la “historia”.

Cinco años en Alemania que han pasado volando: Máster. Fiestas WG. Fiestas fiestas. Líos de faldas. Líos con psicópatas. Mi primera ceja rota en un concierto punk-rock. La Chica de la Habitación Naranja. Doctorado. Intensivo de alemán. Proyecto Eterno.Vacaciones “volantes” en bici. Tiro con arco. Kayaking. Visitas a Casa. Viajes por Alemania. Viajes por Europa. Nuevos Amigos. Muchos adioses…

Lo mejor: el “hueco vital” que he encontrado entre mi familia adoptiva, mis nuevos amigos y mi segunda socialización -un proceso inacabable- transformándome  en cierta manera en “Münsteraner“.
Mis nuevos estudios han cubierto en gran parte la necesidad vital que me trajo a Alemania… a la vez que han generado muchísimas nuevas necesidades :)

Alemania era un país que deseaba comprehender para “aproximarme” a nuestra historia más reciente: entiendo muchísimo mejor “Europa” desde que vivo en Alemania y estoy rodeado de gente de todas partes. Alemán e inglés, y todas la fuentes que venían con ellos, han sido “llaves maestras” en este proceso.

Lo peor: el “Evento” creo que fue la vez que disfrazado de ‘hippy’ para una fiesta de temática flower-power en casa de unos amigos en el extrarradio de la ciudad, un grupo de neo-nazis que me encontré por el camino estuvo decidiendo si perdonarme la vida o no. El hecho de que nunca se enterasen de que además de “hippy” era extranjero y tener mi bicicleta conmigo, me salvaron de, cuanto menos, una soberana paliza.

La “situación”, sin duda, fue cuando salí por una de las cadenas alemanas de televisón haciendo, literalmente, el gilipollas. Gracias a los dioses del acero mi aparición en antena está editada al 70% y no se me escucha balbucear alemán (fue justo cuando empecé a estudiarlo). Una experiencia, espero, irrepetible. No todos los días una productora pone a tu disposición vuelos, chófer, catering y un asistente para que hagas el ridículo antes varios millones de personas. La comida bávara, en la sede de la productora, fue toda una experiencia y estoy convencido de que conocí a gente, de alguna forma, famosa. Es una de esas experiencias que resulta complicado olvidar.

El “cambio mental” que menos me gusta del “nuevo yo”, tiene que ver con la falta de interés -curiosidad- por la gente: no sé cuantos “nuevos mejores amigos” he tenido en los últimos años. Gente maravillosa que entra en tu vida, se hace hueco, y se marcha a su país/casa/próximo destino dejándote emocionalmente como un queso Emmentaler. Mi nivel de “asociabilidad” ha aumentando un 500%. Suena horrible, pero sencillamente estoy cansado de conocer gente y estoy “consumido” por dejar escapar porciones de mi “ser social” a lo largo y ancho del mundo, atesoradas -o no- por gente que es pasajera de mi vida durante preciosos días, meses o años.
Nada que no se cure con unas vacaciones de muchos meses, un proyecto/trabajo motivador y/o chicas suecas.

Sólo puedo decir que estos cinco años de mi vida han sido -probablemente- los más intensos e interesantes de ella.

Añoro muchísimo mi vida en La Comarca. Y es un sentimiento creciente.

Desde cosas pequeñas como hablar sin pensar (sin casos, género, número ni tener que buscar la palabra adecuada…) o el olor de mi gata y su nariz fría cuando me despierta por las mañanas a cosas más abstractas como no ser siempre un (el) extranjero o la sensación de sentirte ‘completo’, recuperando una parte enorme de ti al rodearte de gente (amigos, familia) que atesora y complementa gran parte de tu identidad social. Estar lejos de Casa es estar Incompleto.

De las “nuevas sensaciones” que han ido aflorando, creo que la más intensa se refiere a la conciencia del paso del tiempo: vas a Casa una vez al año y te encuentras con nueva familia balbuceante  que en tu siguiente visita son monstruos destructores correteantes. Mientras algunos crecen, otros se hacen mayores (bonito eufemismo):  manos que cuidaron de ti están ahora arrugadas; observas la fuerza perdida y ese cansancio que ya no se arregla durmiendo. Me estoy perdiendo la llegada de algunos y me estoy perdiendo la última oportunidad de disfrutar de muchos otros. Lo que genera mucha ansiedad vital.

Puede parecer absurdo, pero la muerte de Michael Jackson, Patrick Swayze y tantos otros que han caído en lo que va de año, no ha hecho sino aumentar esta idea de “paso acelerado del tiempo”. Tempus fucking fugit.

Por un lado, salgo de fiesta y la niña que me pone las copas ha nacido en 1990: Yo estaba viendo Bailando con Lobos, Nikita, Temblores o Die Hard II mientras ella manchaba sus primeros pañales. Da que pensar. ¿Qué fue de Tanya Roberts? ¿Christina Applegate? ¿Patsy Kensit? De mi querida Traci Lords… De ¡Leia!
Por otro… Creces con Chris Knight (Real Genius), Madmartigan (Willow) y Ice (Top Gun) y un día te despiertas desayunando con la barriga de Val Kilmer. Es todo un trauma xD

En fin. Cinco años en Alemania.

Todo apunta a que los próximos cinco pasarán por Laos (incluyo China, Tailandia y Vietnam), así que la “diversión” y las nuevas calles y habitaciones en que residir están aseguradas.

Ains… Parece que fue ayer cuando dije au revoir a La Comarca.