Video-bici-policias en Münster
Münster se ganó su título como “Ciudad de las Bicis” a pulso: 500.000 bicicletas en una ciudad de 270.000 habitantes (de los cuales, unos 40.000 son estudiantes universitarios). Que haya más bicicletas que habitantes se explica porque casi todo el mundo tiene su bici ‘trotera’ para el día a día (vieja y destartalada que no importa tanto si te rompen o roban) y ‘la buena’ para las excursiones/vacaciones. También hay un parking bastante grande bicicletas sin dueños abandonadas por generaciones de estudiantes… aunque los ladrones de bicicletas ya se encargan de “limpiar” la ciudad.
El transporte en bicicleta supera con creces el tráfico rodado (público o privado) y está apoyado por (1) una efectiva y extensa red de bicicarriles que asegura que todas las calles (aceras) de la ciudad tienen sus bici-carril; (2) una normativa vial muy estricta que ‘favorece’ a las bicis sobre otros medios de transporte; (y 3) la propia gente de Münster y su idiosincrasia pro-bicicleta.
Las multas son uno de los motivos por los que en Münster todo el mundo se comporta mejor en la calle: 10€ ir en dirección (sentido) prohibida o por zonas específicamente peatonales, por ir sin luz/luces de noche, conducir sin manos o con la bolsa de la compra en una de ellas, ir escuchando música con cascos, etc. En caso de saltarte un semáforo en rojo, un stop o un ceda el paso pasamos a palabras mayores: 100€ y puntos del carnet en caso de ser conductor.
Desde el inicio de este año académico se ha constatado una “merma” en la educación vial y responsabilidad ciudadana de los jóvenes. Algunos sociólogos lo están achacando al culto al “yo”: un egocentrismo vital que afecta a pautas de comportamiento social como la manera en la que la gente usa sus bicicletas y se comporta en público.
Ego o no ego, la realidad es que los accidentes han aumentado dramáticamente y es habitual ver a grupos de “Erstis” (estudiantes del primer semestre, ‘Das erste Semester’) haciendo “virguerías” con sus bicicletas: cruces de carreteras suicidas, saltarse semáforos, ir en sentido contrario (con peatones y bicis compartiendo aceras, esto es realmente peligroso), etc.
Los fines de semana, con el consumo de alcohol la situación empeora muchísimo. Una nueva moda consistente en tirar botellas de cerveza en los bici-carriles (llenándoles de vidrios rotos) están haciendo las delicias de las tiendas de reparaciones. Demasiado caos.
Por todo ello tendremos en breve una nueva figura en las calles: los ‘video-bici-policias‘ que con sus bicicletas equipadas con cámaras de vigilancia se dedicarán a patrullar las zonas más conflictivas grabando conductas asociales y poniendo multas a diestro y siniestro. Multas cuya cuantía será superior a las normales porque al estar grabadas en vídeo no permitirán “mano blanda” o subjetividades.
¿Aprende la gente a base de multas? La realidad es que sí: tras un par de semestres y algunas multas, el estudiante visitante medio suele aprender a “comportarse”. El efecto “disuasor” es evidente: bien por experiencia personal o grupal las multas vuelven más conscientes a los ciclistas novatos.
Aunque los excesos dan un poco de miedo: ayer el Bild am Sonntag de Gießen, públicaba una sentencia que condena a un joven a no usar su bicleta durante 15 años.
La policia lo detuvo totalmente borracho, andando en bici (tras unos años residiendo en Alemania es una habilidad que puede llegar a aprenderse). Inicialmente la multa fue de 500€, tras lo cual se añadio una peritación judicial sobre el estado mental del sujeto porque las autoridades locales consideraron que hay que estar muy mal de la cabeza para ir tan borracho en bici poniendo en riesgo tu vida y la de los demás… ésto hubiese sumado otros 500€ en costas. El joven, un universitario sin muchos recursos, se negó. La condena ha sido aún peor por su “falta de buena voluntad”.
15 años sin poder usar una bicicleta o cualquier cosa con pedales. Éso sí, le permiten montar a caballo.

