Jack Wolfskin o cómo ‘cagarla’ con tus relaciones públicas (II)
Actualizado 21.10:
Jack Wolfskin o cómo ‘cagarla’ I
Jack Wolfskin o cómo ‘cagarla’ III
Se llamaba Einstein. Era un gato callejero que decidió fijar su residencia en una casa donde era bien recibido y le daban de comer. Durante varios años vagó por las calles volviendo siempre a Su Casa. Allí siempre hacía calor, siempre había comida y siempre encontraba cariño y un sofá donde dormitar.
Einstein murió dejando tras de sí un agujero de afecto difícil de rellenar, algunas poses robadas en una cámara digital y algunas huellas en una alfombra.
Las huellas, encontradas tras su muerte, produjeron algunas lágrimas de recuerdo y dieron lugar a una forma de inmortalidad: la dueña de Einstein las convirtió en una muestra para máquina de coser. Las máquinas de coser modernas aceptan imágenes digitales que luego reproducen a la perfección en cualquier tejido… Einstein y sus patitas pasaron a decorar la ropa de todos los que escuchaban su historia.
Esta muestra para programar máquinas de coser le ha costado a su creadora una demanda de 750€: Jack Wolfskin afirma tener los derechos sobre las pisadas de Einstein.
Es absurdo. Es injusto. Y los casos y las historias personales siguen acumulándose.
Muchos medios online ya se hacen eco de la noticia: La bola de nieve empieza a coger masa crítica y una multitud intenta hacerla rodar colina abajo.
Spiegel Online: Jack Wolfskin mahnt Bastler wegen Tatzen-Mustern ab
Focus Digital: Abmahnwelle gegen Hobby-Designer
Die Tageszeitung: Jack Wolfskin gegen Hobby-Designer
Werbeblogger: Dawanda und Jack Wolfskin
SOQ Magazine: Blogger empört über Jack Wolfskin
LogoLook: Jack Wolfskin Logo – Na wem gehört denn jetzt die Tatze?
Ayer, la comunidad Linux en Alemania pedía a sus usuarios la devolución de una campaña de regalos de ropa comprada a Jack Wolfskin y que incluía (por encargo) el logo de Linux/la campaña. Rogaban a aquellos que ya habían recibido sus paquetes por correo que los fuesen devolviendo para poder destruir su contenido. Así de rotundo y así de sencillo.
Las búsquedas de Jack Wolfskin en Google (Alemania) ya arrojan como tercer resultado (y casi todos los siguientes) el caso de las denuncias.
Resumo la historia (o léase el inicio):
Jack Wolfskin, una empresa alemana referente mundial de productos “outdoor”, está denunciando a ‘diseñadores indie’ (mayormente amas de casa y universitarias) por usar “huellas de cuadrúpedo depredador” (gato en el 100% de los casos hasta ahora) en diseños que ofertaban en Dawanda, una tienda online para ‘diseño indie’ (todos los productos tienen que ser “artesanales”).
Hablamos de gente que en algunos casos ni siquiera ha llegado a vender su producto (lo tenían publicitado) o ha vendido sólo un producto (los demás tenían otros motivos). Hablamos de gente que diseña y produce artesanalmente, como hobby. Sus creaciones son tan personalizadas que a veces se limitan a un solo ejemplar. Hablamos de gente que ha usado huellas de gato y ha sido denunciada por un gigante económico cuyo logo/marca es una huella de lobo.
Un espejo de mano diseñado usando una tela decorada con un motivo de huellas de gato tiene una demanda de 911€. Unos pendientes que usaban una tela similar recibieron otra demanda de 859€. Telas legalmente compradas (y libres de derechos) a Michael Miller Fabrics en los EUA.
Jolyon Yates, una joven diseñadora inglesa hizo pegatinas con las huellas de su gata Princess: otra demanda. Las huellas de Einstein convertidas en patrón para máquina de coser han costado 750€.
Parece casi una campaña de acoso y derribo a los amantes de los gatos.
El listado de demandados crece cada día y la demanda en sí mismo es ‘sólo’ una parte del problema.
En la legislación alemana, una carta-demanda (“Cease & Desist letters“) otorga un plazo de respuesta dos semanas para aceptar las condiciones y una tercera para efectuar el pago. Fuera de estos plazos, sólo resta prepararse para ir a juicio.
Las cantidades a pagar son un porcentaje reducido de los “daños potenciales causados”, en caso de ir a juicio, la demanda incluye el montante completo: puedes pagar, por ejemplo, 911€ y cerrar la demanda inicial o ir a un juicio en el que se te exigirán 15.000€ más las costas en caso de perder (y al menos un año de tu vida sin dormir dedicado 100% a tu defensa).
Aceptar pagar implica (1) asumir la comisión de la falta por la que eres denunciado y (2) todas las cláusulas que el demandante considere oportunas. Usualmente tan draconianas que implican una salida del mercado de facto, que quedes marcado de por vida (las cláusulas tienen una vigencia de 25 años).
