Jack Wolfskin o cómo ‘cagarla’ con tus relaciones públicas (y V)

27 October, 2009 (16:47) | Xanfarin.com | By Xan

Jack Wolfskin se retira del caso de “las diez de DaWanda”.

Las “diez de Dawanda” son amas de casa y universitarias alemanas que en su tiempo libre, como hobby, creaban productos artesanales que luego ponían a la venta en una red social con soporte para ‘tiendas online’ (una mezcla entre Facebook y eBay). Su “crimen”: incluir en sus diseños un motivo de ‘patas de gato’ que Jack Wolfskin, cuya marca es una ‘pata de lobo’, consideró “ilegal”.

El goteo incesante de cartas-demanda, acompañadas de ‘indemnizaciones’ (para cubrir los ‘gastos judiciales’) en torno a los 900€, se detuvo la semana pasada: 10 cartas-demanda enviadas en total. DaWanda había recibido un listado de unas 60 tiendas que supuestamente conculcaban el derecho corporativo de Jack Wolfskin.
Se estima que había más de cuarenta cartas esperando a ser enviadas: el envio “en secuencia” evitaba que las demandas pudiesen establecer “defensas comunes” (sólo hay dos semanas para aceptar las condiciones de las cartas o ir a juicio) y aumentaba el miedo y la incertidumbre entre los demás vendedores (buscaban un “efecto dominó”)

Del foro de DaWanda y los blogs personales de los vendedores la noticia pasó a varios blogs profesionales sobre publicidad y relaciones públicas de influencia nacional. La información empezaba a “aflorar” y cruzaba fronteras (llegó rápidamente a Suiza y Austria). Miles de cartas a periódicos, distribuidores comerciales, etc. lograron el siguiente paso: la prensa online hizo eco de los blogs: las nefastas relaciones públicas de Jack Wolfskin eran la comidilla de Alemania.

Todos los trapos suciosde Jack Wolfskin, presentes y pasados,  salían a la luz: su producción en Tailandia, Vietnam y Brasil en condiciones de explotación, la destrucción de parajes naturales únicos para construir sus centros logísticos… y todos los juicios que desde hace décadas libra como herramienta para imponer su “marca”.

El daño a la imagen de la empresa es sencillamente increíble: su máscara, una mezcla de producto “ecológico”, “made in Germany”, “amigable”, ha caído. Si Google y sus búsquedas sirven como referencia, su imagen pública está por los suelos.

El artículo sobre Jack Wolfskin y DaWanda publicado por Spiegel Online se convirtió en un ‘pequeño foro’ con más de mil comentarios. La prensa escrita y la televisión se ocuparon del tema durante el pasado fin de semana con un anuncio: Jack Wolfskin hacía público su deseo de no seguir con las demandas en DaWanda.

¿Batalla ganada?

Las “diez de DaWanda” no tendrán que pagar la ‘indemnización’ ni tendrán que ir a juicio, pero Jack Wolfskin les prohibe (¿la autoridad de la amenaza?) volver a vender cualquier producto similar a los denunciados (cualquier cosa que incluya huellas de gato).

Las noches sin dormir y los costes judiciales hasta la fecha se diluyen mezclados con el alivio de la retirada de las demandas. Jack Wolfskin se retira de esta batalla… pero sigue con todas las demás: contra Kelme, contra Bearwear, contra la ciudad de Nienborg, etc.

La campaña contra Jack Wolfskin también sigue, igual que el boicot de facto: las miles (cientos de miles) de personas que han seguido el caso es improbable  que vuelvan a comprar productos de Jack Wolfskin; el boca a boca sigue funcionando y sólo las cuentas anuales de la empresa podrán evaluar el daño a la marca y a su balance anual de ventas.

Dejar en paz a “las diez de DaWanda” sólo tenía como finalidad sacar la marca de las noticias y “enfriar” el debate. Para Jack Wolskin es sólo una batalla perdida, su ‘guerra comercial’ (en los tribunales) contra los usuarios de patas de cuadrúpedo depredador no se ha detenido.

Las “diez de DaWanda” pueden volver a dormir tranquilas. A nivel individual, éso es una gran victoria.

Epílogo

La Chica de la Habitación Naranja cerró su tienda en DaWanda y dudo que la vuelva a abrir: sencillamente, ya no es divertido.

Todos sus productos y sus futuros diseños (nunca se planteó abandonar su hobby) se distribuirán en las redes alemanas de “intercambio”. Redes sociales que no usan dinero sino trueque de productos. El caso de las diez de Dawanda ha servido para poner en contacto y unir a un floreciente gremio de diseñadores indie.

Hace unos días recibimos una caja llena con botellas de “bayleys”, licor de café, licor de nueces y fresas maceradas en vino tinto: todo “casero”, producido artesanalmente por una chica bávara (Baviera) que vive en una granja en medio de “la pampa”. Formaban parte de uno de estos intercambios. La calidad es, por supuesto, superior a la de cualquier producto comercial y los productos utilizados provienen exclusivamente de esta granja.  Personalmente, no puedo estar más encantado :)

Este cuento tiene un final agri-dulce, pero así es la vida: los finales 100% felices pertenecen exclusivamente al ámbito de los cuentos para niños.

En cualquier caso, brindaré con licor de nueces casero por el final de esta historia. Va por ustedes: Prost!