Desde Bangkok: Camisas Rojas
Pensaba olvidarme de los Camisas Rojas durante una temporada –al menos unos días- pero dado que se dedican a sabotear todos mis planes (los mios y los de varios millones de personas más) no me queda más remedio que volver a ellos.
Escribo desde el mirador del edificio más alto de Tailandia: las vistas son increíbles en muchos aspectos.
Bangkok es una ciudad Enorme. Llevo 45’ dado vueltas en 360º y los edificios llegan hasta el horizonte mire donde se mire. Helipuertos, minigolfs y piscinas en muchas azoteas. Entre ellas, a nivel de calle, suburbios, miniculturas, cápsulas del tiempo que encierran un Bangkok –para bien y para mal- en vías de extinción. Hay pocas ciudades tan complejas como ésta.
Ahora mismo tengo un plano aéreo perfecto de la zona ocupada por los Camisas Rojas. Es básicamente un cruce de calles. A ‘ojo de halcón’ diría que tienen unos cinco kilómetros de calle controlados. Aprovechan las zonas bajo los raíles del Sky Train para parapetarse del sol –y en la época del año que se avecina, de la lluvia-.
Llevan desde primeros de Abril ocupando esta zona. Cuando yo llegué el paso estaba controlado por gentes -a veces adolescentes- con walky talkies, desde hace unos días hay barricadas construidas con estacas de bambú afiladas y neumáticos (listos para arder).
La zona de los mítines está cubierta con red para proteger del sol -40º abrasa cráneos- y que los helicópteros que sobre vuelan la zona no puedan grabar a los asistentes (hay bastante paranoia con ello: la gente tiene miedo a ser identificada y perseguida).
Cada vez hay más gente en la calle y dudo que la tendencia vaya a remitir. Son como una ciudad dentro de la ciudad.
Todo está cada vez más y mejor organizado. Las cocinas funcionan 24×7 y se están esmerando en mantener limpias las calles (el volumen de basura-plástico producido es sorprendente). La gente tiene la moral muy alta y hay muy buen rollo por las calles. Durante el día hay organización y ‘vida política’, por la tarde todo se convierte en un mercado nocturno donde comer, hacer compras y disfrutar de la noche… y más mitines (retrasmitidos por megafonía y televisión). [Hay hasta zona para periodistas] Podría hablarse de ambiente festivo.
Desconozco datos sobre el daño económico que está causando esta ocupación, pero afecta a los principales centros comerciales: las joyas de la corona recién construidas o/y remodeladas: Siam Paragon & Cia y Central World y alrededores.
En mi camino a la embajada de Laos me encontré con los soldados que ayer aún guardaban posiciones: habían dormido en las calles, centros comerciales y pasajes del Sky Train. Las caras de agotamiento y restos de sal de sudor en los uniformes reflejaban lo duro de su tarea.
Hoy había muchos más: llevas flores junto a sus armas y siguen siendo muy amigables con la gente local y los turistas. Su relaciones públicas sigue mereciendo su sueldo: todo el tiempo recuerdan que son parte del pueblo y que están para proteger al pueblo… aunque sea de sí mismo.
Los camisas rojas piden elecciones. Nada más y nada menos. El gobierno se niega a fijar un plazo hasta que no termine el ‘chantaje’. Los Camisas Rojas prometen no retirarse hasta que no haya plazo. Ambas fuerzas están enrocadas pero la factura –desgaste- la está pagando el gobierno: una parte pide que actúe con dureza, otra que fije el plazo. La mayoría quiere una solución pacífica. Todos están descontentos: la crítica mayoritaria es que se habla mucho pero se hace poco. El problema principal del gobierno es que la agenda la determinan los Camisas Rojas. La de éstos, que si dan un paso en falso van a aplicarles política anti-terrorista… (= la justicia mirará para otro lado mientras rueden las cabezas).
Mis ojitos han visto las armas de asalto de las fuerzas especiales y han escuchado las noticias en las que se avisa que el ejército tiene órdenes de usar la fuerza necesaria para conseguir lo que sea que le pida.
También han visto como se afilaban las estacas de bambú y los más ultras de los Camisas Rojas se preparaban para una batalla.
En los puestos ya pueden comprarse tasers, armas blancas de todo tipo, máscaras de gas y gafas protectoras contra gases (usualmente todo esto se puede comprar siempre en los mercadillos de Bangkok: en Chinatown tienen aún más parafernalia militar). El portavoz del gobierno afirmó que tienen datos de armas de fabricación casera como ‘bombas de ácido’ (asumo que serán cócteles molotov con ácido de baterías añadido o alguna bomba casera que supondrá más riesgo para quien la porta que para quien se destina…) y porras con clavos (sic; la gente puede ser muy básica/bestia llegados a cierto punto).
Complicado. Todo es muy complicado. Y ‘hierve’.
La falta de elecciones dice mucho del talante democrático del gobierno: su poder se basa en un golpe de estado de facto en el que se mantiene a la monarquía: El pueblo no tiene ni voz ni voto, al menos por ahora.
Para mucha gente los Camisas Rojas, aunque receptores de mayor o menor simpatías no hacen sino empeorar la situación dando alas al gobierno para que mantenga un estado de excepción indefinido.
Toda la situación es tan extrema que el error más simple puede terminar en un baño de sangre. Los dos bandos están separados por una carretera: balas contra palos. Miles contra cientos…
Desde Bangkok, Xanfarin.
[En cuanto logre una versión operativa de photoshop subiré fotos]
