Jack Wolfskin o cómo ‘cagarla’ con tus relaciones públicas (IV)
El reciente ataque legal a los ‘diseñadores indie’ ha sacado a la luz las prácticas de “márketing” de Jack Wolfskin: desde hace años se dedica a perseguir por todo Europa a todo aquél que use “huellas” de gato, perro, oso o lobo en su marca.

Logo de Jack Wolfskin
Como empresa, Jack Wolfskin, fundada en 1981, es una de las marcas europeas más importantes de ropa y equipamento ‘outdoor’ con una expansión creciente en los mercados asiáticos (especialmente Japón) y de Europa del Este (por ejemplo, Rusia). Sus productos han pasado de ser comprados por viajeros y aventureros a convertirse en moda urbana (‘casual wear’) y un claro marcador de estatus social (alta calidad, altísimos precios).
El caso “Jack Wolfskin contra los ‘diseñadores indie’ ” ha publicitado dos aspectos muy negativos de la marca:
1º que su manufactura, a pesar de presumir del “made in Germany”, se realiza mayormente en Thailandia y Vietnam sin ningún tipo de control externo ni transparencia;
2º que a pesar de presumir de ser una “empresa ecológica” presenta incoherencias profundas como la construcción de un centro logístico de 30.000m2 en la reserva natural “Moore bei Buxtehude” en Neu Wulmstorf (Alemania), famosa por su alto valor ornitológico.
Actualmente, de los muchos juicios en los que Jack Wolfskin se ha visto o se está viendo inmerso, brillan por su evidente injusticia varios casos:
- Caso Kelme
Kelme es una marca española de ropa deportiva fundada en 1977 con fuerte presencia internacional. Jack Wolfskin, a pesar de crearse como empresa posteriormete, registró primero su huella de lobo. Desde el “renacimiento” de Kelme en el año 2008 (al ser parcialmente ‘esponsorizada’ por la comunidad valenciana) la marca ha buscado asentarse como referente en material deportivo en Europa, lo que provocó la colisión directa con Jack Wolfskin que estaba haciendo exáctamente lo mismo con sus productos ‘outdoor’.
Así es: Jack Wolfskin está enfrentado a una empresa española. El juicio por los derechos de uso de la “huella de lobo”, tras ser imposible llegar a un acuerdo, se inició en el primer trimestre del 2009 y todavía sigue en curso.
- Caso Nienborg
El castillo de Nienborg, en Nienborg, Münsterland (Alemania) ostenta desde 1668 en su escudo de armas y sello una huella de lobo. Este escudo de armas y sello es el emblema de la ciudad y forma parte de su identidad e imágenes corporativa y turística. Desde las señales de “Bienvenido a Nienborg” hasta los bolígrafos con el logo serigrafíado que se usan en el ayuntamiento.
Esta huella de lobo (vínculada a los gremios artesanles medievales) es un símbolo histórico muy querido por toda la ciudad.
Jack Wolfskin, fundada en 1981, está en juicio con(tra) la ciudad por el derecho de uso de un emblema que data de 1668.
- Caso Fressnapf
Fressnapf es una conocida empresa alemana dedicada ‘a las mascotas’ (alimentación de gatos y perros mayormente). En su momento usaba huellas de perros y gatos en sus catálogos… hasta que llegaron los abogados de Jack Wolfskin.
Recibieron una de las cartas-demanda y ahora mismo están en juicio. Fressnapf ha tenido que quitar todas “patas” de sus catálogos y web durante el transcurso del juicio.
Se trata de una mega-cadena con tiendas por toda Alemania, así que la sentencia tendrá claras repercusiones.
- Caso Taz
En 1979, el diseñador Roland Matticzk creó el logo “Tazzen”, la “huella de lobo” para el “Taz”, el diario alemán ‘Die Tageszaitung‘.
Este logotipo es el “original”. Más tarde, un “calco” con algunas variaciones sería usado -y registrado- desde 1982 por Jack Wolfskin.
Desde el año 2002, tras perder un juicio contra Jack Wolfskin, el diario Taz tiene prohibido comercializar merchandise con su logo, aunque es libre de mantenerlo como marca.

Logo Taz - Logo Jack Wolfskin
El caso Taz es quizás el más sangrante de todo: el diseño original fue creado expresamente para ellos y les quitaron su libre uso en los tribunales por no registar el logo: no lo consideraron necesario.
Jack Wolfskin copió (con algunas variaciones) el logo de Taz, lo registró (1982), los demandó y ganó el juicio.
- Caso Bearwear
Bearwear es una compañia especializada en ropa para la comunidad gay (camisetas para “osos”) con sede en los Países Bajos que en estos momentos defiende la huella de oso de su marca contra una demanda de Jack Wolfskin.
En su página web ni siquiera pueden confirmar que es Jack Wolfskin quien les demanda y hasta que termine el juicio no pueden seguir usando su marca (en caso de perderlo, la demanda sería aún mayor por el supuesto “perjuicio causado”).
Con todos estos referentes, y todos los casos resueltos fuera de las tribunales (vía cartas-demanda) que no han recibido publicidad, está claro que la campaña judicial de Jack Wolfskin no es un simple y puntual “error de relaciones públicas”: llevan décadas atacando sistemáticamente a todo aquél que usa algo “cercano” a su pata de lobo .
En casos como éste, merece la pena recordar la máxima que tan bien le ha servido a Google: Don’t be evil.
La campaña contra las diseñadoras de DaWanda, esa comunidad de ‘diseño indie’ que ocupa ahora mismo las páginas de los diarios alemanes, está calando profundamente en la opinión pública alemana y dejando clara la posición de Jack Wolfskin. La “simpatía” por la marca ha caído en picado en sólo una semana.
Las preguntas abiertas son muchas. Desde si es “legal” registrar aspectos de la naturaleza como las huellas de los animales a si alguien con una huella de lobo registrada tiene derecho a imponerse sobre huellas de gato o perro (o cualquier otro animal), especialmente si profesionalmente se dedican a ámbitos diferentes.
¿Cómo proteger las marcas sin crear situaciones de abuso? El sistema alemán actual, ha quedado en evidencia con sus abogados especialistas y cartas demandas abusando de un poder judicial que deja en clara desventaja (indefensión) a individuos y pequeñas empresas. El sistema legal alemán, en este aspecto, es bastante arcano y oscurantista y está tomado por un gremio corporativista muy agresivo (los “Abmahner”, abogados busca-pleitos que viven de denunciar).
La defensa legal se ha convertido en un bien de lujo sólo al alcance de una élite. La ley, en vez de proteger al individuo, se ha convertido en una herramienta de control al servicios de aquellos que pueden pagarse un buen buffet de abogados a tiempo completo.
Por otro lado, Internet y las redes sociales se han mostrado, de nuevo, como una herramienta increíblemente poderosa que las modernas relaciones públicas tienen que tener muy en cuenta.
Jack Wolfskin lo está empezando a pagar sus acciones recientes con su imagen pública: de empresa “verde”, “alemana” y “cool” ha pasado a ser “el lobo malo que ataca a las caperucitas rojas”.
Veremos qué sucede en los próximos días: el fin de semana suele ser el momento de las columnas y los análisis en profundidad en los grandes medios; también es el momento en el que la gente lee más prensa.




