Historia de una ida

18 April, 2010 (02:19) | Viajes | By Xan

Todo empezó en Dubai.
5:20AM, 28º. Una festividad musulmana y las semanales obras del metro me privaron de escribir el primer post de mi viaje desde el edificio más alto del mundo: la Burj Khalifa.
Dubai, la ciudad abierta por obras.
Calor sofocante. Rascacielos en obras por doquier (diría que muchas obras abandonadas). Llamadas a rezar. Salas de oraciones en todos los edificios. Espacios sólo ocupados por la arena entre los edificios. Jardines. Agua rociada para contener el polvo.
Dubai es una ciudad construída al revés. Normalmente la gente llega -o nace- y las ciudades crecen. Dubai es una trampa: creas el espacio, llenas el aire con las llamadas de sirena  de lujo y el esplendor y pones queso. Los ratones -ylas ratas- acabarán llegando. El problema parece ser que se acabó el queso.
Por doquier los rascacielos a medio terminar llenan las calles. La burbuja económica explotó con la crisis mundial y está por ver si todos sus proyectos prodigiosos -sus islas artificiales habitadas por ricos y famosos- seguirán existiendo.
Algunos datos útiles:
- No necesitas visado para hacer turismo. Si entre vuelo y vuelo tienes unas horas -yo lo ajusté para tener 18h- puedes salir del aeropuerto y visitar la ciudad. Reserva tiempo para los trámites de entrada y salida.
- El metro va y vuelve desde la Terminal 3, es rápido, efectivo muy barato y llega a muchos puntos de interés.
- Autobuses, lentos y baratos. Salen de la terminal 1, puedes llegar y volver de la terminal 3 usando un suttle-bus gratuíto. Necesitas una tarjeta de transporte -20 dirhams- que se compra en la terminal 1 (maquina roja).
- La tarjeta de transporte se usa -se pasa por el lector- al entrar y al SALIR. Si olvidamos alguno de los pasos, la habremos liado parda.
- Como en muchas grandes ciudades con climas extremos la vida sucede “debajo” o mejor dicho “dentro”. Pasear es de turistas. Si no hay aire acondicionado no está civilizado.
- Hay muchos inmigrantes de la India así que hasta los barrenderos hablarán mejor inglés mejor que tú: no dudes en preguntar.
- Los precios son más caros -tecnología y ropa deportiva- que ‘en casa’. No esperes chollos: a Dubai se va a ser ‘impresionado’ no a por gangas.
- La ciudad de noche parece sacada de un cuento de hadas.
En caso de pocas horas recomiendo ir directo al Dubai Mall e intentar subir a la torre. Los tickests son limitados (100D) y asegurar (en función del aforo) la visita cuesta 400D. El centro comercial es fabuloso. Si hay mas tiempo, la zona ‘vieja’ con sus zocos es muy aconsejable. Sin coche, la ciudad no es amigable: las obras hacen muy difícil pasear (cuando no imposible).
La visita a los baños de hombres -incluso los más exquisitos- puede llegar a revolverte el estómago en algunos casos. La cultura de algunos usuarios en lo referente a abluciones es bastante medieval. Es normal ver a hombres talluditos vaciar las fosas nasales estruendòsamente en el lavabo contiguo o carraspear buscando restos de su primera papilla -aparentemente con bastante éxito- antes de escupirlos a tu lado.
Aunque la mayoría de los omnipresentes salas de rezo cuentan con zona de ablución, será normal ver a gente usar los baños públicos.
Hay fuentes de agua potable en todos los edificios: Evítalas. Muchos visitantes de lejanos desiertos no saben usarlas y meten el grifo entero en sus bocas como si mamasen el néctar de sus madres. 100% de opciones de restos de baba y tropezones de la última comida asegurados.
Una instructiva mezcla de pobreza y lujos decadentes que hacen al menos una visita totalmente necesaria.
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Para variar casi pierdo mi vuelo: un intento de suicidio a los 20″ de montar en tren. Al menos volé antes de la erupción del volcán: hice mi seguro fuera de la covertura -un mes de antelación- de cancelación de viaje.
Los vuelos son cortos -unas 6 horas- pero hay que sumar el desfase horario: 6 horas de avión más 2 ó 3 añadidas al reloj. Para cuando llegué a Bangkok -desde donde estoy posteando- el desfase era de 7h30′ y había dormido cinco horas en  tres días.
Mi primer vuelo -Emirates- fue duro (aburrido) porque el software multimedia era paleolítico y el cine ‘cerraba’ a la hora de dormir. Además, mi compañero de vuelo apestaba a curry. Aún dudo si lo que me saco del sueño un par de veces fue su halitosis o ventosidades.
Con las prisas de siempre cometí algunos errores básicos: llevar la bolsa de recargadores conmigo (al menos tres kilos de material eléctrico) y no llevar una muda de camiseta y calcetines. Tras un par de kilómetros andando por las calles de Dubai empecé a odiar los cargadores aún más que antes, mi camiseta empezó a acumular sal y mis calcetines arena.
Fue gran inicio de viaje.