Esto es, Jack Wolfskin afirma que un producto que tú has diseñado y has decorado usando huellas de gato en realidad presenta huellas de lobo y te denuncia porque afirma poseer todos los derechos sobre las huellas de los lobos. Curioso.
La opción A es pagar una multa y cambiar de hobby; tras aceptar la demanda, cualquier nuevo error de fondo o forma significará una multa inicial de 10.000€.
La opción B es ir a juicio contra una mega-corporación y su gabinete de abogados especialistas en pleitos de este tipo.
Sólo puedo decir que toda la situación es enfermiza a la par que ‘vigorizante’: Lo peor de algunas personas hace que aflore lo mejor de otras.
Todo lo referente a las demandas de Jack Wolfskin me parece despreciable, sin embargo, el comportamiento de la gente en Internet está siendo maravilloso. Hay una ‘piña’ de afecto, apoyo y protección.
El “ruido” está creciendo de una forma realmente increíble: en apenas unos días hemos pasado de un foro de freaks a medios online de cierto peso como Focus Digital o Spiegel Online involucrados totalmente con el caso. El salto a las televisiones está al caer.
Se están abriendo cuentas bancarias para reunir dinero para las defensas legales y se venden todo tipo de productos cuyos beneficios integros van destinados al mismo fin.
Jack Wolfskin está hundiendo su prestigio en pleno inicio de la campaña estival. De nada sirve invertir dinero en “causas justas” y “ecológicas” si luego vas meándote en amas de casa y estudiantes para marcar tu territorio.

Uno de los muchos chistes que empiezan a circular por Internet
_______________________________
La Chica de la Habitación Naranja cerró su tienda en Dawanda ayer. Su tienda era un proyecto personal donde poner a la venta diseños textiles creados por ella misma en su tiempo libre.
Un año de trabajo ganándose a base de esfuerzo y saber hacer un 100% de evaluaciones y comentarios positivos en sus productos, trato con la gente y manera de trabajar. Su perfil de vendedora era envidiable. Un año que incluyó inversiones (una nueva máquina de coser ‘profesional’), importar telas de medio mundo, visitas a mercados especializados, mucho estudio (es lo que tienen las personalidades obsesivas :p) y sobre todo, muchísimo tiempo y esfuerzo.
Hace ya meses que empezó a recibir encargos específicos de clientes satisfechos (grupies!) que querían (sus) productos 100% personalizados. Hace meses que empezó a publicar manuales ‘paso-paso’ libres de derechos para confeccionar varios de sus productos más ‘sencillos’ de forma que otras personas que empezaban lo tuviesen más fácil. Hace meses que algunas personas no tan capaces empezaron a copiar -y vender- algunos de sus diseños más originales, lo que no deja de ser una forma de “homenaje” :)
Era un hobby: su pequeña tienda online. Una forma de dar salida a su creatividad (y de librarnos de las cajas llenas de ‘creaciones’ que se iban acumulando). Los “beneficios” que ha obtenido con su “negocio” han cubierto todos los costes con creces y han dejado un pequeño remanente. Nunca fue una cuestión de dinero: Era más bien una manera ‘sana’ de sobrevivir al invierno alemán, de tener las manos ocupadas mientras la mente vagaba libre. De crear cosas nuevas que antes no estaban ahí, que no existían. De hacer magia.
Vivimos puerta con puerta y he sido testigo del proceso desde el principio: desde su primer diseño y la alegría de su primera venta, a los metódicos clicks de ratón que han borrado uno a uno hasta el último resto de su presencia online.
Parte de la identidad social de una persona maravillosa ha sido borrada porque a algunas personas horribles con mucho dinero y pocos escrúpulos las huellas de un gato les parecen huellas de lobo. Es tragicamente cómico, pero hace años que no quedan lobos en libertad en Alemania: Los cazaron a todos hasta su exterminio sin que personas que hoy visten orgullosos sus huellas -o dicen poseerlas- hiciesen demasiado para impedirlo.
Hoy han sido huellas de un gato (“lobo”), mañana serían sirenas pelirrojas, manzanas mordidas o una palabra con dueño. Da igual, ya no es divertido. El mar se ha llenado de tiburones hambrientos y es cuestión de tiempo que detecten que hay más bañistas pateando las aguas indefensos. De hecho, todo esto parece una caza de brujas a la vieja usanza, con los abogados haciendo el papel de la Inquisición y ninguna garantía de salir indemne a pesar de tu inocencia. Huellas de gato… terrible acusación.
La Chica de la Habitación Naranja seguirá con su ‘isla en la Red’ desde la que comunicarse con su grupo freaks-artesanos que se intercambian productos hechos a mano (desde mermelada o licores a joyas de cristal o servicios profesionales). Seguirá con su hobby en su tiempo libre y todos volveremos a recibir un montón de regalos absurdos, como antes de existir su tienda. Añoraré los SMS a su móvil con el anuncio de una nueva venta y las sonrisas que provocaban, y recordaré para siempre los clicks de ratón y la mirada decidida que terminaron con un proyecto apasionante.


