Mi vida en el suelo

5 March, 2010 (18:49) | Personal | By Xan

Toda mi vida reciente – los últimos seis años – está esparcida por el suelo.

Estoy decidiendo qué se queda, qué se va a La Comarca a sumarse a la menguante montaña de cajas que es mi vida pasada (cada visita aprovecho para filtra y tirar a la basura más y más cosas). Ysobre todo, qué se queda.

Uno de los recuerdos más – relativamente- traumáticos que tengo está vinculado a tirar a la basura la vida de una persona. Era un estudiante indonesio que tras residir media docena de años en Alemania (supongo que con un kit de beca para alemán + carrera) dejó todas sus cosas en el ‘cuarto de los trastos’ de mis chicas de Hong Kong. Tras casi un año sin dar señales de vida y con nuestro máster a punto de terminar fue imposible (1) localizar a la persona – o amigos/familiares – y (2)  nadie se quiso hacer cargo de sus cosas (nadie es Nadie: llamamos a muchísimas puertas, personales y oficiales; hasta para donar sus pusieron pegas). Toda su vida terminó desglosada en función de categorías de gradabilidad. Los títulos académicos, certificados, álbumes de fotos (muchísimas polaroid)  se convirtieron en simple papel. Polvo eres… vésase Génesis 3:19

Vuelvo a Alemania en Septiembre, así que dejo lo mínimo de ropa, libros y electrónica. La Chica de la Habitación Naranja se queda mis muebles – incluyendo mi alabarda -  y mi ‘participación’ de la casa.

Dejo el kajak, la mountain-bike y los patines para usarlos a la vuelta.

Pondré mi arco a la venta en un par de semanas. En cuanto recupere la suficiente forma física para tensarlo sin arriegarme a una contractura me daré un ‘atracón’.  Me encanta mi arco, pero en cuanto me dé de baja del club ya no podré usarlo más (cuestión de licencias, seguro de daños a terceros y uso de armas – es un arco de caza – en espacio público).

La idea es sencilla: Dejar lo suficiente para tener un ancla en Münster, pero que sea un ancla de hierro y no de oro. Y que esté sujeto por una cuerda y no una cadena.

Me gustaría poder decir que con el paso del tiempo el desapego por las cosas materiales va en aumento. No es así. Cada billete de avión, foto, souvenir, basura acumulada actúa como un alfiler que mantiene sujeto un recuerdo en mi memoria. Quitar esos alfileres conlleva que muchos de esos recuerdos se pierdan. Quizá no ahora, pero sí en el futuro. Basta con abrir cualquier de las cajas acumuladas en La Comarca para constatar este hecho.

Por otro lado todas esas “posesiones” atan al pasado. A los recuerdos. Al aquí y al ayer. Y yo necesito contruir un mañana en otro sitio.